1.300 millones de lágrimas

El chino Liu Xiang se tuvo que retirar en los tacos de salida de los Juegos Olímpicos de Pekín

FERNANDO MIÑANAVALENCIA
Liu Xiang, en la Diamond League 2012 celebrada en Londres. / AFP/
Liu Xiang, en la Diamond League 2012 celebrada en Londres. / AFP

Lo que iba a ser la gran celebración china en Pekín, se convirtió en un drama nacional. Liu Xiang, uno de los principales iconos del país, llegaba a los Juegos con una presión casi insoportable, la de 1.300 millones de compatriotas que anhelaban ver al fantástico vallista convertirse en campeón en su país. Aquella mañana soleada del 18 del 8 de 2008 -¿quién dijo que el ocho era sinónimo de buena suerte?- más de 90.000 personas ocupaban sus butacas del Estadio Nacional. Miles y miles de rostros felices, esperanzados, ilusionados, que se multiplicaban por millones a través del primer canal de la televisión china. Era el día del debut de Liu Xiang en los Juegos de Pekín, en sus Juegos. Y ninguno de los 1.300 millones de chinos podía esperar un desenlace tan cruel.

Su círculo más próximo, siempre hermético, mudo, sospechaba que aquello podía tener un final infeliz. Pero muy pocos más podían intuirlo. El deseo de Liu, sumado a una gran capacidad de sufrimiento, le permitieron llegar a Pekín. Quedaban poco más de diez minutos para el mediodía y el gran ídolo del deporte chino calentaba por la calle 2 del Nido. Iba a comenzar la primera serie de los 110 metros vallas y todas las cámaras le enfocaban. Liu hizo una salida de prueba, pasó la primera valla y, en la segunda, cayó de rodillas. No podía correr. El dolor era insufrible. Pero estaba allí, en Pekín, y algo irracional le empujaba a intentarlo.

Las caras de los espectadores, incrédulos, comenzaron a ofrecer muecas de extrañeza. Los atletas ya estaban en los tacos de salida. Sonó el disparo y todos se lanzaron a por las diez vallas. Pero sonó uno más. Salida nula. Sus rivales desaceleraron tranquilamente. Liu sólo dio unos pocos pasos, los últimos a una pierna, cojeando, exteriorizando el dolor que sentía en el pie derecho, el de impulso. Dio media vuelta y se marchó. En ese momento llegó la conmoción al Nido, que vio caer a su ídolo, el hijo de un camionero de Sanghai.

Su entrenador de siempre, el severo Sun Haiping, explicó entre lágrimas, como millones y millones de chinos, que el dolor era insoportable en la inserción ósea del tendón de Aquiles. La tierra se tragó a Liu Xiang, que no reapareció hasta el mes de diciembre, cuando viajó a Houston para ser operado del tendón por Tom Clanton, el cirujano de los Rockets. Antes necesitó otro tipo de ayuda, psicológica, para superar el trance, un año horrible en el que, primero, el cubano Dayron Robles mejoró en una centésima (12.87) su récord del mundo y, después, tuvo que retirarse en los Juegos de Pekín. Allí no pudo defender la corona que conquistó, cuatro años atrás, en Atenas, donde se convirtió en el primer campeón olímpico de la historia del atletismo chino.

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