La zanahoria gigantesca hallada en una huerta guipuzcoana: «Cuando la desenterré no me lo podía creer»
Matías Cid explica cómo ha conseguido una cosecha de verduras tan irregular como excepcional en su terreno de Urretxu
J. Falcón
Lunes, 1 de diciembre 2025
Matías Cid sigue sorprendido días después por el hallazgo en su pequeña huerta de Urretxu. Como puede verse en la imagen sobre estas líneas, la zanahoria recolectada no es nada común ni por el tamaño, ni por la forma ni por el peso, 1.091 gramos. Más de un kilo de hortaliza que de momento almacena en su frigorífico este calderero jubilado.
«Nunca había recogido ninguna de más de 600 gramos así que está llamando la atención de todos los que la han visto, nos tiene a todos alucinando», explica. Sobre los motivos de tan extrañas dimensiones, señala que quizá se deba a que en su huerta ecológica ha plantado pocas zanahorias «y están más separadas». Quizá este espacio extra lo han aprovechado estas verduras para explayarse bajo tierra y ofrecer formas más irregulares. «Cuando la desenterré no me lo podía creer».
El aspecto, claro está, también ha llamado mucho la atención, pese a que en la foto no se aprecia toda su extrañeza. «Por detrás tiene una forma similar», añade Cid. En todo caso ahora servirá para acompañar sus ensaladas rallada. «La tengo en la nevera y la consumiremos pronto porque de otra forma se arrugaría y mermaría», aclara. En alguna ocasión las congela, pero esta vez no será así y quizá también le de para elaborar hummus.
Una lechuga casi extinguida
Sin embargo Matías, de 68 años, está más orgulloso aún de otro de sus cultivos, la desconocida lechuga Martina que tiene sus orígenes en la montaña alavesa y que casi se extingue hace unos años. «Somos varios los aficionados a las huertas que tratamos de que no se pierda, es una variedad entre morada y verde, muy temprana y delicada, ya que el sol del verano la quema», explica. Añade una explicación sobre las ventajas culinarias de esta verdura que no puede encontrarse en establecimientos comerciales: «está muy rica y suave, es muy tierna».
Matías pasa «un rato cada día» en esta huerta cercana al caserío Txakolingoa de Urretxu, una zona en la que también se han dado tomates de gran tamaño que han llegado casi al kilo y medio. Ya jubilado de su oficio de calderero, y visitante habitual de su tierra natal en Zamora, lamenta que de vez en cuando también tiene algún disgusto. «Los cacos suelen pasar también por las huertas y te van quitando cosas, una vez incluso 200 puerros de golpe que calculo que sería para venderlos», recuerda.«Y eso que a cualquiera que me pida una lechuga o un tomate se lo regalo encantado».