El último duelo a espada de Europa

Dos altos cargos políticos franceses se enfrentaron en 1967 en un surrealista cruce de aceros

Gaston Defferre y René Ribière, en pleno duelo./DV
Gaston Defferre y René Ribière, en pleno duelo. / DV
Ion M. Taus
ION M. TAUS

Imaginemos por un momento esta escena en el Congreso de los Diputados: Sesión de control al gobierno, cruce de descalificaciones entre Pedro Sánchez y Pablo Casado, en la que el presidente del Gobierno se siente ofendido y exige una satisfacción, de forma que los líderes de PSOE y PP acaban dirimiendo sus diferencias con un duelo de espadas. ¿Imposible? Quizá, pero hay antecedentes, y no tan lejanos...

Francia en 1967 era una democracia más que consolidada, nada que ver con la típicas escenas de peleas entre diputados en el Parlamento de Taiwán, Turquía o Ucrania que hemos podido ver en los últimos años. Sin embargo, algunos de los diputados galos de la época guardaban el espíritu medieval de dirimir los conflictos a espadazos, que es lo que ocurrió entre Gaston Defferre y René Ribière.

«Taisez-vous abruti!»

El 20 abril de 1967, tenía lugar una bronca sesión en la Asamblea francesa, en la que los diputados, con sus gritos y porrazos en las mesas interrumpían continuamente, tanto al entonces primer ministro Georges Pompidou, como al líder socialista Jaques Mitterrand, ambos a la postre presidentes de la Républica. En el ardor de la batalla, un iracundo Gaston Defferre, quien fue alcalde socialista de Marsella durante 30 años, espetó a un gesticulante René Ribière, diputado gaullista en la Asamblea Nacional por Val d'Oise, un sonoro «Taisez-vous abruti!», que se podría traducir como 'Cállese, imbécil'.

Una vez finalizada la tormentosa sesión, Ribière, muy molesto, fue a buscar a Defferre y le preguntó:

—¿Es a mi a quien ha tratado usted de bruto?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque eso es lo que pienso.

—Entonces, le pediré una reparación.

En cuestión de minutos, cada uno de los contendientes ya había buscado a sus padrinos y se había fijado el duelo para el día siguiente, 21 de abril. Chaban-Delmas, presidente de la Asamblea, e incluso el propio presidente De Gaulle intentaron parar el estrambótico enfrentamiento, pero no hubo forma.

«Sé que el duelo está prohibido por la Ley, pero el honor está por encima de las leyes»

«Sé que el duelo está prohibido por la Ley, pero el honor está por encima de las leyes» René Ribière

Tampoco importó que Ribière se fuese a casar al día siguiente del duelo. Todo resultaba así más romántico. «Cuando le he pedido explicaciones me ha injuriado de nuevo. Sé que el duelo está prohibido por la Ley, pero el honor está por encima de las leyes. Mi abuelo, senador, se había ya también batido en duelo en 1912. Si se produce un drama, nosotros iremos a la cárcel, pero no creo que esto ocurra», explicaba Ribière a la prensa de la época. Para batirse con su rival eligió la espada, cuyo manejo ignoraba, por ser un «arma noble».

«No he manejado nunca la espada. Yo hubiera preferido el 'Colt'»

«No he manejado nunca la espada. Yo hubiera preferido el 'Colt'» Gaston Defferre

Con menor solemnidad, Defferre aseguraba: «Yo no me arrugo. Esto es grotesco, pero si mi adversario quiere batirse, nos batiremos. No he manejado nunca la espada. Yo hubiera preferido el 'Colt'.

Al día siguiente, perseguidos por la prensa, que quería dejar constancia del momento, y también por las autoridades, que querían detenerlos, los dos enemigos lograron, tras burlarlos a todos, restaurar su honor en el jardín de una mansión de Neuilly-sur-Seine.

Duelo «poco solemne»

Los duelos siempre han tenido un gran atractivo para la literatura y las artes escénicas. El combate entre dos hombres que luchan bajo la pálida luz del amanecer o la agonizante del crepúsculo, con grandes cuestiones como la muerte, el honor, o el amor en juego. Sin embargo, el enfrentamiento entre Defferre y Ribière no fue demasiado solemne. Según contaba 'Le Monde', el alcalde de Marsella,intentó atacar a su oponente en la «entrepierna», dado que al día siguiente Ribière se iba casar y quería «fastidiar su noche de bodas». Después de recibir dos estocadas en pocos minutos y ver la sangre que brotaba de su brazo —Defferre se había negado a utilizar las espadas sin punta que llevó Ribière, prefiriendo emplear su pareja de espadas afiladas—Ribière se retiró.

«Un suceso tan anacrónico que más parece un folletín romántico con rasgos mosqueteriles que la consecuencia de una tormentosa sesión parlamentaria»

El corresponsal en París para ABC de la época, Salvador Jiménez, analizaba con pluma certera todo este esperpento: «Que dos diputados se hayan batido hoy en duelo a espada y a primera sangre, que aprisa y corriendo, porque nadie estaba muy al corriente, haya habido que desempolvar olvidados preceptos del código del honor, que los padrinos hayan tenido que alquilar dos espadas y contratar médicos, pasar la noche de vísperas en hospitalarias casas de amigos, saltar muros, escapar por discretas puertas traseras para burlar el cerco de la Policía y buscar una finca privada en condiciones, al abrigo de curiosas miradas, que sirviera para campo del honor, que los protagonistas hayan tenido que recibir esta mañana apresuradas y rudimentarias lecciones de esgrima, son elementos de un suceso tan anacrónico que más parecen un capitulo de folletín romántico con rasgos mosqueteriles de guardarropía que la consecuencia de una tormentosa sesión parlamentaria«.

Este fue el último duelo del que se tiene constancia en Europa, tras una larga tradición de combates de honor que se remontan a la prehistoria, aunque el concepto de duelo formal en la sociedad occidental se originó en el duelo judicial de la Edad Media. Aunque las imágenes del ridículo combate entre Defferre y Ribière transmiten un tono falso y trasnochado, este se llevó a cabo de manera muy fiel a la tradición: los luchadores eran hombres de alta alcurnia, ejecutaron una liturgia de gran solemnidad y su confrontación estaba proscrita por la sociedad aunque, a su vez, esta misma es la que exigía la reparación del honor.

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