«Vivir del caserío es difícil, pero no imposible»
Baserritarras. Joseba Andueza y Eñaut Urkola, de la 'nueva generación' del primer sector en Gipuzkoa, sostienen que la actividad agraria necesita apoyo y reconocimiento para su continuidad
En los caseríos, donde el ritmo de vida aún lo marcan la luz del día y el trabajo con los animales, conviven la herencia de generaciones que han hecho del baserri su forma de entender el mundo con quienes buscan adaptarlo a un modo de vida distinto. El congreso Gure Lurra, que se celebra este jueves en el Kursaal, reúne a voces del ámbito rural y urbano en un diálogo más necesario que nunca. Una reivindicación de los oficios de siempre, pero también de nuevas figuras que toman el testigo, de los programas que facilitan el relevo y de las decisiones personales que, pese a todo, mantienen viva la esencia del arduo trabajo del primer sector.
Entre esas historias se encuentran quienes han decidido dar continuidad a lo aprendido en casa. Para muchos, el vínculo con el caserío se forja desde pequeños, en los prados y entre animales, y lo que en un principio era «un juego», algo que hacían como aficionados y que termina convirtiéndose en una vocación. No todos siguieron un camino lineal: algunos probaron los estudios en otros ámbitos y carreras; otros la industria, el trabajo fuera de casa y sus horarios estables, «porque parecía lo lógico», pero la experiencia, lejos de convencerles, les reafirmó en algo que hoy repiten sin dudar: «He probado a trabajar fuera, pero al final me quedo en el caserío». Es la principal conclusión a la que llegan muchos de los 'nuevos' baserritarras. Incluso quienes hoy por hoy compaginan un trabajo externo con las labores rurales.
Sin ir más lejos, es la principal reflexión de Joseba Andueza, vecino de Legazpi, cuya vida está marcada por el arraigo al baserri porque, al igual que su padre, también pastor, se ha criado entre prados. Tanto que decidió construirse su casa al lado del caserío familiar para no romper el vínculo con la tierra. Durante años ha compaginado el caserío con un empleo a tiempo completo en una fábrica. ««Vivir del caserío es difícil, pero no imposible», reconoce el legazpiarra. De hecho, «es en parte lo que hace que muchos nos hayamos tenido que buscar la vida fuera».
Ayudas para compaginar
Este año, sin embargo, ha encontrado un respiro, un soporte gracias a la figura del 'Baserritar Misto Profesionala', una iniciativa que permite compaginar media jornada en la industria con la actividad agraria, además de incluir una ayuda económica. «Me enteré a principios de año, me informé y me apunté porque me parecía una ayuda real, de verdad», explica. Desde junio divide sus días entre la fábrica y la atención a su manada de vacas de carne: «Ahora puedo organizar mejor el tiempo. Y, sobre todo, seguir en el caserío sin tener que renunciar a una estabilidad».
Pero los retos siguen ahí. «Ahora solo del caserío sería difícil vivir», insiste. Aun así, es una apuesta personal, porque reconoce, «es lo que he hecho siempre». También incluye el peso de la herencia familiar, porque «en parte, la mayoría seguimos aquí porque hemos tomado el relevo de nuestros padres y abuelos. Empezar de cero hoy sería muy complicado». No obstante, entre eso y estas ayudas, se nos hace un poquito más fácil seguir siendo baserritarras», explica Andueza.
Su caso enlaza con la historia del joven Eñaut Urkola, de Villabona, un joven que también lucha por hacer del mundo agrario su profesión. Él no nació en uno, pero pasó parte de su infancia entre los de sus aitas, ambos sí nacidos en caserío, que acabó sintiéndolo como propio. «De pequeño iba muchísimo tanto al del aita como al de la ama. Primero a ayudar y por hacer algo… y luego porque me gustaba y porque es lo que me sigue gustando», justifica Urkola.
«La mayoría estamos aquí porque hemos tomado el relevo de nuestros padres y abuelos. Empezar de cero ahora no sería fácil»
Joseba Andueza
Baserritarra de Legazpi
«En un futuro no sé si será posible, pero hoy en día me dedico al 100% al caserío, es lo que me gusta y por lo que voy a luchar»
Eñaut Urkola
Baserritarra de Villabona
Su formación apuntaba en otro sentido. «Primero hice Magisterio y luego un grado superior en Mecanizado. Ambas tenían salidas laborales, pero cada vez que me imaginaba mi futuro, no me veía dentro de una fábrica», admite. La decisión de apostar por el primer sector, y convertirse en relevo de un ganadero a punto de jubilarse, llegó acompañada de una reflexión: «Me da pena ver que es un trabajo que no está valorado, que no se reconoce lo suficiente. Pero yo quiero vivir de esto y es mi apuesta. Así lo siento», reflexiona.
El programa Trebatu, centrado en facilitar el relevo en explotaciones agrarias, fue «la clave» que necesitaba. Gracias a él, Urkola está a punto de quedarse con dieciséis vacas de leche. «Es un paso enorme. Hoy día me dedico 100% al caserío. En un futuro quién sabe, pero ahora gracias a Trebatu me lo puedo permitir, y es algo que me trabajo día a día».
Su mirada hacia el futuro del baserri es clara: «El caserío sigue siendo posible si hay voluntad y si existen herramientas para que la gente joven —o no tan joven, simplemente emprendedores— pueda dar el paso». Para él, como para tantos otros, tradición y futuro conviven. La cuestión, dice, es que «alguien quiera seguir».
Gure Lurra reúne este jueves en el Kursaal a expertos y a baserritarras para hablar de la vida rural
La octava edición del congreso Gure Lurra se celebra este jueves en el Kursaal de Donostia, uniendo lo rural y lo urbano. Bajo el lema 'Gure sustraiak: atzo, gaur eta bihar', la jornada incluye conferencias, mesas redondas y testimonios de baserritarras para debatir sobre la actualidad y los futuros retos del primer sector con la participación de la diputada general Eider Mendoza, la escritora Elsa Punset y el periodista Eugenio Ibarzabal. El programa también aborda análisis históricos, experiencias familiares en el ámbito rural y debates sobre sostenibilidad.
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