«Setién fue el pastor que se acercó a los problemas de la sociedad»

Quienes conocieron al obispo destacan su implicación con los más necesitados y la apertura que motivó en la Iglesia en plena posguerra, siempre desde su «fe reacia»

José María Setién, durante una entrevista concedida a DV en 2006, seis años más tarde de finalizar su etapa como obispo de San Sebastián./Usoz
José María Setién, durante una entrevista concedida a DV en 2006, seis años más tarde de finalizar su etapa como obispo de San Sebastián. / Usoz
GAIZKA LASASan Sebastián

Suele hacer falta que un ciclo termine para detenerse y hacer una reflexión sobre lo que ha supuesto. Para mirar atrás, pensar y valorar. Ocurre estos días, tras la muerte el martes del obispo emérito José María Setién. Cuanto más se escarba en su legado eclesiástico y social, ámbitos que supo engarzar como no se había hecho hasta entonces, con más fuerza emerge su aportación cualitativa al frente de la Iglesia guipuzcoana y más se siente su pérdida, tal y como revelan religiosos y laicos que han seguido de cerca su trayectoria.

Una de las maneras de acercarse a la figura de Setién consiste en acceder al testimonio de quienes conocieron en primera persona la profundidad de su pensamiento y la acción que de manera consecuente inspiró.

La otra es acudir a esa densa y abundante herencia de textos que deja, «de una riqueza extraordinaria», coinciden los testimonios recogidos. En ellos se descubre su bagaje intelectual, su capacidad de análisis y talla de pensador, pero también el gérmen de una labor pastoral cercana a los problemas de la calle, de marcada proyección social y abierta a la interacción con la sociedad laica y secular, en la línea de lo recogido en el Concilio Vaticano II. Todo ello en plena posguerra, bajo la sombra del franquismo y de un jerarquía eclesiástica recelosa de abrir ventanas y dejar entrar aire fresco.

Felix Azurmendi. Exvicario general y parroco de Azkoitia «Mantuvo una relación de diálogo con la realidad»

Felix Azurmendi parte su disertación sobre Setién destacando «su fe recia y comprometida». Ese fue el campamento base desde donde «ayudó a centrar la comunidad diocesana en el Evangelio, desde su mismo lema: 'no me avergüenzo del Evangelio'». Azurmendi rescata un documento «clave», titulado 'Una iglesia al servicio del Evangelio', del año 2.000, donde dice en la introducción que «la Iglesia se encuentra siempre ante el reto de proponer la permantente novedad del Evangelio a los tiempos nuevos que han de venir». Ese mensaje sintetiza, según Azurmendi, la labor de Setién, del que también destaca «las cartas pastorales extraordinarias hechas con el resto de obispos vascos como 'Evangelizar hoy'.

El exvicario general explica que como consecuencia de lo anterior, vinieron acciones como el desarrollo de Cáritas. «Hoy el Papa Francisco nos habla de las perfierias existenciales, la pobreza, la misericordia. Pues bien, Setién cubrió esos frentes, nos ayudó a poner nuestra mirada no solo en el cielo, sino en los problemas de los que sufren».

Cita la implicación del obispo emérito en la problemática de la droga (importó de Roma el Proyecto Hombre), con los ancianos desamparados (a través de la Fundación Urkoa), con la difícil empleabilidad (impulsó la Fundación Sarea), con las deficiencias psíquicas (creó Gizalde) o con las personas sin hogar (promovió Aterpe). Sin olvidar la sensibilidad con los pobres del tercer mundo. «Yo mismo le acompañé a México. Había que verle con los indígenas. Era un hombre abierto a la universalidad para colaborar en el desarrollo del tercer mundo dentro de una Iglesia comprometida».

El párroco de Azkoitia recuerda asimismo que Setién «mostró un interés extraordinario por la Educación. Cada comienzo de curso escribió una carta pastoral. Hoy aún tienen una vigencia absoluta».

Como esencia de su obispado, Azurmendi destaca que «se tomó en serio la aplicación del Concilio Vaticano II en la Iglesia diocesana en el espíritu de los dos grandes documentos conciliares, 'Gaudium et spes' y 'Lumen Gentium', es decir, 'diálogo con el mundo' y 'la Iglesia, pueblo de Dios'. Mantuvo una actitud de diálogo con la realidad, es decir, el paradigma con relación al mundo era el diálogo. Era un hombre de gran escucha».

Asegura que desde el comienzo de su ministerio, promovió «una Iglesia comunitaria, corresponsable, evangelizadora. Activó comunidades cristianas participativas, con un desarrollo del laicado muy grande. No hay que olvidar que procedíamos de una Iglesia del franquismo plegada al poder y con una espiritualidad espiritualista, un poco de espaldas al mundo».

Añade que su gran aportación es que «hizo posible la comunión con la Iglesia, entendiendo comunión como sintonía con la autoridad. Hizo posible que la inmensa mayoría de cristianos de Gipuzkoa nos sintiéramos en casa, unidos en un sentido eclesial, en un proyecto común. Yo era joven y nos dio la posibilidad de ser cristiano adulto, responsable, libre y actual, y vasco. Nos dio coherencia interna».

Xabier Andonegi. Vicario de Pastoral Social y de Misiones de Gipuzkoa «Fue un gran organizador de la pastoral social»

Xabier Andonegi se retrotrae a los tiempos anteriores al obispado para subrayar que Setién fue «un famoso profesor de Derecho Canónico y Teología Moral, es decir, era un gran pensador. Eso influyó luego en su labor como obispo. Escribió mucho en pleno franquismo sobre relaciones entre Iglesia y Estado. Mostró preocupación por el tema de los concordatos y enfocó muchos textos a la cuestión de qué tiene que hacer la Iglesia en la modernidad».

Andonegi advierte de que el contexto no empujaba precisamente en esa dirección. «Veníamos de una dictadura y la Iglesia había apoyado a Franco. Setién defendió la idea importante de que los laicos cristianos se comprometieran con la democracia y que la Iglesia apoyara esto».

Cuenta que tuvo que ver con esto el hecho de que «le nombraron obispo de manera especial, aceptando la fórmula de obispo auxiliar para que no tuviera que pasar por manos de Franco. Jacinto Argaya, navarro de Bera de Bidasoa, tuvo mucho que ver en ese paso. Era el obispo y aceptó este método. Nos situamos en 1972. Posteriormente diría que lo mejor que hizo en su mandato fue nombrar a Setién como auxiliar».

Nueve años más tarde fue nombrado obispo titular y ejerció de «gran organizador de la nueva manera de hacer de la Iglesia, impulsando a nivel de España una nueva pastoral social. Fomentó una importante labor con los jóvenes, los pobres y la cooperación internacional». No lo hizo solo, pero «organizar» fue un verbo que conjugó con fervor.

Además de Proyecto Hombre, activó Hezkide Eskola, para tiempo libre, creó la escuela de Magisterio en euskera en el seminario de San Sebastián, fundó institutos de teología y promovió la acción cristiana carcelaria, además de toda una atención a los enfermos. Todas estas iniciativas emanaban de su idea de que la Iglesia tenía que aportar mucho a la sociedad además de colaborar con ella».

Andonegi también constata el contraste que supuso su filosofía con el proceder de la Iglesia en los años anteriores. «Veníamos de una tradición en la que las iglesias solían estar llenas de gente, donde lo importante eran las procesiones y las ceremonias llenas de devotos. Con Setién se avanzó a un modelo en el que la Iglesia también tenía que participar en programas sociales que beneficiaran a las personas de la calle y así surgieron numerosos servicios sociales y educativos que actuaban más allá de las puertas de las iglesias».

Este cambio de paradigima le valió las críticas de los sectores más conservadores, «pero también atrajo gente de otro estilo, de sensibilidad más social, norlamente de izquierdas y joven». Andonegi sonríe cuando recuerda que «le decían que era poco devoto porque no iba a las ceremonias o no se le veía rezar». Frente a lo que pudieran pensar sus detractores, asegura que «claro que era espiritual y devoto, pero tal vez en un nivel más privado y reservado».

Lo que está claro, concluye el vicario de Pastoral, es que «le movió la evangelización social, pero no desde cualquier sitio, sino desde la fe y la motivación de Jesucristo».

Mari Carmen Garmendia. Presidenta de Matia Fundazioa «Afrontó retos sociales con visión y entereza»

Bien conoce los beneficios de los proyectos sociales impulsados por Setién la actual presidenta de Matia Fundazioa, Mari Carmen Garmendia. Destaca que «hubo un cambio de etapa con él en la Iglesia, una especie de puesta al día del modo de responsabilidad que debía ejercer el cristiano, acorde con lo que proponía el Concilio Vaticano II. El vínculo con este Concilio permaneció vivo en Setién durante toda su labor eclesial».

Garmendia pone en valor «todo lo que puso en marcha para atender a las necesidades de las personas». Además de los proyectos ya citados, recuerda su implicación y su labor de albacea de la Fundación Matía, «en torno al cual tuvo que tomar decisiones importantes en tiempos difíciles para garantizar el cuidado de ancianos». Destaca que «se atrevió con visión y entereza» a llevar adelante los retos sociales.

Otro aspecto que destaca Garmendia sobre la figura de Setién tiene que ver con su «capacidad intelectual y la hondura de sus reflexiones, imposibles de entender desde una lectura superficial». Enmarca toda su actividad «en lo que fue el fundamento que guió toda su responsabilidad, que no es otro que el lema 'no me avergonzaré del Evangelio', bien traído en los funerales del miércoles. Este lema de Setién ha tenido manifestaciones diferentes pero resume fielmente toda su trayectoria de acción y compromiso con necesidades y problemas de diversa índole». No obstante, Garmendia cree que «desconocemos todavía muchas de sus aportaciones por su alta discreción».

Javier Elzo. Sociólogo «Me quedo con su intensa religiosidad experiencial»

Javier Elzo incluye a Setién en «una raza de sacerdotes guipuzcoanos que, en un momento particularmente difícil de nuestra historia, fueron capaces de aunar el testimonio sacerdotal, impregnado de honda raigambre religiosa, con la dimensión social en el sentido más amplio y profundo del término y con la dimensión de la persona en la sociedad».

La labor de Setién y el grupo al que hace referencia Elzo cambió el paradigma eclesial para ir «más allá de espiritualismos desencarnados, más allá de cristianos encerrados en la comodidad de las sacristías, y vivir como cristianos encarnados en un contexto concreto, en una sociedad concreta, con unas necesidades concretas».

Una raza de sacerdotes, según Elzo, que «supo hacer realidad la doctrina social de la Iglesia, en el surco de la Acción Católica, con la aplicación del método del 'ver, juzgar, actuar', a caballo entre las ciencias sociales y la interpelación evangélica que, otras 'células', de otro horizonte ideológico y con otros propósitos, habría de imitar, poco después».

El sociólogo cita como ejemplos de la generación de Setién nombres como «Francisco Yarza en la creación en la universidad pública vasca; Manuel Odriozola, orador excepcional al que tantos jóvenes seguimos; José María Arizmendiarrieta en el campo de las cooperativas; Miguel Altuna en la enseñanza secundaria, particularmente la profesional; Manuel Zubillaga en los medios independientes; Segundo Dorronsoro, ejemplo de párroco de pueblo; Ricardo Alberdi en el mal llamado mundo del trabajo; o Balentin Zamora en el campo del baserritarra, del mundo rural».

A Elzo le queda el recuerdo «de su intensa religiosidad experiencial, su bondad para los más necesitados y su firme defensa de la verdad, buscando incansablemente la pacificación del País Vasco desde la Justicia y los Derechos Humanos. Como un imperativo de su conciencia religiosa».

Felix Arrieta. Director de DeustoForum Gipuzkoa «Sorprende la vigencia que tienen aún sus textos»

Arrieta define a Setién como «un gran intérprete de la realidad a la luz del pensamiento cristiano». Le recordará «como un gran intelectual más que como pastor» y asegura que «releyendo hoy sus textos me sorprendo de la vigencia que tienen».

No obstante, recuerda que, una vez dejado el obispado, coincidió en una conferencia donde «le escuché decir que la Iglesia había dejado de lado el discurso del miedo pero no había sabido sustituirlo por otro. Creo que esa frase resume el ejercicio de su acción pastoral». Valora aquella «autocrítica» tras constatar que «hubo un intento de actualizar formas a partir de la interiorización del Concilio Vaticano II, aunque la realidad de entonces no parece que fue tan previsora como podía haberlo sido. La transformación no se culminó, tal vez porque no había necesidad».

Con todo, Arrieta subraya «la personalidad activa de Setién, presente en muchos lugares, su gestión directa, y la implicación, hasta la última coma, en los debates sociales del momento».

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