Los árboles y el bosque

El verdadero problema que subyace en hechos tan deleznables como el de 'La Manada', y que no es el único, es la banalización del sexo y el afán de notoriedad redes sociales mediante

MARÍA TERESA BAZO

El juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Navarra a los individuos que en manada se dirigieron a los Sanfermines en 2016 en busca de caza, según se publicó que tenían entre sus propósitos, y cuya sentencia sobre sus desmanes acaba de publicarse, ha provocado una serie de reacciones sociales como no suele ser habitual. Se sabe que muchas personas acceden a la carrera de Derecho, pero parece que en este país todo el mundo es versado en leyes. En una sociedad democrática todo el mundo tiene derecho a opinar, y aunque no todas las opiniones tienen el mismo valor pues no puede compararse el saber experto con el de un lego en la materia, parece sin embargo que merecen ser escuchas las voces de quienes han leído o analizado el asunto y reflexionado sobre ello argumentando luego de manera racional. Las masas en la calle pueden suponer también, como en un grupo, una presión psicológica, una acción grupal de acoso que podría inducir, en el caso que ocupa todos los titulares, a intentar imponer por la fuerza de la masa una sentencia a los jueces que representan la institución de la Justicia, y cuyas funciones en tal sentido ejercen de manera legítima. Otra cosa es que ante ello los jueces pudieran renunciar a sentenciar lo que considerasen justo según su saber y entender ante presiones de nadie, porque eso sería muy grave. Pero el hecho de que se visualice en los medios el desacuerdo sobre algo puede también constituir una manera de resaltar la existencia de un problema social serio y/o hacer reflexionar sobre ciertos cambios en algo que resulta anacrónico en un momento dado. Como puede ser una ley o una norma.

Pero no es todo eso el objeto de mi reflexión, puesto que los comentarios y análisis siguen y seguirán. Me preocupa lo que entiendo que es el verdadero problema que subyace en hechos tan deleznables como los ocurridos en el caso juzgado, y que no es el único, y es la banalización del sexo y el afán de notoriedad redes sociales mediante. Vivimos en un mundo donde internet forma parte de nuestras vidas, en algunos casos incluso constituyendo la única vida. El acceso a internet en casi todo el mundo alcanza casi todos los aspectos de la vida, laboral, familiar, de ocio. Ser un 'manitas' en el manejo de las nuevas tecnologías no implica, como se observa cada día, que se posea un conocimiento que lleva a un mayor desarrollo intelectual y humano. Internet está llevándonos a comprender la dimensión cuasi infinita de la estupidez humana, como nunca lo hubiéramos llegado a conocer. En general y seguramente en toda la historia de la humanidad, quien comete un delito o atenta contra las normas que se considera deben regir una comunidad, ha procurado y procura que no se conozca el hecho por la autoridad competente en perseguir esos hechos, policía o jefes de la tribu. Excepto por razones psicológicas, políticas o de otra índole, que el infractor quiera que su autoría debe ser conocida. Resulta incomprensible por tanto que quienes conducen a mayor velocidad que la permitida, o algunos cuando comenten un hurto, o vejan, abusan y violan a una mujer, publiquen a los cuatro vientos de las redes esos hechos a cara descubierta, entre risas y comentarios jocosos muchas veces. ¿Acaso no temen el castigo? Puede que lo minusvaloren o lo consideren una probabilidad muy lejana, o en ese momento tienen obnubilada la mente vaya usted a saber con qué, o simple y llanamente lo publicitan porque lo consideran un logro, una victoria, un hecho relevante en su biografía (generalmente masculina) que debe ser conocido para serles reconocido: «¡Me gusta!»

Es lo que considero que constituye el meollo, la razón medular por la que tipejos que en manada tienen por entretenimiento y fiesta cometer actos tan deleznables como los que se han juzgado, y supongo se seguirán produciendo, y juzgando. La trivialización del sexo reducido a solo diversión egoísta a la que se tiene derecho sí o sí, con el correlato de la consideración de la mujer como objeto disponible para sus caprichos. Disponible y dispuesta, normal. Educadores y otros profesionales están llamando la atención desde hace tiempo sobre algo que no se esperaba: que después de una Ley de Violencia de Género con los procedimientos policiales, judiciales, educacionales que conlleva, cuando parecía que se había tomado conciencia social contra la violencia de algunos varones hacia sus parejas, resulta que entre los jóvenes se está observando una serie de conductas de control y dominio de chicos sobre sus parejas, y que ellas consideran normales «porque me quiere». Parece que estamos peor que al principio porque la inversión en reflexiones, manifestaciones, comisiones, charlas y programas educativos, no parece haber servido para nada.

En Gran Bretaña hace un tiempo que se están estudiando las razones por las que cada vez más tempranamente los adolescentes se inician en el sexo, y una relación consistente que han encontrado es por el consumo temprano de la pornografía. Internet en la actualidad la proporciona de forma rápida accesible y barata. Quienes están más al corriente señalan que la pornografía contiene cada vez más actitudes y prácticas violentas. La pornografía aparece unida a la violencia. Cuando se trata de pedófilos especialmente los propios policías que trabajan contra esos grupos dicen sentirse devastados por las imágenes.

Habrá más causas con sus niveles de influencia en estas acciones abominables para la mayoría social de un país civilizado, pero merecería la pena ir a la raíz de las cosas, analizar estos problemas sociales que lo son, con rigor y metodología científica, sin ideologías que enturbien el análisis, sin miedos por tanto a ser tachados de algo. Si queremos que nuestros descendientes sigan mejorando las relaciones humanas en todos los ámbitos, progresando en la escala de la civilización, que implica respetar los derechos humanos.

 

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