Semilla guipuzcoana para crecer en África

Cinco mujeres de Tanzania aprenden nuevas técnicas de cultivo para implantar en su país

Las cinco mujeres emprendedoras que han venido a Gipuzkoa de la mano de la iniciativa 'Baratzatik merkatura'. /Arizmendi
Las cinco mujeres emprendedoras que han venido a Gipuzkoa de la mano de la iniciativa 'Baratzatik merkatura'. / Arizmendi
SARA ECHEVARRIA

Sophia, Esther, Magdalena, Abiah y Leocadia han venido desde Tanzania a Gipuzkoa con el objetivo de «compartir conocimientos» durante quince días con agricultores vascos para impulsar sus proyectos de negocio en la comunidad africana. Cada una de estas mujeres ha desarrollado una iniciativa relacionada con el cultivo de frutas y verduras en diversas localidades africanas. Por este motivo se han desplazado hasta Donostia, «para conocer y enseñar métodos dispares de cultivar los alimentos», explica Sophia Mlote.

'Baratzatik merkatura' es una iniciativa llevada a cabo por la Diputación de Gipuzkoa y la Fundación Mujeres por África, con el objetivo de que estas cinco féminas avancen en la cadena de valor y logren explotaciones más rentables. Aspegi (la Asociación de Profesionales y Empresarias de Gipuzkoa) se está encargando de que conozcan las alternativas implantadas en el territorio. «Hemos decidido colaborar en este proyecto porque creemos que puede ser muy enriquecedor para ambas partes», explica Lourdes Puig, trabajadora de la asociación. El lunes, por ejemplo, disfrutaron del congreso Gastronomika.

«Si le enseñas a una mujer, le enseñas a toda la familia y comunidad», dice Sophia cuando explica que su sueño sería abrir un centro para formar a mujeres. Esta agricultora afincada en la localidad de Dar es Salaam, en el este del país, se dedica al cultivo orgánico de frutas y verduras en invernaderos, además de tener una granja con 196 gallinas. Cuenta que en un primer momento solo se dedicaba al cultivo, pero cuando presenció la «falta de proteínas» que había en su comunidad, decidió crear la granja. Por este motivo, explica que ha incrementado la mano de obra y ya son 27 mujeres trabajadoras.

La emprendedora alega que «gracias a Aspegi» va a poder trasladar todos los conocimientos que está adquiriendo aquí a otras agricultoras. «Aunque haya venido yo sola mis conocimientos los tendrá ahora mucha gente», afirma. Estas semanas ha visto que las donostiarras «tienen pasión por las cosas que hacen» y, también a aprendido la importancia que tiene invertir, «porque lo que ganes dependerá de lo que inviertas», añade.

Magdalena Bukuku proviene de la misma localidad que Sophia, pero cada una ha emprendido proyectos diferentes. Magdalena se dedica al cultivo de setas, además de formar a las trabajadoras y producir harina nutritiva. Ella lo tiene claro, quiere «aumentar la producción» y transmitir todos sus conocimientos a la comunidad, para que sean capaces de «cultivar ellos mismos las setas, sin depender de nosotras».

A pesar de tener alrededor de doce mujeres trabajando en su centro, con los cursos de formación ha logrado capacitar a un centenar de personas en todo el país. Además, también reconoce que gracias a su visita al territorio, se ha dado cuenta de que «estaba haciendo muchas cosas mal». Pero recalca que lo que más le ha llamado la atención es la cooperación entre familias y «caseros» guipuzcoanos. «Sin duda me falta trabajar conjuntamente con la comunidad, es un toma y daca», expone.

«A mí me encantaría abrir otro centro para llegar a más gente y comprar terrenos para aumentar la producción». Son palabras de Leocadia Vedastus, una mujer muy concienciada con el cambio climático que vive en Mwanda, en el norte de Tanzania. Se dedica al cultivo de batata e imparte talleres a mujeres sobre medidas de mitigación para aumentar los ingresos, además de capacitarles para conservar de la manera «más rentable posible» el alimento.

En su centro ha capacitado a 80 mujeres en el procesamiento, envasado y etiquetado de batata. Aunque comenta que «algo se nos estaba escapando». Con esto se refiere al marketing. «Debemos cuidar más la forma de vender, aquí tenéis todos los puestos impecables, bonitos y, sobre todo, limpios», explica.

Mayor provecho

Otra de las emprendedoras es Abiah Magembe, de Rukwa, el oeste del país. Esta africana dispone de 15 hectáreas para procesar mandioca y casaba o melón verde. Ha formado a 60 mujeres para que sean «capaces de implantar y desarrollar» en sus familias diversos métodos de trabajo. Antes de venir conocía las técnicas tradicionales de cultivar tanto la casaba como la mandioca, pero aquí es donde ha aprendido nuevas formas de «sacar mayor provecho a estos alimentos». Entre ellas destaca que ha comenzado a producir harina de mandioca para destinarla especialmente a la población sin recursos, porque «al mezclarla con otros alimentos, aporta muchos nutrientes».

La quinta emprendedora es Esther Muffui, una mujer a favor del desarrollo sostenible y del cultivo de alimentos tradicionales. Ella se dedica a deshidratar frutas y verduras, para después distribuirlas. Para ello diseñó un prototipo de horno solar, gracias al cual realiza la mayoría de su producción. Pero dice que el objetivo principal de su visita a Gipuzkoa es conocer otras alternativas porque «en la época de lluvias este método solar no es rentable». Aunque aquí «he apreciado que con electricidad podría desarrollar un invento similar al mío», añade.

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