No queremos loas innecesarias o de fácil cumplimiento. Ha muerto un obispo, un maestro, un amigo y un padre en el sentido más pleno del término, cuya palabra y espíritu, respetando nuestra libertad, ha puesto en marcha, entre otros muchos proyectos, el Secretariado Social de San Sebastián, las Semanas Sociales 'Ricardo Alberdi' y las actividades de Etikarte y Etiker. Su talla intelectual y su honestidad personal, muy por encima de prejuicios y loas interesadas, ha sido el paradigma de toda su labor personal. Todo un ejemplo.

Vejado y difamado de forma inmisericorde, y a veces grotesca, por interpretaciones interesadas y calumniosas, afirmándose incluso que había que terminar con la 'era Setién', ha permanecido siempre fiel a la verdad del Evangelio y a la defensa de los derechos humanos. Lo suyo ha sido humanizar y evangelizar, como el maestro de Nazaret, sólo que en tiempos, los nuestros, de secularización y de pluralismo ideológico y religioso. En una sociedad 'líquida', donde todo fluye y nada permanece, su magisterio, sus palabras y sus ideas han fortalecido el compromiso y la entrega de muchos militantes cristianos.

Además de su radical mirada trascendente, la exigencia pública de la fe, como elemento fundamental del cristianismo, ha sido una constante en su vida. ¡Cuántos criterios de moral pública han iluminado conflictos sociales, encuentros y procesos personales! ¡

Otros recordarán su largo magisterio en diversos aspectos de la vida. Hoy nosotros sólo queremos recordar un pequeño exponente de su mensaje y obra cuando se le acusaba de ser «amigo de los asesinos»: «La existencia de ETA es un mal para el País Vasco, incluso para buscar una justa solución al llamado conflicto vasco... ETA tiene que terminar, pero para ello no todo está justificado».

Hombre valiente y verdaderamente comprometido, tímido pero inquebrantable en sus principios, todos ellos fundamentados en el Evangelio. Su libro 'Un obispo ante ETA' da testimonio de ello. En él se señala la actuación de un hombre de fe que sufre con su pueblo, así como las bases fundamentales para la pacificación y la reconciliación que hemos necesitado y seguimos necesitando. Hombre de fe, siempre ha sido un valedor y un impulsor de la Doctrina Social de la Iglesia. ¡Cuántas veces no nos habrá animado a estudiar la Enseñanza Social de la Iglesia, para aplicarla y desarrollarla en nuestro entorno! Con todo, supo distinguir tal enseñanza de la fe de la Iglesia. Para él, la Doctrina Social de la Iglesia tiene algo particularmente válido a pesar de toda la evolución progresiva que esa doctrina ha tenido. Es la afirmación de la persona humana como fundamento de la creación de un verdadero orden social. Por encima de la Enseñanza Social de la Iglesia, lo decía privada y públicamente, está la Fe de la Iglesia. Pero, como no era un iluso, sabía reconocer la actual crisis de fe y que no todos los creyentes lo son de la misma manera: «Una palabra que puede iluminar a unos, puede escandalizar a otros». Soñaba en una Iglesia, concretada en Gipuzkoa, alrededor de la mesa, no sólo de 'celebrantes' (curas), sino de fieles al Evangelio.

Hombre de acción desde la fe, centro nuclear de su existencia, en su reflexión supo abordar problemáticas humanas y sociales de amplio espectro. Su obra escrita, con un total de más de 8.000 páginas, profundiza en diversos temas: política, paz, justicia, desde una perspectiva ética y humanismo cristiano; la Iglesia al servicio de la evangelización, así como los diferentes sujetos de ella; al servicio de la fe y la acción caritativo-social de la Comunidad Cristiana. Tal obra puede ser una base para investigaciones de su vida y obra al servicio de la justicia, la paz y la fe. Nadie es imprescindible en esta vida pero algunas personas sí son necesarias, como lo ha sido Setién en los difíciles momentos por los que ha atravesado el País Vasco y la diócesis de Donostia. No dudamos que será recordado y por muchas personas, creyentes y no creyentes. ¡ Agur, adiskide on, egun handira arte!

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