las pioneras del deporte profesional

Más de 100 raquetistas guipuzcoanas jugaron entre 1917 y 1980 en los frontones de Euskadi, España y América. El premio Carmen Adarraga sirve para homenajear a unas mujeres que hicieron lo más difícil: abrir el camino

Agustina Otaola, Gloria Agirre, Rosa Soroa y Nekane Larramendi, en la gala del premio Carmen Adarraga que se ha celebrado este lunes en Orona. / Usoz
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

El verdadero mérito estriba en abrir el camino, aunque seguirlo también tiene su importancia. Hace cien años hubo una serie de mujeres que comenzaron a practicar su pasión favorita, jugar en los frontones. Lo hicieron fuera de casa, lejos de su hogar, huyendo de las miradas de indiferencia e incluso de desprecio, simplemente porque perseguían su sueño. Fueron pioneras en el deporte profesional. Se dice que fueron las primeras deportistas femeninas en tener un contrato profesional, las primeras nacionales en estar inscritas en la seguridad social. Fueron las primeras en muchas cosas. Sobre todo en orgullo y dignidad.

María Antonia Uzkudun ('Txikita de Anoeta'), Gloria Agirre ('Txikita Aizarna'), Rosa Soroa, Agustina Otaola, Miren Uzkudun Tapia ('Asteasu'), Eladia Altuna ('Irura'), Maite Ruiz de Larramendi... Todas tienen detrás historias de superación personal. Una vida plagada de sacrificio y tesón, también de renuncias y sufrimientos, pero ahora que miran atrás son conscientes de que abrieron un camino que otras han seguido después.

Un documental dirigido por Jon Juanes Iragorri recoge el testigo de aquellas heroínas

Ramos de flores, aplausos, cariño y reivindicación de la igualdad

Fue una gala sencilla y breve pero emotiva. Había cosas que celebrar pero, sobre todo, para agradecer. Se repitieron los mensajes de agradecimiento a las cuatro raquetistas presentes en la ceremonia que tuvo lugar en el complejo que Orona posee en Hernani. Agustina Otaola, Gloria Agirre, Nekane Larramendi y Rosa Soroa no se quisieron perder una cita en la que la sala, abarrotada, se hartó a aplaudirles.

Los asistentes al acto pudieron visionar dos vídeos, escuchar un mensaje de Garbiñe Muguruza y oír dos discursos de Denis Itxaso y Abel Barriola en el que reivindicaron que, pese a que se ha avanzado mucho, queda aún camino por recorrer. Especialmente llamativa fue la frase del leitzarra, una verdad como un templo: «Dicen que somos porque fueron». Las cuatro protagonistas se marcharon felices con su ramo de flores, la escultura de Ricardo Ugarte, una sonrisa de oreja a oreja y el cariño de los presentes. Se lo habían merecido.

Por eso las raquetistas han sido las galardonadas en la tercera edición del premio Carmen Adarraga, creado por el Departamento de Cultura y Deportes de la Diputación de Gipuzkoa con el fin de reconocer la trayectoria y la actitud de una deportista guipuzcoana que haya destacado en cualquier época. El pelotari Abel Barriola tomó la palabra para poner en valor la figura de estas deportistas. El zaguero de Leitza reconoció su importancia como pioneras en busca de lo que hoy sigue siendo una aspiración, la igualdad de oportunidades y de condiciones en el deporte de élite. Además del homenaje, representantes de aquel centenar de mujeres recibieron una obra del escultor Ricardo Ugarte.

Las guipuzcoanas Txikita Aizarna (Gloria Agirre), Agustina Otaola y Rosa Soroa, segunda, sexta y séptima respectivamente comenzando desde la izquierda.
Las guipuzcoanas Txikita Aizarna (Gloria Agirre), Agustina Otaola y Rosa Soroa, segunda, sexta y séptima respectivamente comenzando desde la izquierda. / Raketistak Lehen eta Orain

Parte de ese testigo lo ha recogido Jon Juanes Iragorri, que ha elaborado un documental ('Raketistak lehen eta orain') de hora y cuarto donde los testimonios y los recuerdos se mezclan con el cariño y la honra. Y es curioso porque esta historia cuenta con todos los ingredientes para haber sido divulgada a los cuatro vientos. Sin embargo, ha sido escondida. Tapada. Hasta que un grupo de personas encabezadas por el propio Jon Juanes y Ainhoa Palomo la han desenterrado. De ahí salen deliciosas anécdotas como la de Miguel Gallastegi, la leyenda de la pelota, que confiesa que cuando llegaba a los frontones en Eibar tenía que esperar a que las raquetistas acabaran sus partidos.

Si bien hubo varios intentos previos para introducir a la mujer en el mundo de la pelota, en 1917 el empresario donostiarra Ildefonso Anabitarte se llevó a varias jóvenes a Madrid y las puso a jugar. Aunque comenzaron a hacerlo con raquetas robustas de madera y pelota de tenis, enseguida se pasaron a la pelota de cuero, mucho más dura, con un peso de 70 gramos y que podía alcanzar hasta los 200 km/h. Jugaban en frontones pequeños (23 metros) a gran velocidad y sin ninguna protección. De ahí que hubiera también escenas de dolor, heridas, sangre...

Llenaban los frontones

El espectáculo estaba garantizado y pronto se convirtieron en un elemento más de diversión para un público asfixiado por la vida cotidiana, que quería precisamente ver algo diferente antes de retirarse a casa. Hay que recordar que durante el Franquismo el juego estaba prohibido, de manera que el frontón era uno de los pocos recintos donde las apuestas estaban permitidas. Se jugaban siete partidos por la tarde y cuatro por la noche. Estos últimos acababan tan tarde, a eso de las dos de la madrugada, que la salida natural para aquellas mujeres era continuar la fiesta con los artistas, toreros y deportistas de la época. Hasta un galán como Gary Cooper cayó rendido a sus pies, como lo atestiguan las fotos de la época...

Hasta Gary Cooper compartió mesa y mantel con varias raquetistas de la época.
Hasta Gary Cooper compartió mesa y mantel con varias raquetistas de la época. / Arane II

Al hilo de su éxito, proliferaron los frontones tanto en España como en América. Esta expansión demandaba pelotaris y, por ende, surgieron las escuelas de raqueta. Las hubo aquí y allí, cerca y lejos, hasta el punto de que las raquetistas se desplazaban también a lugares remotos como Cuba, Brasil y México. Hasta el propio Cantinflas y el cantante Jorge Negrete, leyendas en su país, se hicieron seguidores de nuestras protagonistas.

Muchas abandonaban el hogar con 15 años y lo hacían porque aquí no estaban bien vistas

Los espectáculos deportivos funcionaban tan bien que pronto hubo que abrir escuelas en Euskadi. Las hubo primero en Eibar y más tarde en Barcelona, Madrid, Sevilla... Se dice que el primer partido jugado por una raquetista fue en Valparaíso, en Madrid, en 1916, pero la mujer era tan joven que no le permitieron continuar. Con lo cual, el pistoletazo de salida se considera 1917 en la ciudad madrileña. Por aquel entonces había en torno a una docena de jugadoras. Con el tiempo, hasta que en 1980 se apagó la llama, hubo más de cien guipuzcoanas.

Soroa se dispone a efectuar un saque.
Soroa se dispone a efectuar un saque. / Raketistak Lehen eta Orain

Las historias personales que hay detrás de cada una se asemejan a hazañas. Hazañas por alejarse de sus padres antes de tiempo, cuando debían marcharse a lugares tan lejanos como desconocidos. Dejaban el hogar con unos 15 años y una vez convertidas en avezadas pelotaris, la mayoría de ellas ganaba lo suficiente como para mandar dinero a la familia. Es más, después de unos años de andadura sus ganancias duplicaban y hasta triplicaban el sueldo corriente de aquellos tiempos. Lo que pasa es que la mayoría se veía obligada a retirarse cuando formaba una familia. No por decisión propia, sino por imposición del marido. Esta mujeres pioneras fueron mal vistas en general en el País Vasco porque no se avenían al molde de la época. En el exterior, sin embargo, muchas de ellas probaron las mieles del éxito. Lo de siempre, ser profeta en tu tierra siempre ha sido una tarea ímproba. También para las raquetistas.

Un archivo para ordenar toda la información

Jon Juanes asegura que «el siguiente objetivo es hacer un archivo que reúna toda la información que han venido recabando en los últimos años». Una ingente labor pero muy agradecida en vista de los resultados y el eco que están consiguiendo. «La raqueta de Agustina, las medallas y los álbumes que han llegado hasta nuestros días formarán parte de ello, además de más testimonios de las supervivientes de aquella época», agrega. Un grupo de mujeres valientes y decididas que derribaron tópicos antes de que estos existieran.

 

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