Acoso sexual: lapidaciones simbólicas

Acoso sexual: lapidaciones simbólicas
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ROSARIO MOREJÓN SABIODOCTORA EN PSICOLOGÍA

El tiempo de la justicia no es el de las redes sociales. Hace unos días conocimos dos sentencias de acoso sexual hacia la mujer con resoluciones opuestas. En España, Teresa Rodríguez, secretaria general de Podemos Andalucía, ha visto resarcidos sus derechos; en Francia, la periodista Sandra Muller, creadora de #BalanceTonPorc (#delataatucerdo, el #metoo francés) ha sido condenada por difamación ante el Tribunal Supremo de París debiendo indemnizar a su supuesto 'cerdo' y denunciante, Eric Brion, al que delató públicamente en Twitter en octubre de 2017. En un clima social en que las redes y ciertos medios sirven de instrumentos de delación, las actuaciones de la justicia propias de un Estado de Derecho merecen nuestro reconocimiento.

Jueces y fiscales se afanan en separar lo verdadero de lo falso, en no dejarse arrastrar por las lógicas del resentimiento y el ajuste de cuentas. La ola de testimonios y de denuncias presentadas a partir del movimiento #metoo en 2017 no atienden siempre a la liberación de la palabra y a una toma de conciencia acerca de las violencias sexuales ejercidas sobre las mujeres. El incidente padecido por Rodríguez en la Navidad de 2016 por parte del empresario Manuel Muñoz Medina ha sido descrito minuciosamente quedando acreditado el estupor padecido por la víctima: la señora Rodríguez quedó tan bloqueada que no pudo reaccionar ni física ni mentalmente. Parece que abalanzarse súbitamente sobre otra persona, acorralarla contra la pared y simular besarla en la boca sin mediar consentimiento alguno son conductas acreditadas como abuso sexual merecedoras de sanción.

La Audiencia de Sevilla considera que se trata de una infracción 'leve' por lo que impone al abrupto admirador una multa de 13.800 euros y una indemnización de 2.500 euros para la política gaditana. No consta que la dirigente andaluza haya hecho negocio de su pleito; se ha limitado a reiterar ante los medios la necesidad de dar ejemplo de lucha ante cualquier forma de intromisión sexual o moral contra una mujer. Insta a seguir su iniciativa de defensa.

El curso de los acontecimientos en la corte de París coincide en la frialdad con que sus señorías han retomado los hechos. Para emitir su veredicto, los jueces se han preguntado: ¿fue Muller acosada por Brion, tal como ella dejaba entender en su tuit? El acoso, recuerda el tribunal francés, es «un hecho preciso» que consiste de forma repetida en «imponer o someter a una persona intenciones, deseos o comportamientos de connotación sexual» o bien obtener «un acto de naturaleza sexual». Circunstancias éstas que el acusado no llegó nunca a realizar. La periodista debe indemnizar a su falso atacante con 20.000 euros en concepto de daños, intereses y gastos de abogados. Deberá igualmente suprimir su célebre tuit: «'Tienes unos pechos enormes. Eres mi tipo de mujer. Te voy a hacer disfrutar toda la noche'. Eric Brion exdirector de Equidia #balancetonporc». Además, Muller debe difundir la condena en las principales publicaciones, con un límite de 4.000 euros de gastos.

El fin perseguido por Rodríguez de confiar en la justicia y de denunciar por el bien general unas evidencias objetivadas no vale para la francesa. En este caso, el tribunal ha estimado que Muller no se expresaba como periodista o referente social sino que «relataba públicamente su experiencia personal». No debió, según el tribunal, denunciar sin pruebas unas «acusaciones tan graves», que han expuesto a Brion a «la reprobación social». En Facebook, el antiguo jefe de la revista 'Equidia' se dice «liberado». «Esto pone fin a dos años de infierno y depresión».

La periodista francesa en su obra #Balancetonporc (Flammarion, 2018) hace saber «¡que le bastan cinco minutos para lanzar un fenómeno internacional, un movimiento feminista que sacudirá la sociedad francesa y el mundo entero!» Causa estupefacción conocer la justificación con la que eligió el término 'cerdo' para su etiqueta: «por la vulgaridad. Por la ley del talión». Se define como activista y rehúsa la nominación feminista «porque ha participado en la construcción de armadas de familias monoparentales».

Muller ha apelado siempre a la cultura de la publicación en bucle de la cara del agresor y a la necesaria pérdida de puestos profesionales como sanciones a las denuncias. «Fin de la historia», dice la activista. La expresión del sufrimiento y su debida reparación no están en cuestión, pero la manera en que se presentan en el espacio público se inscribe en un nuevo ambiente del tiempo sentimental. «La expresión desenfrenada de la subjetividad doliente y la denuncia ad hominem enturbian las distinciones entre vida privada y vida pública, entre sentimientos y razón, entre venganza y justicia -precisa el sociólogo Jean-Pierre Le Goff-. En un esquema que opone un puro y duro hijo de puta a una inocente víctima, la complejidad de las relaciones afectivas, las representaciones y los mecanismos inconscientes no tienen su sitio».