El FBI grabó las conversaciones entre Trump y su abogado personal mientras le investigaba

Combo de imágenes de Donald Trump y Stormy Daniels./Afp
Combo de imágenes de Donald Trump y Stormy Daniels. / Afp

El presidente admite haber comprado el silencio de la actriz de porno Stomy Daniels

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Forzado por las circunstancias, Donald Trump ha decidido cambiar de estrategia. Después de negar rotundamente que supiera algo sobre los pagos que su abogado Michael Cohen hizo a la actriz porno Stormy Daniels para que no hablase de sus relaciones, ahora ha mandado a su amigo y abogado Rudy Giuliani a darle la vuelta a la tortilla. La razón es clara: desde que el FBI confiscó hace tres semanas en una operación sorpresa los documentos y comunicaciones de Cohen, demostrar que «el presidente le reembolsó el dinero en pagos mensuales» era sólo cuestión de tiempo. Y más ahora que se sabe que también grabó sus conversaciones.

El ex alcalde de Nueva York se lanzó el miércoles por la noche a una maratón de entrevistas en las que admitió voluntariamente, sin necesidad de que se le preguntase, que el presidente compró el silencio de la actriz «para salvar su matrimonio y su reputación». Con ello intenta desmontar un posible delito electoral de financiación ilegal de campaña, ya que si Cohen hubiera pagado 130.000 dólares a Daniels doce días antes de las elecciones para evitarle un daño electoral eso podría constituir una donación ilegal de campaña.

La admisión demuestra que el presidente mintió el pasado día 5 de abril a bordo del Air Force One, cuando la prensa le preguntó si conocía el acuerdo, pero en Donald Trump la plasticidad de la verdad está ya tan asumida que ha dejado de ser escándalo. Sus seguidores están dispuestos a creer lo que diga y el resto está curado de espanto. Según Giuliani, el presidente no supo los detalles hasta hacía diez días. «Sólo conocía el acuerdo general de que Michael se encargaría de ello, como yo me ocupo de mis clientes. No les molesto con cada detalle que surge, son gente muy ocupada», le disculpó ante el presentador de Fox Sean Hannity.

Trump ni siquiera llegó a estampar su firma en el documento, por lo que la actriz recurrió en marzo a los tribunales para recuperar el derecho a hablar públicamente del affair, que ocurrió en 2006, poco después de que Melania Trump diera a luz al único hijo de ambos. El magnate tuiteó ayer que el pago por el acuerdo de confidencialidad, «muy común entre celebridades y gente de dinero», lo hizo sólo «para detener las falsas y extorsionistas acusaciones». Daniels le ha demandado también por difamación.

La verdad puede conocerse pronto, porque cuando Trump tutiteó al amanecer todavía no sabía que el FBI tuvo pinchado el teléfono de Cohen durante las semanas previas al operativo policial del 9 de abril. En esas fechas el presidente solía hablar con su amigo y abogado casi a diario. Giuliani se quedó lívido al conocer la primicia de NBC. «Si eso es verdad, el presidente debería de haber sido informado», se revolvió furioso.

El abogado de 52 años cayó en las redes del fiscal especial Robert Mueller durante su investigación de la trama rusa, pero al no estar relacionado con sus pesquisas remitió el caso de presunta corrupción y fraude al Departamento de Justicia, que a su vez lo dirigió a la unidad anticorrupción del Distrito Sur de Nueva York. En los 17 años transcurridos desde que empezó a trabajar para Trump Organization, Cohen se había convertido en el guardián de sus secretos, ahora depositados en un juzgado de Nueva York junto a las conversaciones que mantuvieron durante semanas.

«Estoy convencido de que este será el principió del fin de su presidencia», vaticinó ayer el abogado de Stormy Daniels Michael Avenatti. «Están improvisando sobre la marcha y eso acabará mordiéndoles en la cara».

 

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