Masada, la última fortaleza

Masada, la última fortaleza

En el desierto de Israel se alzan, en lo alto de una meseta con increíbles vistas al Mar Muerto, los restos de un antiguo palacio y fortín judíos

Dani Soriazu
DANI SORIAZU

En medio del desierto de Judea, en Israel, y contemplando las aguas del Mar Muerto, se alzan desde lo alto de una meseta los restos del antiguo palacio-fortaleza de Masada, el que fuera el último bastión del pueblo judío antes de caer en manos de los romanos. Se trata de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del planeta, reconocido por la Unesco en la lista de los sitios del legado cultural de la humanidad. Y, sin duda, quien lo visita puede sentir a cada paso que da que está en un lugar que emana historia por todos los costados.

Hay que remontarse más de 2.000 años para entender la importancia de este lugar. En Masada residió Herodes, quien reinó en Judea entre los años 37 y 4 Antes de Cristo. Fue él quien percibió la ventaja estratégica de este lugar y lo eligió como refugio frente a los enemigos y como palacio de invierno. Durante su reinado se construyeron lujosos lugares de placer, almacenes bien equipados, un sistema de cisternas y un muro de casamatas (lugar destinado a albergar algún tipo de arma defensiva).

Fue refugio y palacio de invierno del rey Herodes y, 70 años después, refugio de los últimos rebeldes judíos que hicieron frente a la dominación romana

Este espacio también fue el último fuerte de los combatientes por la libertad del pueblo judío frente al ejército romano. Setenta años después de la muerte de Herodes, en el año 66 Después de Cristo, arrancó la guerra judeo-romana, cuando diversos grupos iniciaron una sublevación para liberar la provincia de Judea de la dominación del Imperio de Roma. Un grupo de rebeldes sicarios liderados por Menájem, hijo de Judas el Galileo, tomó Masada por sorpresa y degolló a la guarnición romana que estaba apostada en esta fortaleza. Los útlimos rebeldes que salieron de Jerusalen después de su destrucción en el 70 D.C. se refugiaron en Masada. Los rebledes aprovecharon como vivienda el muro de casmatas y algunos de los palacios de la época de Herodes. Ellos construyeron también edificios de carácter religiosos, como sinagogas y baños rituales (mikvá) y mantueiveron en el lugar una vida comunitaria, cuyos restos materiales han sido encontrados en las excavaciones del lugar.

Finalmente, la décima legión romana, con el gobernador Falvius Silva como comandante llego de Jerusalen a Masada y trató de conquistarla poniéndola bajo sitio. A lo largo de laño 73 o 74 D. C. se desplegaron en su contorno más tropas romanas, junto con unidades auxiliares, que sumaron unos 8.000 soldados. Estos se instalaron en ocho campamentos, construyeron un baluarte y se propusioeron conquistar Masada por medio de la construcción de una rampa de tierra reforzada por vigas de madera, sobre las faldas naturales en la ladera occidental. El vistitante todavía puede observar los restos de esta construcción.

El lugar está reconocido por la Unesco en la lista de los sitios del legado cultural de la humanidad

Si bien es necesaria la ayuda de planos e imágenes para poder recrear cómo fue esta fortaleza, tanto en tiempos de Herodes como en el periodo de la guerra judeo-romana, lo cierto es que los restos que se conservan en la zona dan buena cuenta de la grandiosidad y magnitud de los edificios y estructuras que allí se levantaron.

Suicidio colectivo

Ante el inminente asalto definitivo que estaban a punto de acometer los romanos,la población judía reunida en Masada decidió que era preferible morir antes que ser capturados para convertirse en esclavos. Por ello acordaron un suicidio colectivo, que se llevó a cabo tras un sorteo en el que se decidió quien sería el último que debía quedar vivo. Cada hombre mató a su familia y el último mató a todos los hombres de la comunidad antes de suicidarse.

Cuando los romanos finalmente llevaron a cabo el asalto final, se encontraron con la dramática escena del suicidio colectivo.

De acuerdo al relato del historiador judío fariseo Flavio Josefo, dos mujeres y cinco niños se habrían escondido en las cisternas del lugar y fueron ellos los que contaron lo sucedido esa noche.

El visitante puede hacerse una idea de la magnitud de las estructuras que se levantaron en el lugar

Masada, es un término romanizado que en hebreo significa «fortaleza».Este macizo espectacular en forma de pirámide truncada, se encuentra a 450 metros sobre el nivel del Mar Muerto. Para llegar al lugar, hay dos opciones. Por una parte, se puede contratar algún tour privado de los que se ofrecen tanto en Tel Aviv como Jerusalén. La otra forma es con vehículo privado, por la carretera que discurre a orillas del Mar Muerto. De las dos maneras se llega al Centro de Visitantes y al museo.

Una vez allí, para subir a la fortaleza se puede ir andando por un muy empinado y serpenteante sendero, conocido como el Camino de la Serpiente, cuyo acceso se abre al público una hora antes del amanecer, y que llevará al visitante una hora de caminata. Pero la opción mayoritaria es la de subir en un telecabina hasta lo alto de la meseta. La tercera opción es llegar a Masada por una sinuosa carretera que pasando por Arad accede al lado oeste del parque, y subir andando por el Camino de la Rampa.

El precio de la entrada y un viaje de ida en el funicular, sin carnet de estudiante es de 54 shekels, unos 12 euros al cambio.

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