«Vivir en la calle es muy duro, nadie quiere ayudarte»

Un centenar de voluntarios culmina de madrugada el recuento de personas sin techo realizado en Donostia. Los problemas por su adicción a las drogas han llevado a Borja, beasaindarra de 21 años, a dormir en un cajero

Borja no tiene más pertenencias que una mochila. Durante el día vaga por las calles de Donostia y por la noche duerme en un cajero junto a otro compañero. /Arizmendi
Borja no tiene más pertenencias que una mochila. Durante el día vaga por las calles de Donostia y por la noche duerme en un cajero junto a otro compañero. / Arizmendi
Aiende S. Jiménez
AIENDE S. JIMÉNEZ

Son las once de la noche. Un joven deambula por el barrio de Gros, en Donostia, pidiendo prestado un móvil para poder realizar una llamada. En una servilleta lleva apuntada la dirección del centro de acogida para personas sin techo situado en Ategorrieta. Hace una semana que duerme en la calle y por primera vez alguien le ha hablado de un lugar donde poder guarecerse. Quiere saber si sigue abierto y si queda un sitio para él. Consigue llamar, pero no tiene suerte. Esta noche tendrá que volver a pasarla al raso, como otros muchos.

La de Borja es tan solo una de las historias que hay detrás de cada persona sin techo, porque no hay una igual, no existe un patrón. Un desahucio, las malas compañías, las drogas, una patología mental, la ruina económica... Son muchas las razones que llevan a una persona a dormir en la calle. Para conocerlas y realizar un diagnóstico de la situación de los sin techo en Euskadi, cada dos años el colectivo Kale Gorrian elige un día para, ayudado por voluntarios, realizar un recuento de las personas que pernoctan en la calle. Ese día fue ayer. DV acompañó a un grupo del centenar de voluntarios que se ocuparon de recorrer las calles de Donostia.

Los cartones sirven para aislarse del frío del suelo.
Los cartones sirven para aislarse del frío del suelo.

Cuando uno se imagina cómo será su vida en el futuro, entre todos los escenarios sobre los que fantasea nunca aparece el de acabar durmiendo en la calle. Tampoco para Borja, y sin embargo, a sus 21 años, duerme en un cajero en Donostia. Hace unos meses lo hacía bajo el techo de una celda en Martutene. A pesar de su juventud, su adicción a las drogas le ha llevado a cometer muchos errores, tantos que sus padres, impotentes e incapaces de reconducir su situación, le echaron de casa hace una semana. Desde entonces vaga por las calles y se alimenta de los restos de comida que quedan en los bares al final del día.

Tiene un marcado acento gallego, pero Borja asegura que es de Beasain. Hasta dice unas palabras en euskera para demostrarlo. «Me he juntado a tantos gallegos por la 'coca' que se me ha pegado mucho el acento», se excusa. Ya en la adolescencia empezó a manifestar graves problemas de conducta, acentuados por su temprana relación con las drogas. «He estado muy muy enganchado a la cocaína», reconoce. Una adicción que le llevó a tener problemas con la justicia, por los que acabó ingresando en prisión. «He pasado varios meses en la cárcel, y allí me he enganchado a las pastillas». Una espiral de autodestrucción que ha acabado dejándole en la calle.

«Cuando veía a gente en la calle pensaba que podían trabajar, pero desde fuera es muy fácil hablar»

La primera noche conoció a un vagabundo al que le preguntó por un lugar donde dormir. «Me dijo que él dormía en un cajero y que me podía echar a su lado», cuenta Borja. «Vivir en la calle es muy duro, mucho más de lo que la gente piensa», asegura. El de Beasain reconoce que la experiencia le ha servido para eliminar los prejuicios que tenía sobre las personas sin hogar. «Yo les veía y pensaba que podían buscarse un trabajo en vez de estar así, pero no es tan sencillo. Es muy fácil hablar desde fuera, pero estar sin nada es muy jodido. Yo solo llevo una semana durmiendo en la calle y ya he perdido 8 kilos». Lamenta además que su nuevo 'estatus' le haya privado de recibir empatía por parte del resto de personas. «Nadie quiere ayudarte, la gente te mira mal porque creen que les vas a robar o atacar. Ya no queda gente buena», afirma.

Un diagnóstico

En la noche de ayer, centenares de voluntarios recorrieron las calles de distintos municipios guipuzcoanos en busca de personas como Borja. En esta ocasión, el conteo en Gipuzkoa se llevó a cabo fueron Arrasate, Bergara, San Sebastián, Eibar, Errenteria, Hernani, Irun, Legazpi, Oiartzun, Pasaia y Tolosa. En total, participaron 27 localidades en todo Euskadi. En Donostia participó un centenar de voluntarios. El objetivo, además de obtener un censo, es obtener información sobre cómo viven estas personas, qué edad tienen, cuánto tiempo llevan viviendo en la calle, si están enfermas, si consumen drogas...

La iniciativa Kale Gorrian se llevó a cabo en 27 municipios vascos, 11 de ellos guipuzcoanos

En el último recuento del año 2016 realizado en nueve municipios del territorio se contabilizaron un total de 86 personas durmiendo en la calle, la mayoría en Donostia (44) y en Irun (17). La cifra total en todo Euskadi ascendió a las 285 personas, 34 más que en 2014. No obstante, las organizaciones sociales e instituciones que integran la iniciativa Kale Gorrian son conscientes de que ofrece una 'foto fija' que no refleja la realidad total del sinhogarismo Euskadi, ya que el número de personas que duerme en la calle cambia cada día. Depende de numerosas variables, como la meteorología o la propia movilidad de este colectivo.

Aún así, el informe que se elabora a través de estos recuentos sirve para que las administraciones tengan un retrato aproximado sobre el que poder tomar medidas de cambio o mejora de los recursos de atención.

Una buena oportunidad «para ayudar a los demás»

Mientras fuera muchos disfrutaban del pintxo pote o se preparaban para el jueves universitario, en el Ayuntamiento de Donostia un centenar de voluntarios se organizaba para una noche intensa. Bajo su responsabilidad, contabilizar el número de personas que duermen en la calle. Algunos primerizos, otros veteranos, se organizaban en grupos según la zona de la ciudad a peinar que se les había asignado.

Entre los grupos, muchas caras jóvenes, entre ellas una buena representación del primer curso de Integración Social de Nazaret. «Nos comentaron los profesores que podíamos hacer esta actividad y nos pareció una buena oportunidad de ayudar a los demás, que es para lo que nos queremos formar», explicaban Andoni Iriondo y Ane Pérez, ambos de 18 años y vecinos de Errenteria.

Para Lide Lizarraga el de ayer fue su tercer recuento. Es educadora social y trabaja en pisos de emancipación, con jóvenes que en ocasiones llegan de vivir en la calle. «Creo que mi experiencia puede ayudar y también me sirve para conocer la realidad que se vive en la calle. Es muy enriquecedor», afirmó.

Tras más de una hora de planificación, todos los grupos partieron hacia su zona de rastreo. Una noche no muy fría pero sí muy húmeda en la que el objetivo era actualizar el mapa del sinhogarismo en Donostia.

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