Voluntarios con los pies en la tierra

Beñat Benítez, voluntario de Hezkide, y Begoña Rodríguez, de Afagi. / FOTOS: MÓNICA RIVERO
Beñat Benítez, voluntario de Hezkide, y Begoña Rodríguez, de Afagi. / FOTOS: MÓNICA RIVERO

Guipuzcoanos visibilizan en Donostia su colaboración con las ONG

SARA ECHEVARRIA

Son personas con ganas de colaborar, solidarias y comprometidas. No van a cambiar el mundo sino a aportar su granito de arena para poder tener una sociedad más justa, igualitaria y en la que todas las personas tengan apoyos. «Es fundamental comprender que cualquier voluntariado consiste colaborar no en ayudar», declararon ayer Beñat Benítez, Begoña Rodríguez y María, tres voluntarios que acudieron a la actividad organizada por Sareginez, la red de entidades de voluntariado de Gipuzkoa) en Donostia con motivo del Día Internacional del Voluntariado.

Bajo el lema 'Siembra Voluntariado', decenas de cooperantes guipuzcoanos dieron visibilidad y reconocieron los beneficios que proporcionan a la sociedad los voluntarios de las organizaciones. Como acto simbólico, sembraron semillas y además escribieron mensajes que colgaron en un árbol. «Yo soy voluntaria porque me ayuda a mantener los pies en la tierra», afirmó María, una colaboradora del Teléfono de la Esperanza. Comenzó hace treinta años en el mundo de la cooperación, porque no comprendía muchas cosas que pasaban en el mundo y quiso buscar respuestas. Viajó por Latinoamérica y la India, pero «llegó un momento en el que, por circunstancias, tienes que estabilizarte en un lugar» y decidió regresar a Gipuzkoa, lugar donde afirma que «también hay una gran labor que hacer». Fue entonces cuando empezó en la organización en la que ahora colabora, en la que tiene la labor de escuchar de forma activa y anónima a todas las personas que llaman «porque necesitan hablar y muchas veces no tienen con quién hacerlo».

Begoña, una voluntaria que lleva cinco años en Afagi, la Asociación de apoyo a familiares de personas con alzhéimer, explicó que aunque muchas personas le agradezcan su labor, la primera beneficiaria es ella. Esta mujer de casi 70 años llevaba mucho tiempo en contacto con la asociación porque su marido padecía de la enfermedad, pero cuando se liberó, decidió entrar como voluntaria. «No solo ayudo a los demás, me ayudo a mí misma, es un toma y daca», contó Begoña. Además, «el hecho de compartir con personas que están o han estado en la misma situación que tú hace que te sientas parte de algo», añadió. Pero, sin duda, ella es voluntaria porque «el reconocimiento emocional que te llevas no tiene precio».

Beñat, un zarauztarra de 24 años, comentó que su voluntariado es «algo diferente». El joven colabora con Txipristin y Hezkide Eskola, dos asociaciones de ocio para menores. Su labor es transmitirles «unos valores fundamentales y necesarios» a niños de 9 a 16 años, pero «de forma diferente a la tradicional». Con estas actividades intentan «ponerles el mundo patas arriba a los chavales y sacarles de la rutina». Por ejemplo, evitan caer en el tópico de jugar a fútbol, «preferimos llevárnoslos un par de días al monte de convivencias». «Nosotros les ofrecemos unos valores y, el día de mañana, ellos serán quienes decidan si aplicarlos en su vida, pero por lo menos los tendrán ahí», añadió.

 

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