En las antípodas de la pirotecnia lingüística

En Europa hace falta avanzar en el reconocimiento efectivo de los derechos lingüísticos, asçímcomo en la promoción de una diuversidad ionclusivay no restringida a las lenguas de Estado

PATXI BAZTARRIKAExviceconsejero de Política Lingüística

Este año se cumple el vigésimo aniversario de la Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias (CELROM), aprobada por el Consejo de Europa, lo cual invita a reflexionar sobre su contribución al objetivo de «la protección de las lenguas regionales o minoritarias históricas de Europa». Según reza el preámbulo de la CELROM, «el derecho a utilizar una lengua regional o minoritaria en la vida privada y pública constituye un derecho imprescriptible», y «la protección y el fomento de las lenguas regionales o minoritarias en los distintos países y regiones de Europa representa una contribución importante a la construcción de una Europa basada en los principios de la democracia y la diversidad cultural». Quienes casi siempre ven imposición en cualquier medida de fomento del uso del euskera, probablemente no sean conscientes de que muchas de esas medidas pertenecen a la Carta voluntariamente comprometida por el Estado.

La CELROM es un tratado internacional adoptado por el Consejo de Europa, para su aplicación por los Estados. Es una norma jurídica de obligado cumplimiento para todos los Estados que la hayan aprobado, como es el caso de España, que la aprobó y ratificó en 2001. Sin embargo, a pesar de la aprobación de la Carta por España, en la práctica, el cumplimiento de dichos compromisos lo están llevando a cabo sobre todo las instituciones autonómicas, pues muchos de los compromisos que son de la responsabilidad del Estado destacan en estos diecisiete años por su insuficiente cumplimiento, cuando no incumplimiento. En todo caso, el balance de los veinte años de la CELROM es positivo para la diversidad lingüística europea; y lo es, sin duda, para la diversidad del Estado y para el euskera, aunque su incidencia es muy desigual en los tres territorios del euskera: en la Comunidad Autónoma de Euskadi los compromisos de la Carta son aplicables en todo el territorio, mientras en Navarra el grado máximo de protección alcanza solo a la zona vascófona, siendo diferente la protección en las otras dos zonas, y en Iparralde la CELROM está «ausente», porque Francia sigue sin aprobarla.

El grado de cumplimiento de la Carta en Euskadi es muy alto, el más alto del Estado junto con Cataluña. Según los informes de evaluación del Consejo de Europa, las instituciones vascas cumplen todos los compromisos, salvo en los servicios de policía y salud, en los que, a pesar de «constatar avances», reiteran la necesidad de «continuar mejorando» para cumplir «íntegramente» lo comprometido. Sin embargo, en lo que se refiere a las instituciones del Estado, los informes de evaluación aprobados evidencian sobre todo el déficit crónico de la Justicia y de la administración periférica del estado, hasta el punto de destacar la necesidad de modificar la Ley Orgánica del Poder Judicial por considerarla «uno de los obstáculos más destacados para el cumplimiento del artículo 9 de la Carta». Asimismo, el Comité de Ministros sigue insistiendo en la necesidad de adoptar «medidas legales y prácticas para asegurar la presencia suficiente de las lenguas cooficiales en la administración del Estado en las CC. AA.», y en concreto, en Euskadi, «garantizar que un porcentaje suficiente de personal destinado en las oficinas de la Administración en el País Vasco cuenten con el dominio necesario del euskera». Pero la práctica de la Administración del Estado es bien distinta. Este mismo año ha convocado una OPE para cubrir, entre otras, 340 plazas vacantes en Euskadi. Pues bien, en ninguna de ellas se garantiza el conocimiento del euskera, a pesar de la recomendación del Consejo de Europa.

Por tanto, a la CELROM le queda camino por recorrer. En Europa hace falta avanzar en el reconocimiento efectivo de los derechos lingüísticos, así como en la promoción de una diversidad lingüística inclusiva y no restringida a las lenguas de Estado. Para tal fin, es preciso que las instituciones de la UE asuman como propia dicha tarea y articulen políticas lingüísticas transestatales y paneuropeas, dejando de considerar la cuestión lingüística como simple cuestión doméstica de cada Estado. La CELROM es hoy el mejor instrumento de referencia para ello. Así pues, esta es una buena oportunidad para volver a plantear la necesidad de que las instituciones centrales del Estado -Gobierno, Administración de Justicia, instituciones legislativas, Administración General del Estado- reconozcan en sus ámbitos con todas las consecuencias el Estado español como lo que es: un Estado plurilingüe, en el que además del castellano, existen otras lenguas constitucionales.

La CELROM está en las antípodas de los episodios de pirotecnia lingüística que se están produciendo en diversos puntos de la geografía del Estado español. Valga como ejemplo el más cercano que recuerdo. Me refiero a la frase «el euskera no es idioma de Navarra», pronunciada por Pablo Casado. Una frase hiriente para miles de navarras y navarros. En mi opinión, es obligación de todo responsable político contribuir a la articulación de una convivencia armoniosa, por encima de las legítimas aspiraciones políticas de cada cual. La diversidad lingüística -que, en realidad, es diversidad humana y social- en general, y el euskera y nuestra convivencia lingüística en particular, requieren mucha Política con mayúsculas: política al servicio de la convivencia lingüística, que es exactamente lo contrario de hacer política con las lenguas al servicio de intereses partidarios.

Claro que lo más fácil en un tema tan sensible como el de las lenguas no es respetar y atemperar, sino atizar y excitar las más perversas pasiones. Es más fácil actuar de pirómano que de bombero. Pues bien, frente al vergonzante empeño de algunos por negar la lingua navarrorum, yo me quedo con la actitud valiente e integradora que demostró Mitxelena cuando dijo: «erdera ere hemengoa da». Me quedo con la diversidad de la CELROM, que, por cierto, reconoce expresamente el euskera como lengua de Navarra.

 

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