El Atlantikaldia, a toda máquina

Los niños disfrutarn realizando un cuadro, de grandes dimensiones y lleno de colorido./ARIZMENDI
Los niños disfrutarn realizando un cuadro, de grandes dimensiones y lleno de colorido. / ARIZMENDI

La geología, el arte urbano y los sonidos del norte de Europa y África,se fundieron en esta nueva jornada del festival, que hoy verá zarpar los barcos y llegar a su final

MIKEL PÉREZERRENTERIA.

El tono azul del cielo iba a juego este sábado con las corrientes marinas del Atlantikaldia. El día con más actividades programadas comenzaba repleto de talleres para que, sobre todo, los más pequeños disfrutaran de unas experiencias a las que habitualmente no están habituados.

La Herrixka situada en la Alameda de Gamón volvió a ser el centro neurálgico de la fiesta. Adornada con el mural colectivo de 'Makina bat taupada', la apariencia de la plaza era inmejorable. Por un lado, se oía el sonido de los niños serrando sin cesar la madera. Era el taller de fabricación organizado por Soinuenea, en el que la misión era que cada uno saliera con un instrumento creado para la ocasión. Esta vez fueron unos palos zumbadores que los más jóvenes aprendieron levemente a utilizar. Llegó un momento en que una fiesta se juntó con otra fiesta debido a que las marchas de la bicicleta partían del mismo lugar, contradiciendo a aquellos agoreros que siempre insinuan que «todo no se puede».

Otra de las zonas que estaba repleta de niñas y niños era el taller organizado por el museo Luberri. Su responsable, Klara Gutierrez, no cabía en su asombro, «se había apuntado previamente tan solo una niña, pero al ver que se trataba de un taller tan divertido, se han apuntado improvisadamente decenas más», explicaba. El taller, según Klara, consistió en «poner dos piscinas hinchables, las llenamos de fibra de coco y luego echamos un montón de fósiles que tapamos, y los niños lo que tienen que hacer es encontrar, el fósil y luego verificar en unas fichas donde aparecen unas características de cada fósil y los contrastan con unos imanes. Después buscan en unos paneles que representan la zona de Oarsoaldea en la era primaria, el carbonífero, la era secundaria, terciaria y cuaternaria y ahí es donde han de ubicar los fósiles temporalmente». Tras ello, las monitoras corrigen con los niños estos paneles, explicándoles el porqué de cada acontecimiento geológico de la zona. Todo ello, con los participantes vestidos de paleontólogos, algo que les encantó, aunque alguno que otro encontró botellas de plástico y otros elementos, más propios de esta época contemporánea.

Las manualidades y talleres para los más jóvenes coparon gran parte del díaPor la noche, Bebe ofreció un recital de folk, neo-flamenco, baladas y rock

Mientras sus hijos aprovechaban para adquirir nuevas habilidades, muchos padres y madres se dedicaban a hacer la comida, pero esta vez en las cocinas de muchas de las sociedades del pueblo. Cocina de países como Marruecos, Galicia, Nicaragua, Venezuela, Ucrania y el pueblo gitano, se dieron cita en la degustación de pintxos posterior, en el que el público más exigente -los errenteriarras que se acercaron al Gastrogunea- evaluaron cada una de las recetas. Por la tarde, tuvo lugar la vistosa regata de llaüts -barcos tradicionales del Mediterráneo- y bateles, en las que Hibaika ejerció de anfitrión ante las tripulaciones invitadadas de Tarragona y Badalona.

Más madera musical

El primero en dejarse ver por la Herrixka fue el escocés Alan Hunter, que hizo volar a los asistentes a un universo de pubs tradicionales y música folk. Una de las cosas más divertidas de su actuación fue que la mayoría del público eran, como no, niños y niñas. Por su parte, Olatz Salvador presentaba su disco 'Zintzilik' en la Herriko Plaza, en un ambiente más intimista, aunque no mucho, ya que el clima invitaba a pasear por todo el municipio.

Decenas de músicos estuvieron presentes en los escenarios de la Herrixka -Filipe Bittencourt Band- y la Herriko Plaza -la música celta de Tacla-, pero las artistas más relevantes de este festival llegaron al Itsasargi Nagusia con los primeros vientos de la noche. Primero fue el turno de Nneka, una de las mejores cantantes afro-soul del planeta, y después la inconfundible Bebe, que junto al artista plástico Javier Bergasa, pintaron un lienzo musical frente a los cientos y cientos de asistentes.

 

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