Maduro vende el antiimperialismo en Harlem

Maduro. / Foto: Efe | Vídeo: Europa Press

El mandatario venezolano acuda a Washington «para contar la verdad del pueblo venezolano en la ONU»

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

En Cuba, el presidente no iría a una ceremonia de tambores y babalaos pero en Nueva York las raíces afroamericanas de la isla son su mejor amigo. El miércoles Miguel Díaz-Canel se estrenó en la Asamblea General de la ONU y se dejó bendecir por los orishas en un templo mítico de Harlem en cuyo púlpito han hablado Martin Luther King, Malcom X, Nelson Mandela, Desmond Tutu y Fidel Castro.

Los dioses le concedieron la primera gracia: Salvar a su amigo Nicolás Maduro de las garras de la prensa internacional. El presidente venezolano no estaba en el programa de bienvenida que lideraban los Black Panther. Él mismo contó que decidió viajar a Nueva York la noche antes en un in promptu «para contar la verdad del pueblo venezolano en la ONU». Allí dejó colgado al grupo de periodistas que había citado para una conferencia de prensa que no dio. Sin duda prefería los aplausos entregados de la iglesia de Harlem que las preguntas incómodas de la prensa sobre la tragedia de su país.

«¡Maduro, seguro, dale duro al imperio!», coreaban los asistentes. Entre ellos, las familias y amigos de 175 estadounidenses sin recursos que han podido estudiar Medicina en Cuba gracias a las becas que inició Castro tras su visita a esta iglesia, cuando empezó a hablar a las 10 de la noche y acabó más de tres horas después diciendo «Buenos Días». Sólo allí se le podía comprar que «hemos sido víctimas de una agresión imperialista». Su audiencia, entrada en años, aplaudía rabiosa cuando se mencionaba la intervención de Cuba en la guerra de Angola y se le humedecían los ojos al recordar el momento de 1960 en que el dueño del Hotel Theresa dio posada a Castro y su delegación, cuando nadie más en Nueva York quería alojar a los comunistas.

Faltaba en el trío un dictador, Daniel Ortega, que sin saber que tendría a Maduro a su lado y el calor de la Riverside Church prefirió cancelar su visita, en la que tendría que haber respondido de los 512 muertos que ha dejado su represión en sólo cinco meses.

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