Los aliados se inquietan
Los socios de Sánchez hacen sus cálculos: apoyar al PSOE les desgasta pero romper y abrir el paso a una mayoría PP-Vox tiene un coste mayor
El ingreso de José Luis Ábalos y Koldo García en prisión, acusados de graves delitos de corrupción, marca un gráfico cambio de rasante en la ... legislatura que ilustra la enorme fragilidad de Pedro Sánchez. El momento es de máxima polarización y pone también de manifiesto las arenas movedizas que atrapan a sus aliados. El anticipo de todo esto ya lo ha mostrado la reciente ruptura de Junts con el Ejecutivo. El dilema de los socios es profundo. Sostener a un Gobierno en caída tiene un coste, pero romper con él también. La tensión entre estas dos alternativas somete al electorado a una continua ducha escocesa. De un lado, los casos de corrupción que cercan al Gobierno y que han desbaratado el espíritu regeneracionista con el que Sánchez llegó a La Moncloa precisamente tras una sentencia por la trama Gürtel, con Ábalos como principal escudero. Su entrada en prisión –un golpe moral contra el espíritu de resistencia de Sánchez– pesa en los aliados. La línea roja sigue situada en que se encuentren pruebas de financiación ilegal en el PSOE que, hasta ahora, no han aflorado. Pero, a la vez, dejar caer al presidente también tiene sus consecuencias severas.
Para Junts, el desgaste de seguir en esta alianza era superior a los riesgos de la ruptura, sobre todo con el fenómeno ultra de Aliança Catalana comiéndole terreno vertiginosamente. Una parte de sus votantes no comparte el imaginario antifascista que defiende gran parte de la izquierda. Por otra parte, ERC y Bildu tienen que gestionar sus propias contradicciones. Respaldar al Gobierno en esta tormenta de erosión les cuesta, lo admiten, pero el temor a una caída que dé paso a una mayoría PP-Vox es aún más fuerte: les horroriza. Sumar se enfrenta a un dilema existencial. Su identidad está atada a la responsabilidad institucional y a la estabilidad progresista, pero romper ahora con el Gobierno podría significar la disolución de su relato político. Podemos también atraviesa una crisis identitaria que le lleva a romper con Sánchez para evitar el naufragio definitivo, aunque suponga el hundimiento de la alternativa 'progresista'. Con la izquierda tan atomizada, PP y Vox solo tienen que esperar. El acuerdo de Valencia para relevar a Carlos Mazón es el primer acto. Su problema es que les pueda la ansiedad.
El debate en el PNV es más complejo. Se siente hace tiempo incómodo con Sánchez, y la dilación del compromiso de cumplimiento del Estatuto les irrita sobremanera. Pero sabe que el acercamiento al PP, con Vox en la recámara, puede ser letal para sus intereses en un contexto en el que EH Bildu compite con ellos por la hegemonía política en Euskadi y la alianza con los socialistas les garantiza el control institucional. En este equilibrio inestable, los socios golpean, critican, pero no derriban. La legislatura sigue viva, aunque con respiración asistida. Todos coinciden en que romper con Sánchez liberaría lastre pero estratégicamente puede resultar desastroso para sus intereses.
La hipótesis de un adelanto electoral a medio plazo, para el segundo semestre de 2026, se abre paso
La imagen de Ábalos en prisión es un duro golpe moral contra Sánchez pese a su espíritu de resistencia
En medio de este juego de tensiones surge una nueva pregunta: ¿y si Pedro Sánchez decidiera adelantar las elecciones en el segundo semestre de 2026 después de los comicios autonómicos en Extremadura, Castilla y León y Andalucía? Algunos ya manejan la hipótesis de que el presidente podría anticiparse al desgaste del PSOE y poner fin a la legislatura para evitar someter a su partido a una catástrofe en las municipales y autonómicas de 2027. No es aún una decisión tomada, pero la simple posibilidad de un adelanto electoral –aunque aún parezca remota– introduce una nueva variable que aumenta la presión sobre los socios. Un escenario así obligaría a cada partido a decidir.
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