Samia Shannan: «La educación es el único recurso que nos queda»

La activista encabeza una delegación educativa palestina que está de visita en Euskadi. Relata la situación en el territorio y detalla los problemas de la vida cotidiana

La delegación educativa palestina, en su visita del martes a la UPV/EHU./
La delegación educativa palestina, en su visita del martes a la UPV/EHU.
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Nos llega una voz de socorro desde Palestina. Una voz que habla de las carencias de un sistema educativo repleto, según nos cuenta, de vías de agua. Recogemos el relato por parte de Samia Shannan, coordinadora de la Campaña por el Derecho a la Educación en los países árabes, que encabeza una delegación educativa palestina de visita por Euskadi estos días bajo el auspicio de la Asociación Biladi. Junto a Alia Assali, profesora de Ciencias de la Educación en la Universidad de Al Najah de Nablus; Refat Sabbah, coordinador de la organización Palestina Teacher Creativity Center; y Ahmad Fteiha, profesor y consultor de educación en la universidad de Birzeit, se han reunido, entre otros, con representantes de la Facultad de Educación de la UPV/EHU en San Sebastián, con el Ayuntamiento de Donostia y con los partidos políticos del Parlamento Vasco en Vitoria.

Samia habla sin tapujos. No duda en señalar a los culpables de esta situación. Intuye por dónde irá el futuro. Y señala las claves de la solución. También reconoce que la situación no es tan crítica como en años anteriores. Y eso, atisbar la luz al final del túnel, es lo que proporciona unos rayos de esperanza a un conflicto tan enquistado como éste.

Checkpoints y portones de hierro

Indagamos en la situación en la que se encuentra la comunidad educativa palestina. Su respuesta es de verbo sosegado, reflexivo, con carga dramática: «A pesar de que parece que la ocupación israelí se acabó, hay que subrayar que sigue ahí. Eso tiene sus efectos sobre la educación y los demás ámbitos de la vida palestina. Por un lado, seguimos teniendo los problemas de antes. Hay checkpoints, portones de hierro que impiden el paso y que se cierran de forma arbitraria cada día...». Ello provoca que los estudiantes lleguen tarde a dos lugares: a clase y a casa.

Samia Shannan posa en la plaza de la Virgen Blanca en Vitoria.
Samia Shannan posa en la plaza de la Virgen Blanca en Vitoria.

Por otro lado, tal y como recalca Samia, «ha habido algunos avances. Se han construido colegios nuevos, se han reparado otros, hay más capacidad para los nuevos estudiantes... Ten en cuenta que el pueblo palestino es joven, tiene muchos niños (el 50% de la población son gente en edad escolar). Antes había, por ejemplo, 50 niños por clase. Todo eso ha mejorado».

Desgaste moral

A su juicio, los problemas más graves son los siguientes: «Lo extremo son los alumnos y profesores que matan o que arrestan (hay 300 niños presos). Pero también las políticas de destruir escuelas y mover comunidades a otros lugares hace daño. También desgasta moralmente tener que atravesar checkpoints todos los días y provoca que algunos estudiantes dejen de ir a la escuela».

Samia apunta un foco crítico en Jerusalén, epicentro de muchas cruentas batallas en las últimas décadas: «La educación está muy mal. Hay una lucha permanente por modificar los libros de texto. Hay interrogatorios en la calle a niños de 14 años (les preguntan quién tira piedras, qué chavales van a la Explanada de las Mezquitas...). El problema no es tanto ése, sino la tensión y el miedo que crean entre los más pequeños».

«Las niñas son las grandes perjudicadas. Muchos padres deciden que no vayan al colegio porque puede ser peligroso»

«Las niñas son las grandes perjudicadas. Muchos padres deciden que no vayan al colegio porque puede ser peligroso» samia shannan, coordinadora de la Campaña por el Derecho a la Educación en los países árabes

Desde su punto de vista, este ambiente angustioso afecta más a ellas que a ellos: «Las niñas son las grandes perjudicadas. Ellos dejan de ir al colegio y no pasa nada. En el caso de ellas, no es su decisión al 100%. Hay veces que las familias deciden que la niña no va al colegio porque es peligroso».

Si asumimos que la educación es uno de los pilares básicos de la prosperidad de un país, región, territorio o comunidad, si no el que más, convendremos en que maltratarlo es una mala noticia. «Palestina no tiene una economía fuerte ni recursos naturales, no tiene industria... La educación es un asunto estratégico y lo único que tenemos, lo único que no nos pueden quitar. Todo lo demás, sí».

Imagen de una de las reuniones mantenidas esta semana en Euskadi.
Imagen de una de las reuniones mantenidas esta semana en Euskadi.

Cuando le preguntamos si es optimista para con el futuro, es sincera: «En los Acuerdos de Oslo (1993) se estipuló que en cinco años el Estado de Israel y la OLP tenían que ponerse de acuerdo en todas las cuestiones básicas. Los palestinos aceptaron que el 78% de su tierra histórica siga siendo Israel y el 22% se les devolviera para su propia estado palestino. Pero no se ha avanzado en ello en 25 años».

Así que la pregunta es clara (y capciosa). ¿Es la educación la mejor arma para salir del atolladero?: «Sí. La mejor inversión. Mejorar en la educación y en sus protagonistas, en los profesores, en la calidad. Insisto, la educación es lo único que nos queda. Y lo único que no nos pueden quitar».

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