«Hasta ahora veíais mi pitilín, ahora veis mi corazón»

Itziar Alonso, Abi Labaien y Aitor Marchueta. / LUIS MICHELENA
Itziar Alonso, Abi Labaien y Aitor Marchueta. / LUIS MICHELENA

Los cursos de verano sobre transexualidad infantil y juvenil contaron con el testimonio de la madre de una niña transexual

PABLO GUILLENEA SAN SEBASTIÁN.

«Soy madre de tres niños con pene y una niña con pene». Abi Labaien relata así la historia de la transición de su hija. Lo hace frente a un aula repleta en el Palacio de Miramar, donde se celebra el Curso de Verano sobre transexualidad en niños y jóvenes. Este testimonio, desgarrador a ratos y que emocionó a todos los asistentes, «es imprescindible», dijo Aitor Marchueta, profesor de la Facultad de Educación, Filosofía y Antropología de la UPV/EHU, para «generar conocimiento a través de relatos de realidades de vida, algo imprescindible para seguir desarrollando estrategias que protejan a estos niños en su infancia».

Abi explicó que primero sintieron «rabia» por tener que enfrentar una situación, la de una menor en situación de transexualidad, que supone «romper todos los esquemas mentales» que tenían y poner «de un plumazo patas arriba» sus vidas. Pero también un «gran alivio», tanto para la familia como para la propia Lucía, al comprender y aceptar la situación. «Cuando le explicamos a Luken que existen niñas con pene y niños con vulva se le dibujó una sonrisa en la cara y se alegró mucho», explicó Abi, algo en lo que insistió también Aitor Marchueta, que recordó que «los estudios indican que el tránsito, así como el apoyo social y familiar, influyen positivamente en la ansiedad y depresión».

Fueron sus propios hermanos los que pronto propusieron el nombre Lucía para su hermana Luken. La niña se pronunció con rotundidad poco después: «Quiero que me llamen Lucía, estoy preparada para las burlas». Con la ayuda de una profesora del centro escolar y de Aingeru Mayor, presidente de Chrysallis Euskal Herria -que ofreció charlas a padres, madres y profesores acerca de la transexualidad infantil para sensibilizarlos-, se logró una gran aceptación tanto en el colegio como en el resto del pueblo, cuya empatía destacó y agradeció ayer la madre. «Hasta ahora veíais mi pitilín, ahora veis mi corazón». Así se abrió Lucía por primera vez a sus compañeros, que ya la aceptan en su diversidad.