Adolfo 'Txiki' Muñoz, ELA y Euskadi

Es interesante preguntarse por qué los vascos votan moderado en las elecciones políticas y eligen la confrontación en los comicios sindicales

Adolfo 'Txiki' Muñoz, ELA y Euskadi
JOSEMARI ALEMÁN AMUNDARAIN
ANGEL TOÑA GUENAGA

Adolfo 'Txiki' Muñoz ha dejado de ser el secretario general de ELA y ha sido sustituido por Mitxel Lakuntza. Mi relación con ELA viene desde nuestros primeros comienzos profesionales. En 1978, coincidí con Jose Elorrieta en reuniones con trabajadores para asesorarles sobre la situación económica de las empresas en crisis, que no eran pocas. Tiempos de transición, también de limbo sindical. En 1988, Jose Elorrieta accedió a la secretaría general de ELA, hasta que dio paso a Txiki en 2008.

Mantuve una estrecha relación con Txiki a partir de 2003, con motivo del duro conflicto de la Residencia Ariznabarra en Vitoria. Txiki era el responsable de ELA en Alava y yo el mediador en un proceso que duró dos años. Gestionamos lo que nos fue posible y como mejor pudimos. Y fue, según creo, uno de los puntos de inflexión en los que la nueva estrategia sindical de ELA medía su fuerza.

En 2006, otro enconado conflicto, el de 'Caballito', también en Álava, volvió a testar la estrategia sindical de ELA, con una huelga interminable, en la que volví a tener relación con Txiki. Formé parte como árbitro, designado por la mayoría sindical (ELA), de un tribunal que no dio la razón al sindicato, con duras consecuencias para todos. Emití un voto particular contrario a la mayoría de sus miembros. Una vez más, la lectura externa era evidente, yo era una persona en sintonía con la posición de ELA.

Desde que Txiki asumió la secretaría general en 2008, el modelo sindical de confrontación de ELA no varía, y su posición como sindicato mayoritario se afianza, situándose en el 41,3% de representación en Euskadi, más del doble que la segunda fuerza sindical. Quizá la principal frustración de Muñoz sea la ruptura de la siempre anhelada unidad de acción con LAB, incluido el sueño de una fusión.

ELA gana en afiliación y gana en representación. Se sitúa en un espacio de confrontación, de contrapoder, de izquierda soberanista, «de un auténtico soberanismo social que haga suyas las aspiraciones e intereses de las mayorías sociales precarizadas y empobrecidas», señalando «que no hay solución para nuestros problemas sociales y medioambientales solo de la mano de los partidos y las instituciones», superando a EH Bildu en este espacio. En lo sindical, este discurso es claramente mayoritario. No lo es en el político, donde la centralidad moderada siempre ha ganado las elecciones en Euskadi.

Es interesante preguntarse por esta suerte de «disociación mental» del ciudadano vasco, que vota mayoritariamente moderado en las elecciones políticas y mayoritariamente a modelos de confrontación en las elecciones sindicales. Soy un osado al adentrarme en esta reflexión, y más si trato de buscarle una explicación. En lo político parece que priman el ideario, las convicciones y unas ciertas raigambres sociales y culturales. En el centro de trabajo, quizá sea el interés por la mejor defensa de los intereses particulares y colectivos. Y la fuerza de la caja de resistencia de ELA es muy importante para mantener abiertas las huelgas en el tiempo. He dicho osado y sí, soy un atrevido que sólo trata de provocar la reflexión, no de adivinar, ni tampoco de influir. Pero creo que es una cuestión que merece la pena que, con rigor, se analice.

Mi paso por el Gobierno Vasco como consejero de Empleo y Políticas Sociales (2015/2016) supuso una inflexión, a peor, en mi relación con ELA y con Txiki Muñoz. Quizás, a primera vista, yo era una persona indicada para mejorar la relación del sindicato con las instituciones, pero no lo fui. No sólo se frustró esa posibilidad, sino que quizá se agudizó más que nunca. Ocurre a veces que quien más cerca parece estar, más daño hace. Sin quererlo, no entro a valorar intenciones, ni hacer juicios de valor.

Quedó claro que cada uno, desde nuestras posiciones formales, no podíamos dar pasos en común, así que la ruptura llegó hasta pedir mi dimisión y manifestarse contra el gobierno en plena campaña electoral. Asumo mi parte de responsabilidad. No renuncio a recuperar, al menos, el contacto personal. Mi forma de ser siempre me lleva a tratar de restaurar relaciones dañadas.

En el gobierno no tuve dudas en manifestar mi discrepancia con sus posiciones. Podía comprender los motivos para defender su posición de confrontación, contra el triunfo del liberalismo duro. Pero en una sociedad estructurada, no podemos defender nuestras posiciones sólo con motivos. No es suficiente una lectura de la situación, concluyendo que es muy negativa para buena parte de nuestra sociedad. Transformar una sociedad exige conocer también los límites de lo que es posible cambiar en cada momento histórico, exige tener ideales y ser realista con las circunstancias. Si algo hemos aprendido en la vida es que no todo lo que es deseable, es posible, porque, además, no todos coincidimos en el análisis.

Pero los puntos de encuentro deben seguir entreabiertos. Los empresarios, el gobierno y los sindicatos, también ELA, tienen un recorrido que es posible hacerlo juntos. Mantengo la disposición de seguir dando una oportunidad al entendimiento entre diferentes. Nadie estamos en posesión de la verdad, y la sociedad vasca ha aprendido bastantes lecciones en estos asuntos. Todos somos necesarios, todos, desde nuestra diversidad. Que la vida te dé felicidad Txiki. Bienvenido Mitxel.