Lesbos, te han dejado sola. Eres la trastienda de Europa

La experiencia de una periodista que vuelve un año más tarde a la isla

BEATRIZ CAMPUZANO

Lesbos, en qué te has convertido. Yo no te recordaba así. Cómo has cambiado en un año. Antes, eras esperanza. Ahora, eres tan fría, tan gris, tan todo y a la vez tan nada. Te has quedado vacía mientras te llenabas, te han hecho ser lo que no querías: una cárcel. Acoges como puedes a miles de personas que huyen de la guerra, de dictaduras y del hambre. Dime tú, qué queda del anhelo de quienes llegaban a tu costa el año pasado en busca de tu ayuda. Eras su primer paso hacia la libertad. Y ahora, mírate. Mira Moria y párate a pensar. Contempla el cementerio de chalecos naranjas y reflexiona sobre esa montaña. Lee lo que se dice de ti. Te han dejado sola, eres la trastienda de Europa. Ellos no quieren verte, pero yo te veo.

¿Cómo ayudar?

Proemaid Donaciones online
Cruz Roja Ayuda a refugiados
Médicos sin fronteras Donar
Save the Children Ayuda a los niños refugiados
Unicef Emergencia en Siria

Lesbos, he entrado en ti. Te conozco bien. Me he sentado en tu orilla, he respirado ese aire fresco cargado de solidaridad, he esperado a los botes de noche frente a la hoguera para calentarme junto a voluntarios de todo el mundo, te he recorrido de norte a sur y me he topado con lo mejor del ser humano. Sí, todo eso en ti. En tus 1.632 kilómetros cuadrados. Sabes que me he metido en tu agua con quienes salvan vidas, que he sentido miedo pensando en qué pasaría si ellos no estuvieran allí y los refugiados se quedaran solos. ¿Qué harías tú sin esas manos? Son tu alma.

Lesbos, esta vez te he sentido tan cerca y a la vez tan lejos. Qué han hecho contigo, me he preguntado paseando por tus calles. Qué futuro les depara a quienes llevan meses esperando tener una respuesta sobre su situación legal, por qué no se les acompaña psicológicamente. Acaso nadie se ha dado cuenta de que alguien que ha visto cómo matan a su familia, ha viajado solo y entregado su vida la suerte ya no tiene nada a lo que aferrarse. Me he roto, una vez más. Me has roto, pero esta vez ha sido distinto.

Lesbos, has soltado las costuras de mi vida poco a poco. Sin prisa. Has hurgado en la cicatriz que dejaste el año pasado. No has esperado, no has tenido piedad y me has presentado historias desgarradoras. Has hecho que me siente en el suelo a escuchar cómo una mujer contaba cómo el ISIS le cortó el cuello a su marido delante de ella y de sus tres hijos, cómo cruzó con ellos en brazos, cómo es vivir en Turquía, los intentos por cruzar y llegar a ti, los guardacostas, los rezos, el sujetar a sus hijos porque los tiraban al agua, el hospital, Moria... Ella no olvida. Ya no tiene Mosul. Tiene Lesbos. Te tiene a ti o eso pensaba ella. Pero tú no puedes más. Y, ¿qué culpa tiene ella?

Más

Lesbos, has hecho que se me acelere el corazón, que cogiera aire, respirara lento y apartara la vista. Tú sabes el porqué. He observado el cuaderno, he sentido cómo mi cabeza se colapsaba mientras las palabras se peleaban por salir, se me han dormido los pies pero se me ha despertado el alma. Esta vez no llores, he pensado, por favor, aguanta. He intentado escribir ya no sabía ni el qué. Me han confiado su vida para contarla. ¿Eso es vida? Menuda vida. Pero y si sirviera para algo y todos te ayudásemos. Ay, Lesbos, ojalá te abrieran las puertas.