De excursión a Mitxintxola

En la cima. Los participantes en la salida organizada por el Club Vasco de Camping de San Sebastián, tras completar la travesía por Jaizkibel./
En la cima. Los participantes en la salida organizada por el Club Vasco de Camping de San Sebastián, tras completar la travesía por Jaizkibel.

El Club Vasco de Camping permitió conocer la zona con una salida que unió Nordic Walking y senderismo Cerca de 80 personas recorrieron la ruta trazada por Jaizkibel desde San Juan

Elena Viñas
ELENA VIÑASPASAIA.

La larga sierra del Jaizkibel en su cordal cimero es un parapeto natural, una cortina que protege el corredor de Oarsoaldea de las nubes que llegan del océano. Así presentaba Jesús Mari Alquézar, responsable del Club Vasco de Camping, la salida organizada este domingo uniendo Nordic Walking y senderismo. Un total de 77 personas tomó parte en la travesía conocida de los torreones desde Donibane a Hondarribia, «una clásica montañera muy frecuentada a pesar de su humanización, especialmente en su cota superior, Allerru, desfigurada con abundantes antenas y otras infraestructuras».

Sin embargo, en la parte occidental, «un tanto olvidada», se encuentra una modesta cima, Mitxintxola; «natural, redonda, despejada y amable de verdes pastizales y diferentes y originales rocas con geoformas en su atalaya que merece la visita, y especialmente porque es el mirador más excepcional de la sierra, hacia todos los rumbos».

Desde Mendia sugirieron una excursión circular «cómoda y de disfrute», con diferentes atractivos que, además, recupera una vieja ruta infrautilizada que merece utilizarse para el recreo excursionista. Esta salida nació desde el aparcamiento disuasorio de la chimenea, en la entrada de Donibane. Los senderistas enfilaron hacia Puntas por el paseo marítimo, con bellas vistas sobre la bahía. Superaron el fuerte Santa Isabel, y llegaron hasta la ensenada Alabortza y encrucijada de caminos. En esta ocasión la propuesta era recuperar la ascensión más directa, tomando el ancho camino de pista directo al oriente primero cementado, para facilitar el fuerte desnivel, y luego de tierra y piedra suelta que se desarrolla en medio del valle que corre paralelo a la regata Kalaburtza y engullido en un bosque cerrado de coníferas.

Para Alquézar, «es un recorrido tranquilo, ganando rápidamente altura, que gira a la derecha y desemboca en la carretera del puerto de Jaizkibel, en la gran curva». Allí mismo nace, a la izquierda «un antiguo, precioso y bien conservado camino carretil, 'antzinako bidea', resto de calzada y antaño medio de comunicación de los caseríos existentes en la zona, actualmente desaparecidos en su mayoría».

Este itinerario circunvala Mitxintxola por el oeste hasta llegar a los prados y justo debajo de la amable colina cimera. Caminar sobre la alfombra es «un placer inolvidable». Según explica, «la cima es un balcón que no tiene buzón, tiene un mojón recuerdo y una inscripción del nombre para indicar la cota superior, de donde brotan diferentes geoformas, algunas de ellas relevantes -un ojo- y especialmente la conocida como 'Sukaldea', una formación con cavidad y visera, que es la gemela de la catalogada 'Zapelarri'. El nombre proviene porque en su baja cubierta los mariscadores y pescadores de la zona cocinaban para su degustación en este refugio las lapas, pescados de roca y percebes que recogían en la cercana costa. Es un refugio al que también acudían familias enteras a pasar el día. Cercana hay otra geoforma similar, donde se practica boulder».

Los montañeros descendieron hacia el este y a la derecha, en busca de las ruinas de un viejo caserío, Londres, siguiendo las balizas rojiblancas del Talaia bidea. La historia de estas paredes es recordada y glosada con un mojón que con una poesía en euskera que escribió IKur en 1933 y que el club Itxasmendi colocó en los 18 caseríos de Jaizkibel, ya en su mayoría desaparecidos.

Los siguientes pasos, salvando el valle, llevan a la carretera del puerto para seguirla a la derecha hasta la curva y penetrar directamente hasta la zona de recreo, con el albergue Arrokaundieta, en la cima del monte Arrobi, donde se encuentran las ruinas del estratégico fuerte de Lord John Hay (1838).

Justo allí, regresando y a la derecha, salvando una 'ataka', nace un estrecho sendero desconocido que llega hasta la pista hormigonada -que es camino de Santiago, con marcas amarillas-, que desciende rápidamente hasta Donibane. También se puede retroceder y tomar la bifurcación a la derecha. Después, sobre la bahía, el senderista girará a la izquierda, hacia el albergue de peregrinos de Santa Ana, otro prestigioso mirador de la bahía, para por unas empinadas escaleras, descender al embarcadero de la motora a San Pedro.