«A la paz se llega, sobre todo, de la mano de la convivencia»

José Miguel Cedillo, hijo del policía nacional asesinado por ETA en 1982, regresa hoy a Errenteria para rendir homenaje a su padre

Miguel Pérez
MIGUEL PÉREZ ERRENTERIA.

Hacia las 11 horas del día de hoy, en el entorno de Mugaritz en Errenteria, el huérfano andaluz de ETA, José Miguel Cedillo García, y su madre, María Dolores García, viuda del policía nacional Antonio Cedillo asesinado en Errentería el 14 de septiembre de 1982, celebrarán un homenaje y reconocimiento.

«Sacar su nombre del listado anónimo de las más de 800 víctimas inevitablemente vinculadas al terror, la violencia y la España negra, y colocarlo en el listado también anónimo de aquellos españoles que ayudaron a construir la paz y la convivencia en paz hasta el punto de dejar su vida en ello», es el mensaje que los Cedillo quieren dejar en los Altos de Perurena, en el municipio donde se produjo el asesinato cuando José Miguel tenía 3 años y su madre 24.

Al acto, en el que plantarán un olivo andaluz, han convocado a los representantes institucionales de todos los partidos políticos, a la corporación municipal de Errenteria, a las asociaciones y federaciones de víctimas y a la sociedad en general que compartan el mensaje de convivencia, «a quienes entiendan como yo que ha llegado el momento indiscutible de la paz. Estén en el momento personal, histórico, político, etc, en el que estén. Sean o no miembros de partidos políticos, de instituciones, de asociaciones, de fundaciones...», se ha referido Cedillo.

Quiere dejar claro que «ni olvido ni perdono. No olvido porque ni puedo, ni me lo ponen fácil quienes usan mi dolor interesadamente, azuzándonos. No perdono porque nadie me ha pedido perdón. Pero no puedo quedarme en eso y consumir mi vida».

Mensaje de conciliación

«Nadie me puede devolver a mi padre, que es lo que yo querría. Mis hijos tienen hoy tres años. La misma edad con la que me quedé huérfano. Son nietos de un asesinado por ETA. Cruelmente, a sangre fría, sin saber quién era, sin más motivo que el de querer imponer una ideología. Pero no quiero bajo ningún concepto que la herencia que les dejen su abuelo y su padre sea la del rencor».

Cedillo recuerda que lleva 7 años peleando por cerrar las heridas que aún continuan abiertas «y que no ponen nada fácil el día a día de las víctimas». A su vez, Cedillo muestra su decepción sobre algunos aspectos judiciales del sistema actual, algo que ya ha comunicado al ministro Marlaska cuando se puso en contacto con él al leer una de sus cartas.

«Vengo de la decepción de comprobar cómo me han fallado aquellos en quienes había depositado la confianza de procurar mi bienestar, mi protección, mi seguridad, mi atención y la esperanza del apoyo para reconstruirme como persona en sociedad. Soy huérfano de ETA con secuelas y, sin embargo, la ley no me reconoce. Judicialmente el caso de mi padre se dejó prescribir en un cajón sin culpables. Tengo que pelear cada ayuda psicológica que recibo. La inserción laboral de gente como yo es inexistente. Nadie me puede contar lo que se sufre siendo víctima de ETA», afirma.

Por último, Cedillo ha querido mandar un mensaje de conciliación como requisito para curar heridas, «a la paz se llega de la mano de la justicia, de la dignidad, del reconocimiento y de la reparación. También de la memoria. Pero sobre todo de la reconstrucción de la convivencia».

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