6 AL 8

RAMÓN ETXEZARRETA

Son una verdad objetiva el desarrollo y progreso social que hemos trabajado y logrado en el marco legal con que nos dotamos hace cuarenta años, obligatoriamente reformable y mejorable. No hice bien votando que no en el referéndum constitucional. Navarra fue mi excusa. ¡No hay diferencia, ni nada, con la anterior cuarentena! Pero hay gente para todo. Hoy, no sé si sorprendido o airado, contemplo cómo muchos paisanos míos anteponen un paisaje lleno de esencias y destinos en lo universal a una ciudadanía activa acogida y adaptada a derechos que ni éramos capaces de imaginar. Ayer, hubo gente, y empresas, que se negaron a celebrar la conmemoración y acudieron a trabajar, en protesta de tamaña imposición, desobedeciendo festividades de carácter extranjero. Extraña cómo aquellos que no tuvieron valor para el voto negativo afirman sin el mínimo sonrojo que los vascos rechazamos la Constitución. Vuelvo a decirlo, el que suscribe dijo no, los que no lo hicieron ellos dirán, pero no fue no.

Está claro que aquí lo que nos va son las fiestas de precepto, aquellas de misa obligatoria. Comemos, bebemos y holgamos al son del santoral, de los dogmas de fe y del verbo latino eclesiástico asimilado. Es difícil entender cómo aquellos que ayer trabajaron paseen hoy por nuestras calles y montes, con indumentaria ad hoc, sin que entiendan, o sin que les importe, que se les haya impuesto la fiesta porque María, la madre del nazareno, fue concebida sin pecado original. Asunto este muy peliagudo, básicamente por razones de fisiología, más que por la razón de que sea un dogma español por excelencia.

Esos europeos que proliferan con más miramiento a las creencias que respeto a los derechos...

 

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