La última batalla del Machu Picchu

Perú se enfrenta a las demandas de dos familias por la posesión de los terrenos donde se asienta esta joya histórica

Una turista fotografía el paisaje único de Machu Picchu, considerado como una de las maravillas del mundo. /GALO MARTÍN
Una turista fotografía el paisaje único de Machu Picchu, considerado como una de las maravillas del mundo. / GALO MARTÍN
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Es una de las maravillas del mundo. Un rincón único. Lugar de peregrinación de millones de personas. Y, últimamente, motivo de peleas. Dos familias, Abrill y Zabaleta, tienen interpuesta una denuncia contra el estado peruano por una reclamación sobre la propiedad de los terrenos en los que se asienta el santuario de Machu Picchu, Patrimonio de la Humanidad desde 1983. Allí donde los incas edificaron el centro religioso, ceremonial y también residencial más importante del imperio inca, hoy es noticia por una trifulca que promete aún más capítulos. Tomen asiento y no se pierdan la telenovela.

Cuando el imperio inca dejó de iluminar el mundo, los terrenos se compraron y vendieron en múltiples ocasiones durante un periodo de más de 300 años. Pero los verdaderos problemas comenzaron a principios del siglo pasado, cuando el explorador estadounidense Hiram Bingham, que dio a conocer Machu Picchu al mundo, llegó a Perú dispuesto a encontrar «la última capital inca». Era 1911.

Los terrenos pertenecían a un terrateniente llamado Mario Ignacio Ferro. Cuando este murió, su hija Tomasa heredó 22.000 hectáreas de fincas entre las que se encuentra la zona hoy protegida por la Unesco. Tomasa se casó con un abogado, José Emilio Abrill, y son los ascendientes de una de las familias que hoy reclaman la posesión del lugar.

Tres postales diferentes del paraje inca, donde se aprecian el lugar, el detalle y hasta los animales que pueblan el terreno.

Carrera judicial

El combate de verdad arrancó en 1940, cuando la familia Zavaleta compró el 80% de los terrenos a los Abrill, pero no el propio Machu Picchu ni otras cuatro ciudadelas que había cercanas. La intención de Tomasa y su marido era la de llegar a un acuerdo con el estado peruano para vender los terrenos. Un acuerdo que, según sus descendientes, nunca se firmó.

La intención de la familia Abrill era llegar a un acuerdo con el estado peruano para vender los terrenos pero, al parecer, nunca se firmó

A partir de ahí dio incio la carrera judicial, donde el protagonismo se lo llevan los bufetes de abogados, las declaraciones y las plegarias a la Justicia. Aunque la demanda de la familia Abrill aún está en los juzgados de Cuzco, ya hay dos sentencias que indican por donde puede ir el fallo. La familia Zavaleta ha perdido los dos primeros juicios por la posesión de las miles de hectáreas compradas en los años 40, en primera instancia y la apelación, pero han recurrido el caso a la Corte Suprema peruana. La guerra continúa. Hay partido.

Seguro que los millones de turistas que arriban cada año a esta joya peruana desconocen esta feroz disputa por esta especie de 'derechos de imagen' del siglo XXI...