«Para vivir del campo hay que currar mucho»

Arantza y Maite posan con algunos de los productos que venden en su puesto de la plaza Xabier Olaskoaga. / FOTOS ARIZMENDI
Arantza y Maite posan con algunos de los productos que venden en su puesto de la plaza Xabier Olaskoaga. / FOTOS ARIZMENDI

La baserritarra Arantxa Otegi lleva desde los 8 años vendiendo sus productos en las plazas de Errenteria. Ahora con 72, todavía no encuentra el momento de jubilarse

MIKEL PÉREZ ERRENTERIA.

Son las nueve de la mañana en la plaza Xabier Olaskoaga de Errenteria. La gente del pueblo empieza a dejarse ver por unas calles más bien vacías hasta ese momento. Al fondo de la plaza, junto a la salida que da a la calle Biteri, varias furgonetas se marchan después de descargar los productos de las baserritarras, que comienzan a dar color al lugar. Diariamente, las y los errenteriarras tienen la oportunidad de comprar estos productos en los cuatro puestos que se colocan en esta zona. Son puestos simples, cuatro mesas, pero repletas de productos de primera calidad como tomates, lechugas, cebollas, etc.

«Antaño bajábamos del caserío con burros y un caballo», cuenta una de las baserritarras, «yo tenía 22 años». Se trata de Arantza Otegi, que ahora tiene 72 años. Casi todo el pueblo ha comprado algún producto en su puesto. Toda una vida ayudando a que en los hogares errenteriarras se consuman los selectos productos del caserío Larreaundi de Zamalbide, que ahora también tiene servicio de agroturismo. «En Merkatuzar estuve 46 años, y anteriormente en Xenpelar, desde los 8 años, que andaba yo repartiendo leche. Ahora lo llamarían explotación infantil», recuerda con cariño. Queda demostrado cuando llegan varios clientes a comprar tomates. «Mi amona compraba donde Arantza y también mi madre», comenta un hombre mientras recoge el cambio de manos de Maite. Ella es la fiel compañera de trabajo de Arantza. «Ella es viuda y viene a pasar conmigo el rato, así estamos entretenidas las dos», explica Arantza. Se conocieron en la escuela. «Qué tiempos, me acuerdo que nos obligaban a cantar el 'Cara al Sol' y a rezar un Rosario en castellano cada mañana. Nos costaba horrores», recuerda Maite, a la vez que la propia Arantza le replica que «yo hacía mal siempre las sumas y restas porque no las entendía en castellano».

De madres a hijos

Preguntada sobre si es una profesión dura, Arantza contesta que «para vivir y sacar algo del campo hay que currar mucho, muchos días me levanto a las 5 de la mañana para ir a montar un puesto que tenemos en Lasarte y luego me vuelvo aquí a vender. Después, a las tardes hay que recoger producto para vender al día siguiente. Eso sí, los miércoles no estoy porque tengo cita con el médico». Además es una profesión que no admite vacaciones. «En mi vida he estado 15 días de vacaciones, en mi viaje de novios, nos recorrimos todo España en coche», afirma. Afortunadamente, clientes no le faltan. «Me aprecian mucho. Las abuelitas como yo que vienen desde hace mucho y los jóvenes que han venido desde pequeños con sus padres y les han enseñado a venir donde mí», reflexiona.

La idea de jubilarse ya ronda la cabeza de Arantza, aunque todavía no lo ve demasiado cercano. «Me tenía que haber jubilado a los 65, pero todavía tengo que pagar la hipoteca de mi hijo, que ha tenido algunos problemas», recapacita. Aunque confiesa que su ilusión es «que mi hijo vuelva, que ahora vive fuera, y se haga cargo del puesto». Hasta ese momento, Arantza seguirá ofreciendo y vendiendo incansablemente sus productos todas las mañanas para el disfrute de todo el que se acerque a la plaza.

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