Desde París mirando al cielo

El concierto de Santa Cecilia reunió a más de cien personas sobre el escenario de la parroquia de Fátima. / FOTOS: ARIZMENDI
El concierto de Santa Cecilia reunió a más de cien personas sobre el escenario de la parroquia de Fátima. / FOTOS: ARIZMENDI

La Banda de música de Errenteria y Andra Mari Abesbatza iluminaron la noche del viernes con composiciones francesas

MIKEL PÉREZ ERRENTERIA.

La música clásica les debe mucho a los compositores franceses del siglo XIX y principios del XX, aunque muchas veces se tiende a mirar en otras direcciones del continente europeo en esta materia. Dicen que es de bien nacido ser agradecido, por lo que bajo esta premisa, la Banda de música de Errenteria y Andra Mari Abesbatza decidieron acertadamente homenajear y dar las gracias a estos autores en un concierto en honor a Santa Cecilia celebrado el pasado viernes por la noche en la Parroquia de Fátima.

Ya desde el comienzo del evento se palpaba que no iba a ser una actuación más. La parroquia se fue llenando desde media hora antes del concierto. Los familiares de los homenajeados copaban las primeras filas del lugar, aunque la acústica y la visión iba a ser excelente desde casi cualquier localidad.

Cuando el reloj marcó las 20.30, Josu Mitxelena, presidente de EMKE -Errenteriako Musika Kultur Elkartea- dio la bienvenida a los asistentes y aprovechando el recién estrenado periodo del Euskaraldia, presentó el concierto en euskera. A partir de ahí, apareció el director Alain Ayerdi Gurpegui y (casi) todo fue música, y de la buena.

La primera parte del concierto trasladó al público hasta el París de mediados del siglo XIX. La Banda comenzó visitando la suite 'L´arlésienne' de Georges Bizet, en la que se mezcló un inicio bastante enérgico con algún minuete y pasajes más emocionales. A continuación se interpretó la 'Marcha fúnebre para una marioneta' de Charles Gounod, que, fuera de la excelente interpretación musical, dejó ese sabor de los seriales de televisión de los años 60. La primera parte del concierto finalizó con la 'Danza Macabra' de Camille Saint-Saës, un poema sinfónico compuesto en 1874, inspirado por la antigua superstición de la 'Danza de la Muerte'.

Para la interpretación de 'Ave Verum' y 'Tollite Hostias' -ambas también de Saint-Saëns- y 'Pavana' de Fauré, Josu Mitxelena invitó al escenario a Andra Mari Abesbatza, la coral dirigida por Andoni Sierra, dando lugar a uno de los momentos musicalmente más espléndidos de la noche. La coordinación entre ambos grupos ilustres del municipio fue inmejorable, erizando la piel a más de un asistente.

Momento de homenajes

Una vez se fue acercando el final de la velada, la música paró y lo hizo por un motivo de peso: los homenajeados. Alberto Almendro y Eneritz Gurrutxaga fueron llamados en ese momento a primera línea del escenario, donde sus compañeros de EMKE les obsequiaron con un ramo de flores y las insignias de plata por sus 25 años de dedicación a la Banda. Visiblemente emocionados, ambos corrieron al calor del abrazo de sus familias, que se encontraban entre el público. Tras ello, tuvo lugar un precioso momento en el que Josu Mitxelena entregó la insignia de oro y un ramo de flores a Arantxa Aramburu, viuda de Iñaki Susperregi, fallecido el pasado enero y músico de la Banda que hubiera cumplido este año 50 años como miembro de la misma. Como homenaje a su recuerdo, se proyectaron una serie de imágenes del músico mientras la Banda interpretaba a base de instrumentos y alma, la pieza 'Amorosa', de las 'Diez Melodías Vascas' de Guridi.

Para concluir, Andra Mari se unió al homenaje con la interpretación de 'Cantique de Jean Racine' de Fauré, con un público entregado que no se cansó de agradecer el trabajo de los directores Ayerdi y Sierra y de todos los integrantes de los dos grupos. Como agradecimiento, los músicos tuvieron a bien regalar a los asistentes el coro final del 'Fausto' de Gounod.

Un impecable colofón que demuestra que Errenteria goza de una salud musical envidiable.

 

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