Los médicos retrasan el alta del presidente de Brasil

Bolsonaro participa en una reunión de gobierno por videoconferencia desde el hospital./REUTERS
Bolsonaro participa en una reunión de gobierno por videoconferencia desde el hospital. / REUTERS

La salud de Bolsonaro y los opacos informes sobre su estado desatan las especulaciones y el temor en el país

MARCELA VALENTECorresponsal. Buenos Aires

Una semana después de haberse sometido a una intervención quirúrgica en el abdomen, el presidente Jair Bolsonaro reaviva en Brasil el trauma del fallecimiento del presidente Tancredo Neves en 1985 sin haber asumido el cargo. La inquietud surge a raíz de partes médicos escuetos y preocupantes que se divulgaron en ambos casos y que parecen siempre más empeñados en negar las complicaciones que en informar de ellas.

Ayer por la tarde -a pesar de que durante el día se había difundido un mensaje en Twitter desde la cuenta del mandatario en el que él mismo aseguraba que sus funciones estaban «volviendo a la normalidad»- el asesor de presidencia Otávio do Rego Barros admitió que el alta no será el miércoles como se preveía sino al menos en una semana.

El funcionario explicó que Bolsonaro debió ser sometido a un tratamiento con antibióticos tras presentar una elevación de temperatura y la alteración en exámenes de laboratorio, concretamente un aumento de leucocitos, lo que sugiere algún tipo de infección.

El mensaje del presidente por Twitter había sido acompañado de un video en el que se ven dos piernas cubiertas de vendas ejercitándose con un aparato de ortopedia en la cama de un hospital. El texto indica que Bolsonaro continuaba «fortaleciéndose para que podamos volver lo más rápido posible». El presidente está en el Hospital Israelí Albert Einstein de Sao Paulo, en una unidad de cuidados «semi-intensivos» remarcó el asesor.

Las complicaciones comenzaron a conocerse el sábado, cuando se conoció que el presidente tuvo náuseas y vómitos. Hubo que hacerle una punción para retirarle líquidos y colocarle un drenaje además de tratarlo con un antibiótico de amplio espectro para la infección.

Neves y Sarney

Neves fue el presidente elegido en 1985 tras 21 años de régimen militar. Estaba previsto que jurase el 15 de marzo, pero en la madrugada de ese día fue intervenido de urgencia de la inflamación de un divertículo. Las complicaciones no cesaron a lo largo de casi 40 días en los que el presidente electo debió ir al quirófano otras seis veces. A pesar de la gravedad del cuadro los partes eran siempre optimistas.

El paciente estaba en condiciones «excelentes» o su estado era «satisfactorio», su evolución parecía siempre «normal» o «buena» y todas las dificultades eran colocadas dentro del rango de lo esperable. Neves tuvo neumonía, hemorragia y oclusión intestinal, insuficiencia renal, cardíaca, pulmonar. Agonizó conectado a aparatos. El 21 de abril se declaró su muerte. El vicepresidente y presidente interino, José Sarney, gobernó todo el período.

Con Bolsonaro, los partes sucintos de los médicos y el voluntarismo de su entorno evocan -quizás injustamente- aquel proceso que quedó grabado en la memoria brasileña. El actual presidente fue objeto de un atentado a puñaladas en el abdomen cuando hacía campaña en septiembre de 2018. El ataque obligó a realizarle dos operaciones de emergencia que derivaron en la colocación de una bolsa de colostomía. Después, Bolsonaro ganó las elecciones y asumió la presidencia, pero en menos de un mes debió ser internado para una tercera intervención.

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