«Tenemos seis hijos pero todavía no hemos cerrado la puerta a tener más»

Cuatro modelos familiares guipuzcoanos distintos

Susana Guerrero, Raquel Bon y Aimar, Javier, Adrián, Paula, Rubén y Ayala Familia homoparental y numerosa

Susana Guerrero sostiene a la pequeña Ayala, y Raquel Bon coge en brazos a Paula y Rubén, rodeados por sus hermanos mayores Aimar, Javier y Adrián. /Michelena
Susana Guerrero sostiene a la pequeña Ayala, y Raquel Bon coge en brazos a Paula y Rubén, rodeados por sus hermanos mayores Aimar, Javier y Adrián. / Michelena
Aiende S. Jiménez
AIENDE S. JIMÉNEZ

En casa de la familia Bon Guerrero, Raquel es 'ama' y Susana es 'mami'. Es la forma que tienen sus seis hijos de llamar a sus madres. «A la gente le llama más la atención el hecho de que tengamos tantos niños que el que seamos una familia homoparental», formada por una pareja del mismo sexo.

El mayor, Aimar, de once años y el mediano, Adrián, de siete, son hijos biológicos de Raquel; mientras que Javier, que tiene ocho, Paula, de cuatro y los pequeños mellizos Ayala y Rubén, que nacieron hace cuatro meses, crecieron en el vientre de Susana. «La verdad es que no descartamos tener más hijos, ya se verá», afirman las madres con mirada cómplice.

Los niños llaman 'ama' a Raquel y 'mami' a Susana. «Son felices y tener dos madres no les limita»

Cuando se conocieron, Raquel ya había empezado a informarse acerca de las opciones para ser madre soltera. «Las dos coincidíamos en que queríamos ser madres y formar una familia, lo que no sabíamos es que íbamos a ser tantos», señalan. Fue Raquel la primera en emprender el proceso para quedarse embarazada, en el que descubrió que no les permitían realizarlo como pareja, sino como madre soltera. «Estamos hablando de hace once años, éramos de las primeras en hacerlo», explican. Fueron dando los pasos necesarios y superando etapas hasta que el Gobierno español les aprobó la documentación que les acreditaba para realizar el tratamiento de inseminación artificial como pareja de mujeres, las primeras en hacerlo con esa certificación por la Seguridad Social en el Estado. «Creamos un precedente sin saberlo y después de nosotras han venido muchas más».

Como pareja homosexual han ido superando trabas para poder ser madres de pleno derecho. Por ejemplo, el hecho de tener que adoptar la una a los hijos biológicos de la otra, o tener que acreditar que habían realizado el tratamiento para la maternidad de forma conjunta para poder constar ambas como madres en el Registro Civil.

Educados en la «normalidad»

Raquel y Susana hablan con total naturalidad de su modelo familiar con sus hijos. «Les decimos tú has estado en la tripa de la ama y tú en la de mami». De la misma forma que les han explicado que «hay niños que tienen dos padres, dos madres, madre y padre o quienes no tienen y les crían sus abuelos...». Una educación basada «en la normalidad que queremos que se dé a nuestro tipo de familia». Incluso en alguna ocasión han preguntado a sus hijos si les hubiese gustado tener otra familia, y la respuesta siempre ha sido un rotundo no. «Son felices y tener dos madres no les limita en nada».

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