Dos pulmones por la verdad

Los órganos que pidió guardar un irundarra demuestran que inhaló amianto

Kontxi y Otsanda posan con las fotografías familiares del fallecido Celestino Tolosa./ARIZMENDI
Kontxi y Otsanda posan con las fotografías familiares del fallecido Celestino Tolosa. / ARIZMENDI
IRAITZ VÁZQUEZ

Otsanda Tolosa recibió la noticia a través de una carta a finales del pasado mes de enero: el pulmón de su padre Celestino, fallecido hace diez años, estaba repleto de amianto. Una década ha tenido que transcurrir para que la hija de este trabajador de la CAF de Irun y su madre, Kontxi, hayan tenido entre sus manos el documento que confirma las sospechas que desde un comienzo tuvo su padre: «Que él había enfermado trabajando», señala ahora Otsanda. Y es que este calderero y soldador nacido en Alegia fue diagnosticado de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), por lo que en 1999 recibió una incapacidad permanente por enfermedad común.

Ahora la situación vive un vuelco significativo. Un informe del Hospital Valdecilla de Santander confirma que la exposición laboral al amianto fue la causa que provocó la asbestosis por la que enfermó y falleció Celestino Tolosa. Esto es, echa por tierra y modifica todos los diagnósticos que se le habían elaborado anteriormente. Kontxi y Otsanda acudirán hoy a las juzgados de Donostia con estas pruebas en la mano para reclamar las prestaciones de enfermedad profesional, después de que el diagnóstico haya sido modificado. «Queremos que por parte de la justicia y la empresa sea reconocido el daño causado a nivel personal y familiar a mi padre y solicitar una declaración pública por parte de la empresa a nosotras y a todas las víctimas del amianto», remarca su hija, que no ha parado de pelear estos últimos años.

El calvario de Celestino Tolosa duró casi tres décadas. Su primer ingreso se produjo en 1980 por picos de fiebre aislados de origen desconocido. Desde ese momento la situación fue empeorando poco a poco, sobre todo a partir de 1990, cuando se le diagnosticó EPOC. En 1999 recibió una incapacidad permanente por insuficiencia respiratoria crónica con hipoxemia severa. Pero los cuadros febriles comenzaron a ser cada vez fuertes y siete años más tarde quedó pendiente de valoración para un trasplante bipulmonar. «Fueron años de mucho sufrimiento, de estar muy mal», cuenta con entereza Otsanda, mientras su madre no puede reprimir las lágrimas al recordar todo lo que peleó su marido. «Era un auténtico luchador».

En julio de 2006, la situación se volvió extremadamente delicada y Celestino Tolosa ingresó en estado crítico en el Hospital Donostia. Pero como caído del cielo, recibieron una llamada del centro hospitalario Valdecilla de Santander para informarles de que iba a ser intervenido de un trasplante bipulmonar. «Nos dijeron que la esperanza no era muy elevada por la edad que tenía. Y él se lo pensó mucho antes de operarse, pero decidió hacerlo». Dos años después, el 6 de mayo de 2008 falleció como consecuencia del rechazo del trasplante que se le practicó.

Tras la muerte de Celestino, pasaron varios años hasta que Otsanda decidió investigar si su padre era otra víctima más del amianto, al igual que otros tantos compañeros de la empresa que ahora están sufriendo las consecuencias de haber trabajado durante décadas «sin ningún tipo de protección», denuncia. En 2016 decidió dar el paso. La insistencia de los colegas de trabajo de Celestino convencieron a Otsanda para que «moviera el tema». Pero le faltaba lo más importante, una prueba que lo pudiese certificar.

En un primer momento comenzó su rastreo casi a ciegas. Entró en la página web del Hospital Valdecilla y empezó a enviar correos electrónicos a los profesionales que habían tratado a su padre durante su ingreso en el centro santanderino. «Queríamos alguna información respecto a la enfermedad y la causa del fallecimiento de mi padre».

Pero al fin llegó su particular ángel de la guarda. La respuesta que recibió por parte de una neumóloga de Valdecilla fue absolutamente asombrosa. Los órganos explantados a Celestino estaban guardados por «petición del fallecido» en el hospital cántabro, rezaba el correo que recibió. La lucha de la familia dio entonces un giro de 180 grados. «Nos dijo que mi padre pidió que sus pulmones fueran guardados en un laboratorio para investigación o para lo que se necesitase», recuerda Otsanda. Un acto valiente y de lucidez que sorprendió a madre e hija. «Ya fue una sorpresa que nos respondieran pero es que además desconocíamos que sus pulmones estuvieran allí». En ese instante sintieron que una parte de Celestino aún seguía ahí, con ellas, ocho años después de su fallecimiento. «Él siempre tuvo la sospecha de que su enfermedad era por el trabajo y creo que por eso pidió que se guardaran».

Las pruebas

El siguiente paso era saber si los pulmones efectivamente estaban afectados por el amianto o no. Después de que fueran enviados a un laboratorio vigués para un nuevo análisis del tejido pulmonar, en septiembre del año pasado recibieron la noticia: el informe macroscópico reveló que los pulmones de explante tenían asbestosis grado histológico. Los exámenes realizados demostraban cuerpos de asbesto en una cantidad superior a los dos por cm2 del área examinada por lo que se modificaban los informes elaborados en 2006.

Esta respuesta del Hospital de Valdecilla se convirtió en todo un espaldarazo para la lucha de Otsanda y su madre, pero también confirmaba las terribles sospechas que siempre tuvo su padre de que «trabajando había tragado mierda». Por eso, ahora sienten rabia e impotencia pero también ganas de seguir adelante. «Era un época en la que aún no se conocía mucho el tema del amianto. Pero queremos seguir la línea que nos marcó él porque luchó por los derechos de los trabajadores desde el comité de empresa y queremos que se dé a conocer lo que está ocurriendo para que otros no pasen por lo mismo», cuenta Otsanda.

Desde la asociación de víctimas de amianto de Euskadi, Asviamie, su portavoz, Jesús Uzkudun – a quien la familia de Celestino agradece su implicación–, denuncia la dejadez que en muchos de los casos han hecho los médicos. «Lo sabían claramente pero lo han estado tapando y aprovechándose del desconocimiento social. Realmente es triste que la gente enferme y que las familias tengan que estar pidiendo las autopsias para demostrar que en los pulmones hay amianto».

Aún así, la familia de Celestino agradece la labor que se ha hecho desde el Hospital Valdecilla. Y es que la hija de Celestino cree que ahora han recogido lo que sembró su padre:«Fue un enfermo ejemplar y nunca dio un problema. Creo que también ha sido una especie de agradecimiento hacia mis padres, por todo lo que han pasado».

 

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