Mari Paz Bermúdez: «Debemos enseñar a los hijos a soportar inconvenientes»

La psicóloga Mari Paz Bermúdez, ayer en San Sebastián. / USOZ
La psicóloga Mari Paz Bermúdez, ayer en San Sebastián. / USOZ

La experta hablará mañana sobre el déficit de autoestima y la depresión infantil en el Aula DV

ANE URDANGARIN SAN SEBASTIÁN.

Hasta hace no tanto ha estado vigente el mito del niño feliz, pero en la actualidad la mayoría de los expertos comparte el planteamiento de que la depresión infantil existe. La doctora en Psicología Mari Paz Bermúdez hablará mañana en el Palacio Miramar sobre la relación entre la depresión infantil y el déficit de autoestima, y de la importancia de enseñar al niño a aceptar las emociones como un abanico de sensaciones que lo enriquecen. Será en el Aula DV, en colaboración con los Cursos de Verano de la UPV, a las 19.00 horas.

- ¿Qué alcance tiene la depresión infantil? ¿A cuántos niños afecta?

- Hasta hace relativamente pocos años se pensaba que la depresión era un problema que solo afectaba a los adultos. Se compartía la creencia de que los niños y niñas eran eternamente felices, solo de manera pasajera podían sentirse tristes. A partir de 1980 se reconoce la existencia de la depresión infantil, con la posibilidad de ser diagnosticada con los mismos criterios de la del adulto. La depresión infantil es un problema frecuente que se incrementa con la edad. Se da en un 2% de los niños y niñas y en un 5% de los adolescentes. Durante la infancia, se da por igual entre chicos y chicas, sin embargo, durante la adolescencia es más frecuente en las chicas.

- ¿A qué edad pueden aflorar los síntomas de la depresión infantil?

- La depresión puede aparecer a cualquier edad. Es posible diagnosticar casos de depresión en menores de 6 años, e incluso con intentos de suicidio. No obstante, la depresión presenta diferentes matices en función de la etapa del desarrollo infantil.

- ¿Cuáles deberían ser las señales de alerta?

- La tristeza es la señal de alerta en todas las edades pero hay otros indicios en función de la edad. Así, durante la infancia, es más frecuente la irritabilidad, rabietas frecuentes, llanto inmotivado, dolores de cabeza, dolor abdominal, problemas de sueño, pérdida de interés por los juegos habituales, cansancio excesivo o aumento de la actividad motora. Durante la adolescencia son más característicos los problemas de atención, déficit de autoestima, indecisión, visión pesimista del futuro, menos pensamiento abstracto... No obstante, es importante mencionar que no existen dos casos exactamente iguales. Un adolescente deprimido puede mostrarse triste, otro irritable y un tercero pasota. Unos pierden el interés por el sexo, otros se vuelven muy promiscuos. Pueden dormir en exceso o no pegar ojo, comer muchísimo o nada... Estas y otras manifestaciones deben darse de manera continua durante al menos 15 días, e interferir de manera importante en la vida social, escolar u otras importantes para que se considere problema, ya que el niño deprimido está mucho más triste, más a menudo y durante más tiempo que uno no deprimido.

- ¿Se puede hablar de algún perfil concreto?

- La depresión infantil es el resultado de la interacción de factores ambientales y personales. Cuando existe una predisposición personal a sufrir depresión, la exposición a un ambiente negativo o pobremente gratificante a nivel familiar, escolar o social hace que aumente el riesgo de que el problema aparezca. Algunas de las características personales que hacen que aumente la probabilidad de sufrir una depresión son: tener madre o padre depresivos o alcohólicos, sufrir una enfermedad grave, déficit de habilidades para solucionar problemas, tendencia a atribuirse la culpabilidad de los hechos negativos que ocurren en la vida diaria, déficit de habilidades sociales...

- ¿Cómo se puede prevenir la depresión infantil?

- Lo más importante es que el niño o la niña viva en un ambiente físico y social enriquecido en el que pueda desarrollar competencias personales y hacerse resistente ante la adversidad. Para ello hay que enseñar al niño o niña a resolver problemas de manera autónoma y a saber posponer gratificaciones y soportar los inconvenientes diarios. Para todo esto, los padres son los mejores profesores, ya que son modelos a imitar.

«Las metas que marquen los padres a los hijos deben ser realistas, según sus capacidades»

«Hay que enseñar al niño a soportar inconvenientes y a afrontar problemas»

- ¿Cómo se pueden empezar a entrenar las habilidades socioemocionales de los niños?

- Las habilidades socioemocionales se comienzan a adquirir desde el momento del nacimiento, de manera natural y continua mediante la interacción con el padre y la madre en principio y con otras personas de su entorno más próximo cuando son más mayores. Los estilos educativos familiares son fundamentales para el desarrollo emocional del niño. Así, los niños consentidos, que obtienen premios de manera continua merecidos o no y se les evitan los problemas, no suelen ser los más felices. Enseñar al niño a posponer las gratificaciones y a soportar los inconvenientes, a afrontar problemas, a aceptar las emociones negativas y, fomentar la autonomía son recomendaciones básicas para una ejecución socioemocional que garantizan una satisfacción personal.

- ¿Desde qué edad hay que trabajar la autoestima en los niños?

- No es necesario proponerse trabajar la autoestima como tal, si no existe un déficit. Los padres y madres transmiten a los hijos cómo deben ser para ser queridos, triunfar en la vida y ser feliz y, ellos tienden a comportarse de esa manera. Lo esperable es que los niños y niñas adquieran una imagen positiva de sí mismos cuando afrontan el día a día sabiendo cuáles son las normas de comportamiento que deben seguir, qué es lo que se espera de ellos de manera realista según sus posibilidades, saben que son importantes dentro del núcleo familiar y cumplen una función, se les corrige de manera adecuada (criticando el hecho concreto y no la persona)...

- ¿Cómo se puede educar a los niños en una autoestima saludable?

- En general, el déficit de autoestima se origina cuando la persona se observa a sí misma en algún área de su vida (familiar, social, académico, físico, ético) y encuentra una gran discrepancia entre lo que es y lo que quiere ser... es decir, el resultado de esa autoevaluación es negativo. Posiblemente porque los estándares a los que aspira son demasiado ideales e imposibles de alcanzar. En niños pequeños, la evaluación de sus actos, y de los pensamientos que expresan, la realizan sus padres. Por tanto, las metas u objetivos que marquen los padres a los hijos deben ser realistas, acordes a la capacidad del niño o de la niña. Es importante elogiar los esfuerzos, no solo los éxitos. Se deben sentir responsables de tareas que sean importantes para toda la familia. Hay que prestarle la atención que merece mientras hablan. Cuando se les corrija, hay que criticar el acto, no a la persona y por supuesto, aunque parezca una obviedad, el niño o la niña tiene que saber que se le quiere.

- ¿Vivimos en una sociedad especialmente vulnerable a estos problemas que antes no existían o es que ahora se detectan más?

- Vivimos en una sociedad en la que a través de muchos medios diferentes (cursos, televisión, prensa, internet...) se nos dan demasiados consejos para ser perfectos. Las personas piensan que si existen tantas recetas para ser los mejores padres, los mejores hijos, los mejores maestros, los mejores... es porque algunas personas lo han conseguido y quieren ayudar a los demás. Por tanto, se crea una expectativa de éxito fácil y errónea que conduce a sentirse fracasado en el área en el que entrenó para ser mejor. A eso se suma la evaluación masiva que del comportamiento se realiza a través de algunos de los medios de comunicación ya mencionados. Ya no solo se evalúa la persona a sí misma, si no que la evalúan cientos de seguidores por redes sociales. Por tanto, a la persona que así lo decide, se le exige más en cualquier área de su vida y se la evalúa de manera masiva. Lo cual es un riesgo para la estabilidad emocional. Afortunadamente, no todas las personas siguen el perfil descrito.

- ¿Deberíamos prestar más atención a la salud emocional?

- Debemos aprender a vivir el gran abanico de las emociones y a no tenerle miedo a ninguna, eso hará que nuestros días sean más intensos e interesantes. Expresar y reconocer emociones en los demás, nos hará a su vez más competentes socialmente.

 

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