Save the Children busca recuerdos en Gipuzkoa

Frédérique Small, enviada a Gipuzkoa en 1936 por la Unión Internacional de Socorro a los Niños para organizar y supervisar la entrega de ayuda humanitaria. Junto a su imagen, fotografía hallada en el Archivo de Ginebra sobre la acción internacional de la UISE, bajo el epígrafe 'Irun école'./
Frédérique Small, enviada a Gipuzkoa en 1936 por la Unión Internacional de Socorro a los Niños para organizar y supervisar la entrega de ayuda humanitaria. Junto a su imagen, fotografía hallada en el Archivo de Ginebra sobre la acción internacional de la UISE, bajo el epígrafe 'Irun école'.

La ONG está recabando testimoniospor todo el mundo de cara a la celebración de su centenario

MARÍA JOSÉ ATIENZA

Irun. Octubre de 1936. Frédérique Small trabaja en Ginebra para la Union Internationale de Secours aux Enfants (UISE). Es una mujer joven, valiente y con una capacidad de gestión extraordinaria. La UISE (versión en francés de Save the Children) envía a Frédérique en misión humanitaria a España. Hace tres meses que el país del sur de Europa ha entrado en guerra. No es la primera vez que Frédérique supervisa la llegada de ayuda a los civiles más vulnerables de un conflicto bélico: los niños. Ha cubierto misiones anteriores en los Balcanes y en Abisinia.

Mme. Small cruza la frontera entre Francia y España para gestionar la entrega de víveres, ropa y dinero a niños y niñas de distintas ciudades, entre ellas Irun y San Sebastián. Para la UISE, no hay niños de la República y niños de Franco. Hay niños con hambre, niños tristes y enfermos o heridos por la guerra; niños sin padres, sin vivienda o sin recursos; niños con sus derechos conculcados. La cuestión es negociar con las autoridades en ambos frentes para lograr un único objetivo: la entrega de la ayuda a los menores, a través de organismos locales.

Cuando Frédérique llega a Irun se encuentra «con una ciudad devastada», explica la investigadora irunesa Mertxe Tranche. «Las tropas nacionales entran en los primeros días de septiembre, después de dos meses de resistencia republicana». Al evacuar la ciudad, «los anarquistas provocan un incendio muy selectivo, en el que arden más 200 casas y locales comerciales». De los aproximadamente 18.000 habitantes con que contaba Irun al inicio de la guerra, unos 11.000 habían abandonado la ciudad, con poco más que lo puesto.

La enviada de la UISE recorre una ciudad hecha escombros y bajo el gobierno de una autoridad militar que establece la requisa de viviendas, muebles y otros enseres. Muchos de los iruneses huídos, nunca volverán. Otros van regresando a casa y a su vuelta, no pocos se encuentran sin hogar o con su vivienda ocupada.

El 13 de octubre de 1936, EL DIARIO VASCO recoge en sus páginas un llamamiento del gobernador provincial, en favor de los damnificados de la guerra en Irun. «Hay en la que fue bella ciudad fronteriza tal escasez de ropas, colchones y mantas, que muchos vecinos tienen que dormir en el suelo y sin abrigo alguno», dice.

En ese contexto, Frédérique Small gestiona la entrega de ropa para niños y niñas víctimas de la guerra. El reparto de la donación se realiza en las escuelas, con natural algarabía. El Ayuntamiento de Irun enviará dos cartas de agradecimiento, una a la UISE y otra a la propia Fédérique, quien después de realizar con éxito otras cinco misiones internacionales, fallece por enfermedad, a la edad de 37 años.

Según la documentación que figura en los archivos de Ginebra, entre los años 1936 y 1938, la ayuda humanitaria de la UISE en víveres y ropa llega, también, a San Sebastián, Bilbao y Orduña, en el País Vasco. En la capital guipuzcoana aparece, además, registrada la gestión de un albergue para 120 niños.

Recuperando la memoria

¿Hay alguien que pueda dar testimonio de esta ayuda? Es la pregunta que traslada Claudia Witte a iruneses y donostiarras. Ocho décadas después de la llegada de Frédérique Small, Claudia ha visitado la ciudad fronteriza en busca de información, enviada por la delegación alemana de Save the Children, con sede en Berlín. La ONG internacional está llevando a cabo «un proyecto para recabar testimonios de todos los conflictos en los que Save the Children ha estado presente desde el inicio de su historia», explica Witte. «En lugares como España, sabemos que es difícil. Aquellos niños, hoy serán personas muy mayores. Algunos quizá se marcharan y no hayan vuelto y otros habrán fallecido. Además, nos encontramos con otro problema. En los años 30, la UISE trabajaba a través de organizaciones como la Cruz Roja Internacional o el Auxilio Social español, sin que su nombre figurara en ningún sitio visible. Es difícil encontrar los testimonios, pero si lo conseguimos habremos hecho algo grande por la memoria. Hoy en día, son los nietos de los refugiados y damnificados los que hacen las preguntas, los que se interesan por lo que pasó».

Claudia Witte, de Save the Children, en su visita a Irun.
Claudia Witte, de Save the Children, en su visita a Irun. / F. De la Hera

El proyecto de búsqueda de testimonios que Save the Children está llevando a cabo se extiende en el País Vasco a aquellos niños de la guerra que embarcaron en el Havana, en 1937, rumbo a Inglaterra. Todo este trabajo de recuperación de la memoria coincide con una importante efeméride. El próximo 19 de mayo se celebrará en el Albert Hall de Londres el centenario de la fundación de esta ONG internacional.

«Una historia maravillosa»

Save the Children nació en la capital del reino Unido, poco después del fin de la I Guerra Mundial. Sus primeros años están ligados al nombre de su fundadora, la maestra de primaria Eglantyne Jebb, una brava mujer adelantada a su tiempo. «La suya es una historia maravillosa, aunque llena de dificultades», dice Claudia Witte.

Un día de 1919, Eglantyne salió a las calles de Londres a repartir folletos con la imagen de dos niños austriacos, marcados por los efectos de la guerra. La imagen iba acompañada de un mensaje: «Nuestro bloqueo económico ha provocado esto. Millones de niños se mueren de hambre». El acto de protesta provocó el arresto inmediato de la joven activista, a la que se consideró traidora y aliada del enemigo. Pero aquel gesto fue el precursor de la Declaración de Derechos del Niño, que ella promovió y el germen de un movimiento internacional que hoy trabaja en 120 países y apoya de manera directa a 50 millones de niñas, niños y adolescentes.

Decía Eglantyne Jebb que «cada generación de niños ofrece a la humanidad la posibilidad de reconstruir al mundo de su ruina».

Testimonios

El contacto: Si alguna persona quiere contactar con Save the Children para ofrecer algún testimonio sobre la ayuda prestada por la organización durante la Guerra Civil, puede hacerlo llamando a los teléfonos 94 6620109 ó 688 858498 o escribiendo a euskadi@savethechildren.org