Una cerveza con corazón errenteriarra

El equipo de Mala Gissona al completo en su fábrica situada en Oiartzun. /  FOTOS: ARIZMENDI
El equipo de Mala Gissona al completo en su fábrica situada en Oiartzun. / FOTOS: ARIZMENDI

Iban Zabala y Manu Murillo, de amigos desde la adolescencia a creadores de Mala Gissona | Se fabrica en Oiartzun y se distribuye en diversos puntos de Gipuzkoa, Bizkaia, Navarra, Iparralde e incluso Asturias y Cataluña

MIKEL PÉREZ ERRENTERIA.

«Ante la pregunta '¿te gusta la cerveza?' muy poca gente responde que no». Es una de las reflexiones que lanza Iban Zabala, co-creador junto a Manu Murillo de la cerveza Mala Gissona, un producto 100% de Oarsoaldea que lleva creciendo desde el año 2014.

«Manu y yo somos amigos desde los 15 años, prácticamente. Cada uno tenía un proyecto profesional. Yo, por ejemplo, me dedicaba al textil, hasta que llegó un momento en el que necesitaba reinventarme, así que comencé a pensar en algo que me gustara y a lo que pudiera dedicarme», recuerda sobre sus primeros pasos.

No fue demasiado difícil para Iban llegar a una conclusión sobre su futuro profesional. Como él mismo explica, «casi toda mi familia es de Errenteria, y desde pequeño, aún siendo urbanita -que no kalekume-, me han inculcado el gusto por los productos naturales y artesanales -cordero, tomates, lechugas etc.-, así que me decidí a apostar por algo natural y que me apasionara, en este caso, la cerveza».

Tras adquirir experiencias únicas catando diversas cervezas de Inglaterra, Bélgica y Polonia y tras pasar 6 años en Italia, Manu, el Head Brewer o Maestro Cervecero de Mala Gissona, descubrió también que existía otro tipo de cerveza, mucho más elaborada y desde entonces tuvo claro cuál iba a ser el camino a seguir. En 2012 comenzaron a desarrollar el concepto, que lanzaron al mercado por primera vez, dos años después. «Nos compramos una máquina de 20 litros, y todas las semanas elaborábamos cerveza», explica Iban. Hay que destacar que no se trata de un proceso corto, ya que para que una cerveza esté lista, tienen que pasar unos 40 días, algo que hay que tener muy en cuenta en un proceso de producción. Esos años fueron un continuo ensayo-error, hasta dar con las recetas que llegan a los bares actualmente, con muy buena acogida. Para Zabala, «se trata de una profesión agotadora aunque totalmente gratificante, ya que la cerveza es algo que puedes compartir con la gente».

Hoy en día cuentan con una fábrica situada en Oiartzun que se verán obligados a ampliar próximamente debido a su éxito comercial. Al pasar un rato en ella, se puede observar un cariño especial por los productos naturales. Se compra la malta, se añade el lúpulo y se hace una cerveza «viva, natural y honesta», como la definen sus creadores. Todos estos pasos escrupulosamente realizados por el equipo que completan Lander y David -también vecinos de Errenteria-, además de Iker, Alessandro y Cristina.

Adicionalmente, abrieron un local en el barrio donostiarra de Gros, en el que la clientela puede degustar no sólo las cervezas de la marca, sino otras referencias renovadas cada 10 días. Además, sus 5 referencias -Apatxe, Shackel Town, Höfn, Nao y Django R.-, tienen presencia en numerosos puntos de Gipuzkoa, Bizkaia, Navarra e incluso Asturias y Cataluña. Internacionalmente también realizan colaboraciónes, lo que curiosamente les otorga más prestigio a nivel nacional.

La curiosidad del nombre

Una de las preguntas que más suelen contestar Iban y Manu, es la razón de calificar a una cerveza como «mala». «Buscábamos un nombre que dijera que la cerveza es de aquí junto a algo novedoso», explican, «y buscando bastante, en Islandia, dimos con un documento de cerca del año 1400, con 745 palabras en 'vasco-islandés'. En él, se recogía la expresión 'For ju Mala Gissuna', que significa 'tu eres un hombre malo', que probablemente se refería a una forma básica usada por los islandeses para referirse a los balleneros vascos que llegaban a sus costas. Hombres que en una primera impresión resultaban extremadamente rudos, con un punto canalla, pero que con el tiempo y el trato reflejaban una personalidad honesta, determinada y fiel a sus amigos». Se trata, sin duda, de un nombre con arraigo y a la vez novedoso, justo como el concepto de cerveza que soñaron un día Iban y Manu.

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