Unas fiestas cargadas de magia en la bahía

Mari Domingi y Olentzero a su llegada a Trintxerpe. A la derecha, los txistularis de Pasaia Musikal. Abajo, el compositor Josu Elberdin dirigiendo a los niños. / FOTOGRAFÍAS VIÑAS
Mari Domingi y Olentzero a su llegada a Trintxerpe. A la derecha, los txistularis de Pasaia Musikal. Abajo, el compositor Josu Elberdin dirigiendo a los niños. / FOTOGRAFÍAS VIÑAS

Los coros de los hogares de jubilados actuaron en la residencia de ancianos de San Pedro | Olentzero y Mari Domingi recorrieron los cuatro distritos del municipio recogiendo las cartas de última hora de centenares de niños

Elena Viñas
ELENA VIÑAS PASAIA.

La magia inundó la bahía de Pasaia en una jornada muy especial, la vivida este pasado lunes desde primeras horas de la mañana. Niños y adultos protagonizaron los diferentes actos programados en toda la localidad como preludio de la cena de Nochebuena que se celebró en todos los hogares de la población.

Los coros de los hogares de jubilados fueron los más madrugadores a la hora de contagiar la ilusión a otros mayores, los que se hallan en la residencia municipal de ancianos de San Pedro. Todos ellos se dieron cita en su salón para presenciar las actuaciones que se fueron sucediendo con un repertorio típicamente navideño conformado por villancicos y temas propios de estas fechas. Acompañando a las voces llegadas desde los cuatro distritos estuvieron músicos como José Ignacio Murua. El aplauso puso punto final al recital.

Horas más tarde, el protagonismo lo adquiría la pareja más esperada de estas fiestas. Olentzero y Mari Domingi salían a la calle dispuestos a llevar a cabo cuatro desfiles simultáneos por el centro urbano de Donibane, San Pedro, Antxo -donde también salieron al mediodía- y Trintxerpe, obligando a la Guardia municipal y a efectivos de Protección civil a intensificar su presencia en las principales calles para que no se registraran incidencias.

Los más pequeños de la casa acudieron al encuentro del carbonero y la descendiente de brujas mitológicas ansiosos por entregarles las cartas manuscritas con aquellos regalos que esperaban encontrar a la mañana siguiente bajo el árbol de Navidad.

«¿Habéis sido buenos?», preguntaba Olentzero a los niños ataviados de baserritarras que guardaban cola en la plaza Serafín Esnaola. «Sí, más o menos», confesaba uno de los chavales en un alarde de sinceridad, mientras prometía portarse «mucho mejor» el próximo año. Sus palabras parecían convencer al carbonero. Los txikis cantaron, dirigidos por Josu Elberdin, en kalejira por Trintxerpe.