Emerge otro plan de May entre las aguas revueltas por Johnson

Theresa May, primera ministra británica./Neil Hall (EFE)
Theresa May, primera ministra británica. / Neil Hall (EFE)

Dos medios publican que Londres propondrá seguir en la unión aduanera tras la transición

IÑIGO GURRUCHAGABirmingham

«Cruce el puente y escaleras abajo». «Cruce el puente y escaleras abajo». Los empleados del Centro de Convenciones Internacionales de Birmingham eran autómatas cuando ministros, exministros y clase de tropa del Partido Conservador caminaban veloces por los pasillos preguntando: «¿El Hall 1? ¿El Hall 1?» Era obvio que en el edificio estaba ya Boris Johnson.

El enorme salón hasta la bandera. La megafonía pésima, porque el discurso no estaba patrocinado por la dirección del partido sino por un medio digital, Conservative Home, como parte de los eventos colaterales en las conferencias anuales. «Mi amigo Philip Hammond (ministro de Hacienda) ha dicho que nunca seré primer ministro», comenzó. «Creo que será su único pronóstico acertado». Puro Boris.

Lo concluyó animando a sus 'amigos en el Gobierno'- «¡Este es el momento! ¡Este es el momento!»- a «apoyar a Theresa May de la mejor manera posible y con suavidad, calma y sensibilidad» llevarla de regreso a sus planes originales sobre el 'Brexit' y a abandonar su última propuesta a la UE. Porque, según Johnson, «Chequers es un engaño», y favorecerá a la extrema derecha y a Jeremy Corbyn.

Ni una palabra en su discurso sobre la información de la agencia Bloomberg y el diario 'The Times' de que el Gobierno presentará una nueva propuesta a la Comisión Europea. Tras el rechazo de Chequers en la cumbre de Salzburgo, el 20 de septiembre, Londres estaría dispuesta a mantener una unión aduanera con la UE más allá de la fase de transición de casi dos años.

Conspiración

Se justifica como la forma de resolver el problema de la frontera irlandesa. En el borrador de Acuerdo de Retirada publicado por la Comisión, se contemplaba la posibilidad de que Irlanda del Norte permanezca en la unión aduanera y el mercado común, si no se llega a un acuerdo sobre la futura relación que haga innecesario ese estatus especial dentro de Reino Unido, que es inaceptable para los unionistas norirlandeses.

En el plan aprobado por el Gobierno en Chequers, con el entonces ministro Johnson presente y sin queja hasta que dimitió el encargado del 'Brexit', David Davis, se propone un mecanismo de control de mercancías y recaudación del IVA que la Comisión rechaza. La propuesta ahora aireada extendería la unión aduanera hasta que las dos partes estén de acuerdo en que existe una tecnología que evita el problema fronterizo irlandés. Es una promesa que suena a eternidad.

Los 'brexiters' afirman que no hay tal problema irlandés. Que el comercio entre las dos Irlandas es minúsculo comparado con el que se mueve desde el norte y el sur de Irlanda hacia Gran Bretaña. También, que en la frontera actual se utilizan medios electrónicos- salvo para la inspección de animales vivos y de cargas sospechosas- que pueden extenderse para cualquier resultado de la negociación del 'Brexit', sin nuevas barreras físicas.

Peter Lilley, exministro conservador, expresaba el domingo la sospecha de una conspiración. Altos funcionarios que asesoran a May y quieren el más suave 'Brexit' avivan el espectro de Irlanda, y elaboraron el artificioso Chequers a sabiendas de que sería rechazado. Y, tras el fracaso de una unión aduanera a medias, podrían justificar una más completa- la que ahora se sugiere-, siempre en nombre de Irlanda.

Desenlaces

«Sería el mayor engaño de un Gobierno a los gobernados que pueda imaginarse», ha dicho la otra gran figura del euroescepticismo, Jacob Rees-Mogg, sobre un plan que eliminaría el premio del 'Brexit', la libre política comercial. Sería 'Brexit' sólo de nombre, 'Bino', otro acrónimo a sumar a la lista de este asunto, tan «tóxico y tedioso», según Johnson, que debe cerrarse con un tratado- de nombre 'SúperCanadá-, y también con «elegancia» y «dignidad».

El desenlace de la saga dará más enredos. El nuevo plan de May podría ser rechazado por la UE. Un argumento es que daría ventaja competitiva a Reino Unido al no obligarle a la libertad de movimiento de personas. ¿Pero es la inmigración una desventaja económica? Y el ministro de Interior, Sajid Javid, defendió ayer al mismo tiempo su fé en el libre mercado y un plan de inmigración dirigido por el Gobierno.

La mayor sorpresa sería que un acuerdo del Gobierno con Bruselas en las líneas apuntadas por Bloomberg y 'The Times' encaje en las exigencias de los laboristas de Corbyn. El líder se dirigió a May, hace una semana, en su discurso a la asamblea de su partido: «Si logra un acuerdo que incluye una unión aduanera y sin frontera dura en Irlanda,... nosotros apoyaremos ese acuerdo sensato».

La última traición de Theresa May a los 'brexiters' ultras de su partido sería aprobar el acuerdo en el Parlamento con el apoyo, o la abstención, de la oposición laborista. Reino Unido se marcharía de la UE para cumplir en sectores de su economía reglas que dictan otros. En ese preciso momento, Boris Johnson tendría que agrupar a todas las fuerzas del euroescepticismo para derribar a May y al Gobierno conservador.

 

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