El poder indio se apellida Gandhi

El poder indio se apellida Gandhi

Durante 47 de los 71 años que han pasado desde que India se independizó, en el Gobierno ha habido algún miembro de la familia Nehru-Gandhi. Ahora, Rahul quiere continuar sumando, arropado por su madre y su hermana

Zigor Aldama
ZIGOR ALDAMA

Si el poder político tuviese un ADN, ese sería el de la familia Nehru-Gandhi. Porque ninguna otra lo ha ostentado durante más tiempo en un régimen democrático. A su lado, los Bush o los Kennedy, con quienes comparte una historia trágica, son meros aficionados. De hecho, para encontrar alguna estirpe que esté a su altura hay que buscar en dinastías de dictadores como la de los Kim, que rige Corea del Norte desde 1948 sin necesidad de que la ciudadanía la legitime en las urnas. No obstante, los indios han otorgado a los Nehru-Gandhi tres de las principales ramas del árbol genealógico que dibuja el poder indio desde la independencia del país, en 1947.

Jawaharlal Nehru, considerado el padre de la patria, fue el primer ministro que inauguró la independencia del país, y se mantuvo en el cargo durante casi 17 años; su hija, Indira Gandhi, tomó el timón en 1980, se convirtió en la primera mujer que lideró India, y podría haber sido primera ministra durante más de los 16 años que estuvo en el cargo si no fuese porque dos de sus guardaespaldas la acribillaron a balazos; fue sucedida por su hijo mayor, Rajiv Gandhi, que gobernó durante poco más de cinco años y corrió la misma suerte: una mujer lo hizo volar por los aires cuando detonó un cinturón lleno de explosivos, en 1991.

Priyanka Gandhi

Con tirón femenino:
La benjamina de la familia tiene 47 años y ha sido la última en saltar a la política. Hasta el pasado mes de febrero no decidió sumarse a la lucha de su hermano para derrotar al actual primer ministro, Narendra Modi. Tiene especial éxito entre el electorado femenino.

Juntos, los tres primeros ministros de la familia Nehru-Gandhi suman 37 años y 303 días al frente de la democracia más poblada del planeta. Pero la mayoría de los ciudadanos indios señalan que se deben añadir los 10 años y 4 días que gobernó Manmohan Singh, porque sostienen que no era más que el títere de la esposa de Rajiv, Sonia Gandhi. No en vano, fue ella quien propuso a Singh después de haber ganado las elecciones como presidenta del Congreso Nacional Indio (CNI), el partido político que ha dirigido el país durante más de medio siglo.

Hace dos años, Sonia cedió la batuta de la formación a su hijo, Rahul Gandhi, que ahora podría volver a poner en marcha el particular contador de la familia. Para ello necesita vencer en las elecciones generales que ha celebrado durante las pasadas seis semanas el país a Narendra Modi, el hombre que en 2014 proporcionó un sonoro bofetón al CNI para lograr un puesto de primer ministro que quiere preservar a toda costa. Pero Rahul no está solo en esta batalla. Además de contar con el apoyo de Sonia, en la maratoniana campaña electoral otra Gandhi está a su lado: después de haberse resistido durante años a seguir con la tradición familiar, su hermana Priyanka sucumbió en febrero a los cantos de sirena de la política.

Sonia Gandhi

La que mueve los hilos:
Nacida en Italia, la madre de Priyanka y de Rahul mueve los hilos en la sombra. Como presidenta del Congreso Nacional Indio, ganó las elecciones en 1991 y 2004, pero en ambas ocasiones rechazó convertirse en primera ministra. Su marido y la madre de este fueron asesinados mientras ostentaban el cargo.

Sin duda, esta última generación activa de los Nehru-Gandhi resulta de lo más peculiar. De hecho, Sonia ni siquiera nació en India. Vino al mundo como Edvige Antonia Albina Maino el 9 de diciembre de 1946 en el seno de una tradicional familia católica de Orbassano, en Italia. Se sabe muy poco de lo que ocurrió durante su infancia, y ella siempre rehúye esa etapa de su vida. Es como si su existencia hubiese comenzado en la Universidad de Cambridge, donde conoció al hombre que cambiaría su nombre y su vida para siempre: Rajiv Gandhi.

Sonia podría haber gobernado en 1991 y en 2004, pero afirmó públicamente que no tenía «hambre de poder». Dicen sus detractores que eso no es cierto, que simplemente prefiere ejercerlo en la sombra a través de un hombre. Su hijo Rahul parece ser el elegido ahora, aunque también ha sido reacio a dar la cara por el partido. «Me enseñaron a jugar en casa de mi abuela dos policías que estaban a cargo de su protección. Eran mis amigos. Entonces, un día asesinaron a mi abuela y me arrebataron el equilibrio en la vida. Anoche mi madre vino a mi cuarto, y lloró. Lloró porque entiende que el poder al que muchos aspiran es en realidad un veneno», justificó durante el discurso en el que, por fin, se perfiló como candidato del CNI a las pasadas elecciones, las que perdió contra Modi hace un lustro.

Rahul Gandhi

Segundo asalto al poder:
A sus 48 años, Rahul busca liderar el país por segunda vez. La moderación de la que ha hecho gala desde que en 2004 logró un escaño contrasta con el belicismo ultranacionalista de Modi. Después del batacazo de las anteriores elecciones, las encuestas le han devuelto la esperanza.

En el segundo asalto que se libra hasta hoy, Rahul ha prometido dar un vuelco al sistema político indio, pero su apellido a veces se convierte en una pesada losa para su credibilidad. Muchos electores se preguntan cómo va a arremeter un Gandhi contra el régimen que su familia ha logrado construir a lo largo de varias generaciones. El propio Modi se despachó a gusto con un golpe bajo dirigido al difunto progenitor de Rahul. «Tu padre acabó su vida como el corrupto número uno», lanzó el actual primer ministro, haciendo gala del carácter agresivo que también demostró cuando calificó a Sonia de «vaca».

Pero el tiro le salió por la culata, porque Rahul le respondió en Twitter con el tono más elegante que le caracteriza. «Modi, la batalla ha concluido. Tu karma te espera. Proyectar tus creencias en mi padre no te protegerá. Todo mi cariño y un abrazo», le atizó Rahul, que ya había advertido de que no caería en las trampas que Modi le tiende para pelear en el barro. Al contrario, él prefiere el duelo de guante blanco, una confrontación de ideas y no de insultos.

Las elecciones interminables

Seis semanas:
El proceso electoral que culmina hoy comenzó el 11 de abril, lo cual lo convierte en el más largo del mundo. Los votos se contarán el próximo jueves y los resultados se conocerán esa misma noche.
Dos kilómetros:
Es la distancia máxima que los votantes censados tienen que recorrer para encontrar una urna donde depositar sus papeletas. Once millones de funcionarios de la Administración india se las acercan incluso en elefante.
879
millones de ciudadanos indios han sido llamados a votar. La participación superó el 67% en los anteriores comicios, en 2014. Elegirán a 543 diputados.
5.000
millones de dólares gastan en la campaña los más de 400 partidos que presentan candidatos. Es el segundo proceso electoral más caro, solo superado por Estados Unidos.

Mientras Modi saca pecho por la incursión militar de India en Pakistán, que elevó la tensión a niveles prebélicos cuando uno de los pilotos indios fue capturado por sus archienemigos, Gandhi prefiere señalar los grandes errores del primer ministro, sobre todo en el terreno económico. «Sus políticas han supuesto un robo para las clases más desfavorecidas y las pequeñas y medianas empresas», disparó durante un mitin Rahul, en referencia a la desmonetización repentina que Modi decretó en 2017 y que abocó al país al caos.

Reparto de papeles

Además, Rahul también cuenta entre sus armas con la popularidad de su carismática hermana. Para entender hasta qué punto es venerada esta mujer de rasgos occidentales, basta con describir lo que sucedió durante un mitin que pronunció la semana pasada en el discreto pueblo de Pratapgarh: los asistentes, sobre todo mujeres, la recibieron con una gigantesca guirnalda de rosas y con una corona que le colocaron en la cabeza. «¿Queréis un primer ministro que hace política creando mártires o que el hijo de un mártir -Rajiv- sea primer ministro?», preguntó, mientras la audiencia coreaba un «¡larga vida a Priyanka!».

Sin duda, el apellido Gandhi es un arma de doble filo. A pesar de que se suele identificar con la élite, el tándem Rahul-Priyanka ha sabido explotar las trágicas muertes de Indira y de Rajiv. Subrayan que por la patria dieron hasta sus vidas, pero también se desmarcan de los numerosos casos de corrupción y de nepotismo que protagonizaron su abuela y su padre. Ellos, recalcan, pertenecen a una nueva generación que promueve la transparencia y la igualdad de oportunidades, dos cosas que en India brillan por su ausencia.

Es el discurso con el que los hermanos Gandhi buscan votos entre la masa desfavorecida que vive a la sombra del desarrollo económico, y que nutre gran parte de los casi 900 millones de indios llamados a las urnas. Afortunadamente para ellos, parece que está teniendo bastante éxito. Él convence a las clases medias y a los moderados -tanto en asuntos de religión como de política-, mientras que ella se ha ganado el corazón de las mujeres. Pero no van a tener fácil alzarse con la victoria. En los últimos comicios, el CNI sufrió su mayor derrota y logró únicamente 44 de los 545 escaños del Parlamento. Aunque ahora las predicciones son más halagüeñas, todo apunta a que ningún partido logrará una victoria rotunda. Por tanto, Rahul tendrá que pactar si quiere que el primer ministro indio vuelva a apellidarse Gandhi.