Con todos los sentidos, sobre todo el común

Con todos los sentidos, sobre todo el común

El continuo y terrorífico goteo de ciclistas muertos por atropellos en carretera ha destapado la evidencia de que estamos en un momento de cambio, de evolución

PEIO RUIZ CABESTANY

En tiempos en los que los camiones renqueaban en los repechos escupiendo un denso humo negro y los camioneros, amablemente, nos indicaban con el intermitente cuándo podíamos adelantarlos, en esos tiempos, los que nos colocábamos esos pantaloncitos ajustados de licra con badana protectora para salir con una bicicleta a la carretera, éramos muy pocos. Excepto algunos pocos aventureros, pioneros del cicloturismo, los demás éramos corredores y nos conocíamos todos. De la misma manera que eran pocos los que se calzaban unas zapatillas para salir a correr por las calles. Esos eran atletas. Ahora no se puede decir que los que se montan en una bicicleta sean ciclistas, ni los que se calzan unas zapatillas sean atletas. Son personas, ciudadanos que practican deporte. Y somos muchos, cada vez más. El deporte salud, deporte competición o deporte ocio, se ha instalado entre nosotros. Y no es una moda.

De la misma manera que se arreglaron carreteras y se construyeron autopistas y autovías para absorber los miles de automóviles que salían de las factorías, también se implantaron normas como el control de la velocidad, la obligatoriedad del uso del cinturón o los controles de alcoholemia. Normal, ¿no? Era una adaptación a una transformación, a una evolución o a una masificación, como lo queramos llamar. Normas que chocaban y molestaban a quienes les apretaba el cinturón, les capaba el gusto de la velocidad o les fastidiaba tener que llamar a un taxi después de una cena.

Eso sí, todos sabemos -¿lo sabemos?- que el mundo no se para hoy. Cada vez hay más coches híbridos y eléctricos, más zonas peatonales en las ciudades, más motos, mejor transporte público, más carriles-bici o más gente haciendo footing. Y, por supuesto, hay más bicicletas, muchas más bicicletas en todas sus vertientes. Personas que usan la bici para desplazarse, por ocio, para hacer deporte, para ir al monte o para salir a la carretera. Toca convivir.

El continuo y terrorífico goteo de ciclistas muertos por atropellos en carretera ha destapado la evidencia de que estamos en un momento de cambio, de evolución. Año tras año aumenta el número de hombres y mujeres que se animan a disfrutar de la bicicleta. Personas que vienen de la expansión del deporte salud, y que descubren una actividad que se practica al aire libre, que es apta para todo tipo de envergadura, condición física y que no es lesiva para las articulaciones. Toda esta gente está ocupando un espacio en el que, habitualmente, han reinado los vehículos a motor. Hemos descubierto que hay que hacer algo.

No creo que la solución sea la campaña #porunaleyjusta, entendiendo que todas las leyes deben ser justas y, en este caso, proteger tanto a ciclistas como a peatones y conductores. Ni creo en el término ciclista como clasificación excluyente, porque somos peatones y también, casi siempre, conductores. Hoy en día, todos tenemos un familiar, un vecino, un amigo o un conocido que sale a rodar en bicicleta. Y todos pensamos que puede ser uno de ellos el que vemos desde nuestro coche en la carretera y, por supuesto, deseamos que no le pase nada.

El ciclista tiene todo el derecho a ir por la carretera, de la misma manera que tiene todo el derecho a usar la carretera el conductor que va a ver un partido de fútbol, al cine o a la playa. Pero, de la misma manera que el automovilista está atento a su conducción respetando las señales, el ciclista debe hacer lo mismo, sobre todo en vías en las que hay mucho tráfico. Ya he dicho antes que el ciclista es conductor y peatón a la vez. Es muy habitual que el ciclista cenutrio sea a la vez conductor, que se cree dueño de la carretera y el peatón que acelera ante un paso de cebra para pasarlo despacito, porque yo lo valgo.

No es una novedad que haya ciclistas cenutrios, pero sí que lo es que los otros ciclistas abronquen a los que no saben comportarse. Se le critica al ciclista que se salta un semáforo o se les conmina a ponerse en fila, a los típicos dos ciclistas que suben en paralelo a dos por hora hablando, supongo, de lo felices que son de ser los dos únicos supervivientes de una hecatombe. Pero más importante que las advertencias entre los propios ciclistas, es la concienciación de muchos de ellos, y el ejemplo que dan a los demás. La concienciación de que, a pesar de que tienes el mismo derecho a circular por la vía, debes de intentar facilitar al máximo el paso de los vehículos.

El uso del casco ya se impuso hace tiempo en vías interurbanas, algo que ha salvado muchas vidas. Nos vamos adaptando a los tiempos y avanzando en normas que contemplan el momento actual y un futuro, a mi parecer, con muchas más bicicletas. Esas normas las tenemos que aprender los ciclistas y saber que, por ejemplo, podemos circular en columna de a dos, pero, «colocándose en hilera en tramos sin visibilidad, y cuando se formen aglomeraciones de tráfico».

Por supuesto también, los conductores nos debemos poner al día y saber que cuando adelantamos a peatones, animales, ciclistas o vehículos de tracción se puede pisar la raya continua, y que la separación lateral no sea inferior a un metro y medio. Pero lo más importante es que circulemos con todos los sentidos, sobre todo, el sentido común.

 

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