Piden 11 años para un acusado de violación y abusos cometidos hace veinte años en Gipuzkoa

La vista se celebró ayer porque el investigado llevaba huido en Francia desde 2003, donde ha permanecido hasta su detención en mayo

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA SAN SEBASTIÁN.

La Fiscalía Provincial de Gipuzkoa solicitó ayer una condena de 11 años de prisión para un ciudadano francés acusado de un delito de violación y otro de agresión en grado de tentativa. Los hechos se cometieron hace veinte años, si bien el juicio no ha podido celebrarse hasta ahora, ya que el encausado permanecía huido.

El investigado fue detenido la pasada primavera, cuando el delito estaba a punto de prescribir. El arresto se llevó a cabo en la ciudad francesa de Aix en Provence, donde ya estaba siendo investigado por la Policía gala por su presunta relación en otros delitos contra la libertad sexual. Los agentes tuvieron conocimiento de la existencia de una requisitoria de 2003 emitida por las autoridades españolas, después de que no cumpliese con sus obligaciones de comparecencia tras quedar en libertad provisional. Tras la localización del individuo, la Audiencia dictó una orden internacional de detención. Así, el investigado fue arrestado el pasado mes de mayo y trasladado a Gipuzkoa, donde los jueces acordaron su ingreso en prisión.

El acusado se enfrenta a una imputación por agresión sexual consumada y otra en grado de tentativa. Por la primera de ellas la Fiscalía reclamó ayer una pena de ocho años, mientras que demandó otros tres por la segunda. Además, le imputa un tercer delito de lesiones, por el que pide penas de fines de semana de arresto.

El delito más grave se cometió en 1998. El día 12, según el escrito de acusación del fiscal, el investigado recogió a la víctima cuando hacía autoestop en Azpeitia y tras indicarle que se abrochara el cinturón de seguridad la trasladó hasta un polígono industrial de Azkoitia. Allí, según el escrito acusatorio, se abalanzó sobre la joven a la que agarró del cuello. En los instantes posteriores le despojó del jersey al tiempo que le obligó a desvestirse. Los gritos de la víctima hicieron que el acusado le instara repetidas veces a que se callara. El acusado llegó a colocar el jersey de la chica sobre la cabeza, para que no pudiera memorizar sus rasgos faciales e impedir que le reconociera.

Parada de autobús

El procesado mantuvo a la víctima en esta situación hasta que finalmente consumó un delito de agresión sexual. Tras el ataque, el acusado instó a la joven a que no interpusiera denuncia alguna y la llevó hasta el casco urbano de la localidad, donde la dejó marchar, no sin antes advertirle de que no mirara hacia atrás mientras caminaba. El segundo de los hechos objeto del proceso se cometió tres días después de la agresión anterior. En esta ocasión, el acusado detuvo su coche delante de la parada del autobús en Bergara, donde la víctima aguardaba la llegada de un servicio para desplazarse hasta otra localidad cercana.

El investigado se aproximó con el coche hasta la chica y se interesó por la ruta que debía seguir para desplazarse hasta Eibar. Tras ser informado, el varón se ofreció a llevarla, aunque en un primer momento esta rehusó a subirse. Sin embargo, ante la insistencia, la joven finalmente accedió. El acusado emprendió la marcha y al llegar a Soraluze tomó un desvío. Adujo que conocía un atajo y se dirigió por la carretera hacia el barrio de Sagar-Erreka. Tras recorrer una distancia, detuvo el turismo y sometió a la víctima a diversos tocamientos.

En aquellos instantes se inició un forcejeo entre ambos en el transcurso del cual el acusado propinó a la mujer un golpe. El procesado amenazó también a la chica con un destornillador de unos diez centímetros de longitud. Ante aquella situación, la chica le dijo que cogiera el dinero y la dejara marchar.

En la vista celebrada ayer en la Sección Tercera de la Audiencia, las acusaciones fiscal y particular mantuvieron sus posicionamientos. Lo hicieron al término de la sesión, después de que las víctimas testificasen a través de videoconferencia. El contenido de sus testimonios no trascendió ya que el tribunal acordó que el juicio se celebrase a puerta cerrada, aunque permitió el acceso a la sala de la esposa del encausado y de su jefe.

La defensa del procesado solicitó la absolución, lo que induce a pensar que el procesado afirmó no haber cometido delito alguno.

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