El perjurio de Cohen podría arrastrar al hijo de Trump y a él mismo

Michael Cohen. /Reuters
Michael Cohen. / Reuters

«Creemos que otros testigos faltaron a la verdad ante este comité», afirmó el demócrata Adam Schiff

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Robert Mueller es un astuto sabueso que trae a la Casa Blanca de cabeza. Esperó a que el presidente Donald Trump le entregase por escrito las respuestas a sus preguntas para presentar ante el juez a su exabogado Michael Cohen, que el jueves se declaró culpable de haber mentido bajo juramento sobre los negocios de Trump en Rusia y ahora puede arrastrarle al delito de perjurio.

El Comité de Inteligencia de la Cámara Baja quiere empezar por su hijo, Donald Trump Junior, que en septiembre del año pasado declaró ante ese comité tener un «conocimiento periférico» del proyecto para construir una Torre Trump en Moscú. «La mayor parte de lo que sé lo he aprendido en las últimas semanas», les dijo. Cohen, sin embargo, dice haber informado periódicamente al presidente y su familia, que ocupan los puestos ejecutivos de Trump Organization.

El primogénito no es el único que habrá perdido el sueño. «Creemos que otros testigos faltaron a la verdad ante este comité», dijo Adam Schiff, el demócrata de más peso en el comité que lo presidirá a partir del 3 de enero, cuando tome posesión el nuevo Congreso. Se refería a Erik Prince, el fundador de la infame cantera de mercenarios Blackwater y asesor informal del presidente, que incluso ha colocado a su hermana como secretaria de Educación y participó en reuniones para establecer canales traseros con el Krenlim durante la transición pos electoral.

Schiff dice que enviará a Mueller transcripciones de esos testimonios bajo juramento por si encuentra algún delito que perseguir, aunque raro sería que el fiscal especial de la trama rusa no los conozca. Más que andar a la caza de pecadillos, Mueller parece estar echando las redes para atrapar al pez gordo. No necesitaba que Cohen se declarara culpable de perjurio para obtener su colaboración ni para meterlo en la cárcel, porque ya se declaró culpable de otros ocho cargos en agosto pasado. Lo que ha logrado con esto es dejar constancia ante un juez de que siguió negociando para Trump Organization la construcción de un rascacielos en Moscú y mantuvo informada a la familia, en contra de lo que esta ha dicho.

Moscú era la última frontera para Trump, «uno de los mercados más calientes del mundo», declaró en 2007, «en el que estaremos en algún momento», prometió, ansioso de ver brillar su apellido sobre un rascacielos de Moscú. Según Buzzfeed, Cohen llegó a ofrecer a Putin la planta más alta de ese edifico, valorada en 50 millones de dólares, sin que se sepa si el presidente fue consciente de esa oferta al no materializarse el proyecto.

La jugada de Mueller cogió por sorpresa a la Casa Blanca, a pesar de que había informado previamente al Departamento de Justicia, donde Trump acaba de poner a uno de sus leales como fiscal general en funciones, tras destituir a Jeff Sessions. Una fuente potencial de desavenencias con Matthew Whitaker, que sin duda intenta preservar la apariencia de integridad al tener que ser confirmado por el Senado para quedarse en el cargo.

El mandatario despertó ayer en Buenos Aires rumiando por Twitter el mazazo de despedida con un proyecto inmobiliario que no ocurrió y que era «perfectamente legal», porque tenía muchas posibilidades de no ganar las elecciones y tener que volver a sus negocios, dijo a la prensa. Al electorado, sin embargo, se lo ocultó, aunque mentir en cámara no esté penado.

 

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