Andrés Iniesta, un héroe silencioso

Iniesta, durante un partido./
Iniesta, durante un partido.

Símbolo de la elegancia y la precisión, el centrocampista del Barcelona destaca por su estilo y la sutil, pero efectiva, organización del juego de su equipo

PATRICIA MUÑOZ

Prudente a la par que tímido ante los micrófonos, así se presenta Andrés Iniesta fuera de los terrenos de juego. No obstante, con el balón en los pies se convierte en un auténtico espectáculo andante, eso sí, siempre con el sello de la humildad por bandera. 30 años hace ya que nació en Fuentealbilla (Albacete) este monstruo del fútbol, al que la veteranía le sienta mejor que a nadie. La experiencia juega a su favor y el palmarés de distinciones, tanto a nivel colectivo como individual, dan cuenta de ello.

Director de orquesta de un Barcelona que lo ha ganado todo, pero también cerebro y guía, junto a otros sabios como Xavi Hernández o Xabi Alonso, de una medular española que, gracias a su visión de juego y sus buenas actuaciones en los momentos clave, ha alcanzado la gloria en los últimos años. Cuando el balón cae en sus redes el espectáculo está servido y, desde luego, el miedo del equipo y de la afición a perder la posesión desaparece. Sin hacer mucho ruido, pero con un estilo de juego excepcional, de Fuentealbilla a la Masía fue labrándose su futuro hasta convertirse en un imprescindible tanto en el Barcelona, con el que debutó en la Liga en la temporada 2002-2003, como en la selección española, con la que disputó su primer partido en el año 2006, a las órdenes de Luis Aragonés.

El arma de Iniesta es, pues, la precisión y el control de balón en cada uno de sus toques. Destila elegancia y buen juego, el jogo bonito del que tanto se hablará a lo largo de todo el Mundial en Brasil, pero sin demasiados adornos, sólo simpleza y efectividad. El juego directo, sin más regates de la cuenta y aquello de estar en el lugar adecuado en el momento preciso, le han valido para ser una referencia a nivel mundial. Desde aquel 6 de mayo de 2009, en el que silenció a todo Stamford Bridge al marcar en el minuto 93 el tanto que clasificaba al Barcelona para la final de la Champions, hasta el gol más importante de su vida, el que dio a España el Mundial de 2010 en Sudáfrica, los reconocimientos a su figura se han ido sucedido, uno tras otro. Fue el mejor jugador de la final de Johannesburgo y repetiría hazaña, pero a un nivel superior, en la Eurocopa de 2012, en la que fue nombrado mejor futbolista del torneo. A ello, además, se unirían los galardones de mejor centrocampista de la Liga en 2009, 2011, 2012 y 2013 y las candidaturas a Balón de Oro en 2010 (2º puesto) y 2012 (3º puesto).

Reconocimientos merecidos que no le han hecho perder en ningún momento la cabeza ni sufrir la terrible fiebre del éxito que a muchos ha echado a perder. Su humildad y su sencillez así como sus extraordinarias aptitudes para jugar al fútbol le han convertido en emblema de una selección a la que nunca le vendrá mal contar con nuevos jugadores que aporten frescura y juventud, pero en la que siempre será imprescindible un Andrés Iniesta, el héroe silencioso que todo equipo querría tener.

 

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