Una de cada tres víctimas acogidas de urgencia en Gipuzkoa tiene entre 18 y 25 años
El centro foral que recibe los casos más graves de la violencia de género observa un «preocupante» aumento de la llegada de jóvenes
La violencia de género no entiende de edades y cada vez la sufren chicas más jóvenes. Así lo demuestran los datos más recientes del servicio ... que la Diputación de Gipuzkoa tiene para acoger a las mujeres que se encuentran en una situación de vulnerabilidad y de inseguridad alta. Una de cada tres víctimas que ingresa en Urrats, nombre que corresponde al centro foral de acogida inmediata, tiene entre 18 y 25 años, un aspecto que «va en aumento» y que «preocupa mucho» entre las responsables de este servicio que estrenó en febrero un nuevo espacio de 24 plazas y cuya ubicación es confidencial para proteger a sus usuarias.
Su responsable, Vanesa Paz, explica que «las mujeres acuden al centro de manera urgente por situaciones que en la mayoría de los casos han vivido a manos de sus parejas o de exparejas». Se les ofrece un servicio de «acogida inicial y de acompañamiento especializado» por un equipo de psicólogas, trabajadoras sociales y educadoras sociales. Recientemente se les ha sumado una integradora social y una psicóloga infantil, dado que además de las 359 mujeres que han atendido en los últimos casi cinco años han llegado acompañados por 224 menores.
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En lo que llevamos de año –datos hasta el 31 de octubre–, 50 mujeres han sido derivadas a Urrats en una situación límite. «Llegan los casos en los que además de la seguridad, la situación de crisis de la mujer tiene que ser alta», transmite Iker Uson, director del Servicio de Protección a la Mujer Víctima de Violencia Machista y de Inclusión Social de la Diputación de Gipuzkoa. La edad media de ellas es de 31 años, pero Paz apunta que «esa cifra no ofrece la foto completa, la diversidad es importante». El 31% de las mujeres atendidas tienen entre 18 y 25 años, siete de cada diez son madres y la mitad de todas las víctimas acceden al centro acompañadas de menores. «Cada vez se da más que acudan con sus hijos, que tienen una media de edad de 5 años, y más de la mitad tienen entre un año y cinco». Además, la mujer con más edad atendida este 2025 ha sido de 53 años.
Estos datos provocan ciertas reflexiones entre sus trabajadoras. Uson expone que «no veníamos en números bajos y cuando abrimos el nuevo centro en febrero considerábamos que se iba a poder acomodar mejor a la realidad. Se ha acomodado, pero a un nivel de intensidad continuo alto, llevamos un año en el que hemos sido conscientes de que esto va en aumento». También se preguntan qué pasa a partir de cierta edad. «La mujer adulta mayor no nos llega. Quizás porque tiene otras redes de apoyo, o porque no lo piden o porque son de otro entorno cultural, pero ese mensaje está muy presente en los datos», precisamente por su ausencia.
Existen dos maneras para que las mujeres víctimas de violencia de género lleguen a este programa de acogida que vio la luz en 2008. Una es la «acordada», la más común. La mujer acude primero a los servicios sociales de su municipio, con quien está tratando su situación, y «llega un momento en el que dice 'basta, tengo que salir'» o en el que la trabajadora social, con la información que va recabando, considera que no puede seguir en su domicilio. La Diputación analiza «de la manera más rápida» su situación y «una de las cuestiones a mirar es cuál es la situación de seguridad», explica Uson. «A veces no se puede quedar en el propio municipio porque corre riesgo, o porque la familia de él la vigila, o porque tiene una orden de protección y el hombre se la ha saltado».
«La prevención es clave, debemos incidir en el trabajo relativo a las situaciones de violencia machista desde pequeños»
Vanesa Paz
Responsable de Urrats
La otra vía para llegar a Urrats es la «no ordinaria». Surge cuando los servicios sociales o la propia mujer llama al Servicio Foral de Urgencias Sociales (ESFUS). «Muchas veces ocurre a través de la Ertzaintza y el protocolo de colaboración que tenemos con las comisarías hace que cuando una mujer quiere denunciar o dar cuenta de alguna situación de violencia machista también vaya el ESFUS para que la víctima se encuentre con ertzainas pero también con un equipo social que le oriente y reciba las explicaciones oportunas». Una vez en el centro se le brinda una atención «intensa», señala Paz, en la que «la acompañamos en un proceso de asimilar la situación y de valorar los siguientes pasos que puede dar», como puede ser la interposición de una denuncia, que no es un requisito previo para ingresar en el centro de acogida.
97 días de estancia media
La estancia media en los centros de acogida inmediata este 2025 está siendo de 97 días y la Diputación cuenta con dos recursos más para que la atención a la víctima no se detenga en la primera atención. A los centros de media estancia, que se llaman Bidatz, «pasan aquellas mujeres que en esa valoración de necesidades de apoyo requieren de una profundización de la violencia que han vivido y de un tiempo mayor para trabajar en la recuperación». Y en los procesos de autonomía, denominados Abian y que cuentan con cuatro viviendas, «la intensidad del apoyo es menor, continuamos su proceso de recuperación y apoyamos y acompañamos a la víctima hacia la vida independiente».
«Nos llegan los casos en los que, además de la seguridad, la situación de crisis de la mujer tiene que ser alta»
Iker Uson
Director del Servicio de Protección a la Mujer Víctima de Violencia Machista y de Inclusión Social de la Diputación de Gipuzkoa
Vanesa Paz recalca que una tarea clave en este último paso es «apoyarlas en la generación de redes en la comunidad», ya que las víctimas lo abandonan todo para salirse de su entorno y tienen que empezar a construir uno de nuevo. En este sentido, la Diputación también cuenta con Garaitu, un programa de atención ambulatoria que se ofrece de manera presencial en ocho puntos del territorio para que las víctimas preserven en la medida de lo posible su entorno y fortalezcan su red con otras mujeres que están sufriendo situaciones similares.
A pesar de convivir con una presión asistencial alta, incluso por encima del 100% traslada Uson, «nunca hemos dejado a nadie fuera. Lo hemos hecho no ajustando la entrada, sino haciendo que el resto de plazas circulen».
El objetivo de Vanesa Paz es que «ninguna mujer llegue a nosotras, significaría que no hay violencia de género». Para combatirla apuesta por la prevención. «Visto que cada vez recibimos a mujeres más jóvenes, debemos incidir en el trabajo relativo a las situaciones de violencia machista desde pequeños».
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