El kibutz de un hombre enamorado del Negev

La cabaña en la que vivía Ben-Gurión, con su estatua haciendo gimnasia fuera, es ahora un kibutz que cuenta con más de 400 habitantes/K.LÓPEZ
La cabaña en la que vivía Ben-Gurión, con su estatua haciendo gimnasia fuera, es ahora un kibutz que cuenta con más de 400 habitantes / K.LÓPEZ

Hoy se cumplen 45 años de la muerte de David Ben-Gurión, el proclamador de la independencia del Estado de Israel en 1948

KAREL LÓPEZTEL AVIV

Visitar el hogar de David Ben-Gurión es sinónimo de regresar al pasado por unos minutos. Hoy, primer día del mes de diciembre, se cumplen 45 años del fallecimiento del que, probablemente, sea el hombre más importante en la corta historia del Estado de Israel. Nacido en 1886 en la aldea polaca de Plonsk (Rusia zarista), Ben-Gurión fue un líder sionista y quien proclamó en 1948 la independencia. Él siempre creyó que los judíos tenían que regresar a sus raíces y que el desierto debía ser poblado.

Y es ahí, en pleno desierto del Negev, al sur de Israel, a 45 minutos en coche de Beerseba, donde aún a día de hoy se conserva tal y como estaba el día de su muerte, el kibutz-comuna agrícola- en el que quien fuera primer ministro israelí compartió su vida con Paula. Los dos vivieron en una cabaña de yeso reconvertida ahora en museo.

Tras más de 150 kilómetros de carretera entre Jerusalén y el kibutz Sde Boker -en los que todo visitante contempla ahora una gran bicicleta en pleno desierto en recuerdo a la salida del Giro de Italia de este año-, uno sabe que ha llegado al lugar señalado por el elevado número de militares israelíes que regularmente visitan el lugar. Más de 400 personas viven allí ahora, gracias en parte al turismo. Ben-Gurión siempre fue fiel a su hogar en estas comunidades autosuficientes que hoy en día superan el centenar. Muchos fueron los supervivientes del Holocausto que llegaron a estos kibutz y aprendieron hebreo.

Tras la proclamación de independencia del Estado de Israel, Ben-Gurión llegó a su hogar del Negev en 1953. «Él y su mujer dormían separados. Solo descansaba tres horas al día. El resto del tiempo de la noche lo dedicaba a leer y a estudiar. La luz impedía que Paula durmiera y por eso tenían camas en distintas habitaciones», explica una joven ortodoxa de 18 años que, en lugar de completar el obligatorio servicio militar, trabaja como guía en el museo. «Aquí tiene 5.000 libros. En su otra casa de Tel Aviv, más de 20.000», continúa minutos después de mostrar la estatua de Rafael Maimon en la que se ve a Ben-Gurión haciendo gimnasia.

Gandhi y Einstein

Mahatma Gandhi y Albert Einstein son solo dos de los hombres que están presentes en esta cabaña por medio de cuadros. Moisés, Abraham Lincoln… también fueron importantes en su vida. En el kibutz (dos habitaciones, sala, baño y cocina), entre duna y duna, Ben-Gurión vivía con lo justo.

Su visión sobre el Negev, su idea de poblar el desierto (más del 60% de Israel) y hacerlo florecer, sigue en camino gracias, en parte, al trabajo que se desempeña en la universidad que lleva su nombre. A diez minutos de Sde Boker se encuentra una subsede de este centro de estudios en el que se llevan a cabo «investigaciones sobre, por ejemplo, la desalinización del agua, las energías renovables…», explica la profesora Nora Huberman mientras muestra sus sorprendentes instalaciones.

Hoy en día, el 80% del agua que se consume en Israel proviene del mar. Y el agua potable que acaba en las tuberías de los hogares, se recicla para poder regar las plantaciones del Negev. Los kibutz siguen en funcionamiento. Muchos se dedican a hospedar a turistas. Aunque la idea de estas comunas agrícolas con unas pocas cabañas fuera socialista, la propiedad privada y la privatización han hecho acto de presencia. A día de hoy, hay kibutz cuyos habitantes trabajan en fábricas punteras tecnológicamente hablando. Los tiempos han cambiado.

 

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