Zaporeak reparte las 1.300 primeras comidas en Lesbos

La nueva cocina que ayer estrenaron los guipuzcoanos ya está a pleno rendimiento en las afueras del campo de refugiados de Moria

Estrella Vallejo
ESTRELLA VALLEJO

Menestra de verduras, pollo al chilindrón, una naranja y pan de pita. Este fue el menú que elaboraron los miembros del Proyecto Zaporeak para los refugiados del campamento de Moria, situado en la isla griega de Lesbos. Fue el primero que cocinaron en la nueva cocina en la que llevan nueve meses trabajando y que ayer permitió alimentar de manera digna a 1.300 mujeres y niños.

Sobre las siete y media de la tarde arrancó el reparto, que se alargó hasta pasadas las diez de la noche. En las nuevas instalaciones, que están situadas a escasos 500 metros del campo, las personas que tienen autorización para acceder al servicio fueron haciendo cola de manera individual o en familia para coger su ración y, posteriormente, regresar a su tienda en el interior de Moria.

La calidad de la alimentación que reciben las 10.000 personas que llevan cuatro años malviviendo en el campo, cuya capacidad real es de 2.000, deja mucho que desear, asevera desde Grecia el fundador de Zaporeak, Peio García Amiano, que lleva años siendo testigo de cómo las basuras de los campos acumulan raciones «incomibles» de comida. «El compromiso era empezar a dar de comer en el proyecto Team Humanity, y una vez vista la cantidad de personas refugiadas y la necesidad que haya, la cifra de 1.300 raciones puede aumentar», señala.

Arriba, refugiados haciendo cola para recibir la ración de comida. Abajo, Peio García Amiano y su equipo reparten comida. / DV

Nueve largos meses han pasado desde que Zaporeak llegó por primera vez a Lesbos. Fueron a la isla para hacer frente a una situación de emergencia ocurrida en el campo de Pikpa. Desde entonces los voluntarios de han estado trabajando para legalizar su situación en Grecia y conseguir el local donde instalar la nueva cocina.

Han repartido la primera comida, la primera de las muchas que vendrán después. Reconocen lo ilusionante del proyecto, pero no ocultan que preparar diariamente más de mil raciones tiene un gran coste. Amiano vuelve a subrayar el carácter solidario de los vascos, y confía en que así siga siendo para poder mantener la labor que han venido desarrollando hasta ahora.

Además de este proyecto, los guipuzcoanos tienen abiertas varias vías más de actuación en Lesbos. Tienen la posibilidad de colaborar con el proyecto de No Border Kitchen, preparando otras 200 raciones más, y ya han iniciado conversaciones con el director del campo de refugiados de Moria para ofrecer una comida complementaria a colectivos vulnerables, que dentro del recinto viven apartadas para preservar su seguridad. Esta iniciativa permitiría alimentar a otras 1.000 personas entre niños enfermos y mujeres embarazadas. «La situación, el trabajo y la capacidad definirán la cantidad de raciones que se cocinarán», apuntan.

Voluntarios

En el primer grupo de voluntarios siete personas componen el equipo Zaporeak, «y tres de ellas fueron las que dieron la primera comida también en Chios», señala Peio, quien añade que pese a haber transcurrido ya tres años desde que aquel primer contacto en un escenario nada agradable, continúan «con la misma ilusión y ganas de seguir ayudando a las personas refugiadas».

De ahora en adelante, serán en grupos de cuatro voluntarios los que se encargarán de administrar las raciones durante tres semanas en la isla griega. Aunque no descartan que si el volumen de comidas aumenta tengan que reforzar los equipos. Es por ello, que el proyecto tiene disponible en su página web (zaporeak.eus) un formulario para rellenar en caso de querer colaborar.