Laura Bush ataca a Trump por separar a los hijos de inmigrantes

Imagen de archivo de Laura Bush. /Reuters
Imagen de archivo de Laura Bush. / Reuters

La ex primera dama se convierte en la voz moral del partido en un tema que ha desatado la indignación del país

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

La tormenta política que ha desatado la política de separación de padres en hijos en la frontera engulló ayer al gobierno de Trump, que reaccionó al ataque, como mejor sabe, armado de mentiras. El presidente de EE UU acusó a los demócratas de la política que su propio fiscal general anunció el pasado 7 de mayo. Desde ese día, cerca de dos mil niños han sido separados de sus padres por la fuerza.

La indignación que han generado los testimonios de congresistas que han visitado a las madres dolientes culminó ayer con la voz serena de la ex primera dama Laura Bush, a la que los estadounidenses no están acostumbrados a oír hablar de política. Sólo que como dijo mismo Hillary Clinton, no hace falta ser padre o haber tenido alguna vez un niño en brazos para dolerse. «Cualquier ser humano con un mínimo de compasión y decencia debería estar indignado», reclamó la excandidata presidencial.

Las historias de horror que escapan de los centros de detención no tienen fin. Madres a las que le arrebataron el bebé por la fuerza mientras les daban el pecho. Padres que se han colgado en su celda, impotentes por haber perdido a sus hijos después de mantenerlos a salvo durante la peligrosa travesía por todo México y Centroamérica. Madres que les dejaron ir para que les dieran «un baño», pero no volvieron a verlos ni después de ser deportadas. El drama es dantesco. «Espantoso», en palabras de Clinton. «Inmoral», en las de Bush.

La voz de Clinton era necesaria, sobre todo en el descabellado momento en el que el presidente de la posverdad culpa de esta crueldad a una supuesta ley de los demócratas que no existe, como puntualizó la excandidata presidencial, pero no pudo competir con el impacto de su sucesora. Es Laura Bush quien se ha alzado como la voz de la conciencia dentro de su propio partido, un día después de que las arbitrarias detenciones salpicaran el Día del Padre en EE UU con historias para no dormir. Con el peso de hablar desde un estado fronterizo que desea ver reforzado, la ex primera dama, madre y abuela, se ubicó entre los «millones» de estadounidenses que ven con horror las imágenes de niños separados de sus padres. «Una auténtica «crueldad», escribió en una columna de opinión publicada en The Washington Post, el periódico más combativo de la era Trump. «Me rompe el corazón», confesó.

En su búsqueda de excusas, mentiras y desmentidos, el gobierno ha llegado a apoyarse en la Biblia para aplicar estas políticas. Algo que el sacerdote jesuita James Martin, director de la revista católica America Magazine, considera «demente».

Al mandatario no le importa. Con esta ola de clamor intenta forzar a la oposición a aceptar una reforma migratoria que le aporte fondos para construir el muro que ha prometido a sus bases. Los demócratas se niegan a aceptar cualquier ley que deje fuera a los 700.000 jóvenes conocidos como «soñadores» a los que el gobierno de Barack Obama ofreció una residencia legal, anulada por Trump. Sin retroceder un paso, el presidente, que hoy se reunirá con los legisladores, juró que bajo su mandado «EE UU no será un campamento de inmigrantes ni instalaciones para refugiados».

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