Los compañeros de los niños atrapados en la cueva de Tailandia: «Se salvarán porque son fuertes»

Aunque preocupadas, las compañeras de colegio del grupo atrapado se muestan optimistas con su rescate./PABLO M. DÍEZ
Aunque preocupadas, las compañeras de colegio del grupo atrapado se muestan optimistas con su rescate. / PABLO M. DÍEZ

No era la primera vez que el entrenador, un antiguo monje budista llamado Ekapol Chantawong, metía dentro de una caverna a los chicos

P. M. DÍEZMAE SAI (TAILANDIA)

La vida sigue en el colegio Prasitsart de Mae Sai, donde estudian seis de los doce niños atrapados desde hace ya dos semanas en una cueva al norte de Tailandia. Tras la conmoción inicial por su desaparición dentro de la caverna, sus alumnos confían en que puedan ser rescatados pronto con vida. «Aunque estamos muy tristes, tenemos fe en que se salvarán porque son fuertes», contaba este viernes a este periódico una niña de 13 años, Chiraphon Wisutthisen, amiga de uno de los muchachos atrapados, Duangpetch Promthep, de su misma edad.

Apodado «Dom», juega de delantero y es el capitán del equipo, donde destaca por su capacidad de liderazgo y su sentido del humor, según dicen sus compañeros. Su técnica es tan buena que, pese a su corta edad, ya se han fijado en él algunos equipos grandes de Tailandia, como el Sukhothai y el Chiangrai United.

Su pérdida el 23 junio, y su hallazgo el pasado lunes, han alterado la vida cotidiana en esta tranquila ciudad fronteriza con Birmania, sobre la que se han posado los ojos del planeta por el angustioso rescate de los chicos y su entrenador, de 25 años. Junto a la entrada a la cueva de Tham Luang, donde se ha montado el campamento de salvamento, el otro epicentro de este drama es la enorme escuela de Prasitsart. Con 3.000 alumnos, este moderno colegio público se ubica en el centro de Mae Sai, junto a la oficina gubernamental, el hospital y un mercado con puestos de helados, chucherías y comida callejera.

Ataviados con pulcros uniformes marrones con pañuelos al cuello como si fueran «boy scouts», los estudiantes salían ayer de clase con la alegría del viernes tarde y la preocupación por el destino de sus compañeros. «Esperemos que todo salga bien y vuelvan pronto, somos optimistas», confiaba otro alumno, Jetsada Wongsakul, de 17 años, que conoce a otro de los atrapados, Panumas Saengdee, de 13. Bajo el apodo de Mick, este juega como defensa en el equipo de «Moo Pa» («Jabalíes»), que suele entrenar en un campo de césped contiguo donde hoy aterrizan los helicópteros del dispositivo de salvamento.

El club

Formado por chavales de minorías étnicas y familias humildes, este club tiene equipos de 13, 16 y 19 años y no solo se dedica a jugar al fútbol. Entre las actividades que organiza para los muchachos destacan excursiones como la que, hace dos semanas, llevó al grupo al interior de la fatídica cueva. No era la primera vez que su entrenador, un antiguo monje budista llamado Ekapol Chantawong, los metía dentro de una caverna, ya que en sus fotos en Facebook aparece junto a los chicos bañándose en cascadas y haciendo rutas en bicicleta.

Aunque se ha especulado con que podía ser acusado de negligencia porque estaba prohibido entrar en la cueva en época de monzón, la prioridad ahora es sacarlos a todos con vida. Para que sigan disfrutando del fútbol, la FIFA ya los ha invitado a la final del Mundial. Ojalá puedan ir.

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