España fracasa olímpicamente

El equipo de Milla se estrella contra los postes y cae eliminado a la primera

TOMÁS GONZÁLEZ MARTÍN
Adrián, ante el guardameta hondureño José Mendoza./Juanjo Martín (Efe)/
Adrián, ante el guardameta hondureño José Mendoza./Juanjo Martín (Efe)

Ha sido un fracaso olímpico. La selección española cosechó su segunda derrota consecutiva en una participación desastrosa en estos Juegos Olímpicos. Anoche tuvo mala suerte con sus constantes remates a la madera. Pero el equipo nacional jugó precipitadamente, desesperado, y no tuvo el tempo para saber reaccionar ante el nuevo gol en contra, esta vez de Bengston. El árbitro tampoco señaló un penalti a Rodrigo. Es cierto. Pero el fracaso no se justifica en una jugada. Esta selección acudió a los Juegos corta de preparación. Realizó una pretemporada deprisa y corriendo en quince días y llegó baja de forma a Gran Bretaña. Debió comenzar a trabajar dos semanas antes. Todo se planificó mal.

Un cabezazo del brillante Bengston puso el partido cuesta arriba para España nada más comenzar. La misma situación de urgencia que sufrió frente a Japón. Los hombres de Milla, al menos, mantuvieron los once hombres en el campo para reaccionar rápidamente y enmendar la nueva crisis. La ansiedad se convirtió en un problema para los españoles. Dos encuentros y dos marcadores en contra.

Mata, Isco, Montoya y Muniain la comenzaron a superar la tensión con circulación rápida de balón. Adrián realizó el primer remate de esta favorita no respetada por nadie, un balón manso que acabó en las manos de Mendoza. El ataque de los españoles mareaba la perdiz y cuando disparaba no le daba al pájaro. Mata volvió a coger el timón de una nave tensa. Se echó el equipo encima. Dijo: «Aquí estoy». Un disparo del burgalés, seco, raso, rozó el poste.

El conjunto de Milla dominaba y no veía portería. La primera gran oportunidad se produjo en un pase de la muerte de Montoya, siempre eléctrico, que Juan Mata cazó con una volea que debió entrar dentro y se quedó fuera, coqueteando con la madera. El jugador del Chelsea se echó las manos a la cabeza. El reciente ganador de la Eurocopa lo intentó por tercera vez con un «chut» colocado que tampoco besó la red.

Milla quitó a Koke e introdujo a Ander Herrera para aportar potencia al ataque. España arriesgó, se la jugó. Espinoza respondió en un contragolpe con un trallazo al poste. Y Adrián le contestó con un remate al travesaño.

La entrada de Rodrigo por Isco era el toque de corneta de generala. Muniain ejecutó una incursión preciosa y su disparo se estrelló en otro poste. Toda España se topaba con las maderas. Y con Mendoza, que le ganó un mano a mano a Rodrigo. El delantero del Benfica quemó su última pólvora con un cabezazo, de nuevo, al larguero. Los hombres de Milla se tiraban al suelo, desesperados.

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