«La gente nos rechaza porque nos tiene miedo»

Tres guipuzcoanos con trastorno mental severo hablan sobre los estigmas y sus derechos | Desde hace diez años la Cruz Roja trabaja para la reinserción de quienes sufren estas patologías en la unidad de rehabilitación que tiene en Donostia

Aiende S. Jiménez
AIENDE S. JIMÉNEZSan Sebastián

Quienes han pasado un tiempo ingresados en un hospital psiquiátrico afirman que durante ese periodo todo se detiene. El tiempo pasa, el reloj sigue corriendo, pero su vida se queda en un 'in pass'. Así recuerda Mikel Aranburu, beasaindarra de 48 años, los cuatro años que estuvo en el Hospital Aita Menni de Arrasate, al que llegó después de sufrir un brote psicótico. «No hacía nada, fue un tiempo perdido. Iban pasando los días y seguía allí metido. Otros compañeros llevaban más de diez años y me horrorizaba pensar, ¿Y si a mí me pasa lo mismo?¿Y si no me recupero y nunca salgo de aquí?». Hace ya seis años de aquello, y Mikel vive ahora en Irura junto a su pareja en un piso de alquiler propio, que no depende de ningún recurso social.

Mikel Aranburu
Mikel Aranburu / Michelena

Muy pocas personas que sufren una enfermedad mental aguda consiguen dar el salto definitivo y volver a reinsertarse en la sociedad como Mikel. El camino no es sencillo. Cuando salió de Aita Menni recaló en la Unidad de Rehabilitación Psicosocial de Trastorno Mental Severo (URTMS) que la Cruz Roja tiene en San Sebastián, la primera de estas características que se habilitó en Gipuzkoa hace ya diez años. En ese tiempo, un total de 169 personas han pasado por este recurso que depende de Osakidetza y del departamento de Política Social de la Diputación de Gipuzkoa. «La mayoría han recibido el alta y han pasado a otros recursos de baja supervisión, como pisos tutelados», explica Maite Etulain, directora de la unidad.

Esta URTMS sirve de puente entre la salida de un internamiento psiquiátrico y la incorporación a la vida ordinaria, y es también el test que evalúa si la persona está preparada para dar ese paso. No todos tienen la misma patología y tampoco el mismo ritmo de recuperación. Hay quienes son reinternados y vuelven tiempo después a la unidad, otros que desarrollan el programa con éxito a la primera. Es el caso de Aitor Sastre, errenteriarra de 29 años, que apenas pasó un mes en este recurso antes de vivir en el piso de baja supervisión en el que reside ahora, en Hondarribia. «Nos preparamos para volver a tomar las riendas de nuestra vida. Ha sido un paso muy importante para recuperar la autonomía», asegura.

Aitor Sastre, errenteriarra de 29 años, asume que el consumo de drogas fue el detonante de su enfermedad.
Aitor Sastre, errenteriarra de 29 años, asume que el consumo de drogas fue el detonante de su enfermedad. / Michelena

Las drogas, que empezó a consumir cuando tenía solo 11 años, fueron su condena. «Son las que me llevaron a desarrollar una enfermedad mental», reconoce. Lo mismo le ocurrió a Mikel, que empezó a tontear con los porros a los 15, y a Jorge Juan Martín, actual usuario de la unidad donostiarra, que con 13 años ya consumía. «Las drogas y la salud mental van de la mano», afirma Aitor, y añade cifras. «Está probado que una de cada cuatro personas que consume estupefacientes acaba padeciendo un trastorno mental».

«Creo que la gente me ve como un loco, pero soy una persona normal», expone el beasaindarra Mikel

«Las drogas me han quitado la vida. ¡Cómo voy a volver a consumilarlas!», exclama Aitor, de 29 años

«Aún hoy los recursos van por detrás de las necesidades del colectivo», refleja Maite Etulain

Estos tres guipuzcoanos representan las diferentes fases que tiene la rehabilitación de personas que sufren una enfermedad mental severa. Jorge Juan espera que esta tercera vez que pasa por la URTMS de la Cruz Roja sea la última. Es de Hernani, tiene 42 años y cuando cumplió la mayoría de edad le diagnosticaron esquizofrenia paranoide. «Yo no reconocía ni la enfermedad ni mi problema con los tóxicos», recuerda, aunque hace cinco años que ya no consume. «Sabemos que si volvemos a fumar un solo porro se nos puede ir la 'pinza'», explica Mikel, que hace 20 años que dejó el cannabis. «Las drogas me han quitado la vida, ¿cómo voy a volver a probarlas sabiendo lo que me provocan?», exclama Aitor.

No me conoces

Aún hoy ser un enfermo mental se asocia a unas connotaciones negativas que no tienen otras enfermedades físicas. Ellos tres lo saben bien y lo denuncian. «Tengo un trastorno mental, pero tomo la medicación y hace siete años que no sufro brotes. Estoy bien, soy una persona normal que a pesar de todo lo que he pasado he podido formar una familia y tener dos hijos», señala Mikel. «Estamos estigmatizados», afirma Aitor, «porque la gente nos criminaliza y nos juzga por tener problemas mentales». En su opinión, «la sociedad nos rechaza porque nos tiene miedo, parten de la ignorancia de lo que es una enfermedad mental». Maite Etulain escenifica ese estigma con un ejemplo. «A mi vecino del quinto se le va un poco la olla pero no le doy más importancia. Pero si este ingresa en un psiquiátrico, cuando vuelve se convierte en el loco del quinto que me molesta porque vete tú a saber lo que puede hacerme».

Jorge Juan Martin, actual usuario de la unidad de Cruz Roja en Donostia. «Soy un luchador», afirma.
Jorge Juan Martin, actual usuario de la unidad de Cruz Roja en Donostia. «Soy un luchador», afirma. / Michelena

Con el objetivo de eliminar mitos y tabués en torno a la salud mental la URTMS del centro sociosanitario de la Cruz Roja ha organizado una jornada de sensibilización que se celebra hoy en Donostia, en la que los ponentes no serán profesionales de la red, sino los propios pacientes. Entre ellos Mikel, Jorge Juan y Aitor, quienes relatarán su experiencia en el proceso de recuperar la autonomía personal y tratarán de eliminar las etiquetas que portan desde hace tiempo y con las que no se identifican.

Visitas a colegios para concienciar sobre las drogas

Uno de los aspectos que mejor contribuye a la reinserción de las personas con trastorno mental es fomentar su utilidad a través de sus habilidades personales. «En los hospitales todo se para y dejan de producir. Cuando llegan a recursos como el nuestro tratamos de que dejen de ser sujetos pasivos de atención para convertirse en miembros activos de la sociedad», explica Maite Etulain.

Uno de los programas más exitosos es el de acudir a centros escolares para concienciar a alumnos desde los 11 hasta los 16 años de los peligros de consumir drogas. «Creo que el mensaje les llega y que les hacemos pensar», afirma Aitor Sastre, «porque no nos ven como un profesor o un psicólogo, sino como alguien que les cuenta en primera persona lo que las drogas pueden provocar». Este programa de prevención se ha desarrollado en escuelas de Arrasate y Donostia, y pronto se expandirá a otros municipios. «Hay muchos chicos que consumen, a pesar de que ahora cuentan con una información que nosotros no tuvimos», asegura Jorge Juan Martín. Actividades como esta contribuyen a positivizar todo lo negativo que han vivido, en este caso la adicción a las drogas. «Es muy bonito trabajar con personas, me gusta ayudar a los chavales», asegura Mikel Aranburu, que desde hace años además es voluntario del Banco de Alimentos. «Voy un día a la semana y les ayudo a llenar los palés que luego deben enviar a Cáritas y otras entidades», cuenta. Otros usuarios acuden a comedores sociales, colaboran en carreras como la Behobia o la Maratón, acompañan a personas mayores en residencias... «No queremos que nos den una palmadita en la espalda por hacerlo, pero creo que como colectivo deberíamos tener un reconocimiento, para mostrar que somos algo más que personas que tienen una enfermedad mental», señala Aitor.

«Yo creo que la gente me ve como una personas agresiva y violenta, pero yo me veo como alguien sociable y amistoso», señala Aitor. «Creo que me ven como un loco, pero soy una persona normal», dice Mikel. «No sé que piensan de mí, y la verdad es que me importa poco, pero yo soy un luchador», afirma Jorge Juan.

Un sistema con lagunas

Actualmente Gipuzkoa cuenta con seis unidades URMTS. Pero antes de que se implantara este servicio no existía ningún recurso intermedio entre los psiquiátricos y la vida ordinaria, lo que provocaba que en muchos casos los internamientos se prolongaban durante muchos años. «La desinstitucionalización psiquiátrica es algo muy nuevo. Antes a los enfermos mentales se les expulsaba de la sociedad y se les encerraba», recuerda la directora de la unidad, Maite Etulain. De hecho, hasta el año 2005 en Gobierno Vasco no incluyó la salud mental dentro de Osakidetza. «Aún hoy los recursos van por detrás de la demanda y de las necesidades de las personas enfermas, porque la salud mental se ha abordado tarde y la reincorporación de este colectivo está siendo lenta», afirma Etulain.

Queda mucho camino por labrar y muchos aspectos que mejorar. Asociaciones como Agifes trabajan para conocer la opinión de los pacientes con iniciativas como el comité en primera persona, en el que participa Aitor Sastre, y en el que personas que sufren algún tipo de trastorno mental se reúnen para hablar de los problemas y obstáculos a los que se enfrentan. «Creo que una de las cosas que debería cambiar es el trato al paciente en los psiquiátricos, para que fuera más humano», señala el de errenteria.

Etulain cree también que hace falta revisar los protocolos de atención. «Una persona con trastorno mental va cambiando y evolucionando, su estado no es permanente y no hay un caso igual a otro. Si por ejemplo a una persona se le incapacita en un momento dado, esa decisión no se revisa con el paso de los años, aunque su situación sea totalmente diferente», denuncia. Por ello cree que es necesario «apoyar» a las personas que sufren trastornos mentales y «otorgarles el lugar que les corresponde en la sociedad», porque «el impacto de la salud mental en la sociedad es enorme».