A los Reyes Magos les gusta navegar

Los Reyes Magos desembarcaron en los pantalanes de la orilla de San Juan. / FOTOS: ELENA VIÑAS
Los Reyes Magos desembarcaron en los pantalanes de la orilla de San Juan. / FOTOS: ELENA VIÑAS

Melchor, Gaspar y Baltasar volvieron a hacerse a la mar en la bahía antes de emprender regreso a Oriente |

Elena Viñas
ELENA VIÑAS PASAIA.

A pesar de que la noche les mantuvo en vilo repartiendo mil y un regalos de casa en casa, los Reyes Magos volvieron a protagonizar a mediodía de ayer un nuevo desfile acuático, similar al que tuvo lugar la tarde anterior, coincidiendo con su llegada a Trintxerpe. Sus majestades quisieron repetir la experiencia y subieron a bordo de una embarcación propiedad de Buceo Donosti dispuestas a llevar a cabo una travesía por aguas de la bahía de Pasaia.

Acompañados de tres de sus fieles pajes, Melchor, Gaspar y Baltasar saludaron efusivamente desde el mar a los vecinos de San Juan y San Pedro que les contemplaban desde una y otra orilla. «Nos gusta mucho venir a este pueblo tan bonito. La gente nos espera todos los años con tantas ganas... Antes de regresar a nuestro hogar, hemos pensado volver a salir a navegar por unas horas y disfrutar del paisaje», manifestaban.

La singladura finalizó en la plaza Bizkaia de Pasai Donibane, donde el trío real tomó tierra para saludar a las decenas de niños que aguardaban ansiosos por volver a verles. «¡Baltasar! ¡Baltasar!», gritaban dos pequeños mientras su Rey Mago favorito desembarcaba y se aproximaba al muelle. Gaspar seguía sus pasos, al tiempo que Melchor sacaba una bolsa repleta de caramelos para repartir entre cuantos le aclamaban. «Hay dulces para todos», aseguraba entre carcajadas.

Pocos fueron los que se resistieron a hacerse una foto con tan especiales visitantes, a quienes confían en volver a saludar dentro de doce meses. «Volveremos si sois buenos», declaraba Melchor a modo de advertencia. Y sus palabras encontraban por respuesta gestos de asentimiento y promesas entre los más pequeños de la casa. También entre sus padres y abuelos.

La estancia en Pasaia de los Reyes Magos llegaba minutos más tarde a su fin. Era el momento de volver a embarcarse, poner rumbo más allá de la bocana, donde el horizonte se adivina especialmente prometedor, y emprender viaje al lejano Oriente.