El párroco de Hondarribia pide el traslado tras la tensión por el Alarde

Victoriano Etxabe, durante la celebración del día de San Marcos en Hondarribia./F. DE LA HERA
Victoriano Etxabe, durante la celebración del día de San Marcos en Hondarribia. / F. DE LA HERA

Victoriano Etxabe, que lleva cuatro años en la localidad, mantendrá hoy un encuentro con el obispo Munilla para hablar de la situación

Amaia Chico
AMAIA CHICOSAN SEBASTIÁN.

«Ya he dicho todo lo que tenía que decir». El párroco de Hondarribia, Victoriano Etxabe, no quiere incidir más en las razones que le han llevado a tomar la decisión de pedir el traslado y dejar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano. La semana pasada ya se pronunció en favor de la «convivencia y de la paz» en el municipio después de la tensión vivida en el último Alarde. Una situación «muy desagradable», según sus palabras, que provocó incluso un episodio de tensión en el interior de la parroquia durante una eucaristía en la que Etxabe apeló a la «palabra y buscar una fórmula para solucionar» el enfrentamiento entre partidarios del Alarde tradicional y del protagonizado por la compañía Jaizkibel, que defiende la participación igualitaria de hombres y mujeres.

El párroco se limitó ayer a confirmar su decisión, de la que hoy hablará con el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, al que trasladará sus razones y con el que abordará su nuevo destino o su nueva labor en el seno de la Iglesia guipuzcoana. En una breve conversación con este periódico, Etxabe evitó ahondar en esos motivos que hoy trasladará al obispo y de los que, según señaló, ya ha dicho «todo lo que tenía que decir» en días pasados.

Concretamente, Etxabe fue protagonista en los medios, a su pesar, hace una semana, a raíz de lo ocurrido en el transcurso de la misa solemne celebrada el domingo día 9 en su parroquia, un día después del Alarde. En esa eucaristía, él mismo quiso referirse a la tensión vivida en el día grande de las fiestas, cuando la compañía Jaizkibel desfilaba por la calle Mayor, para intentar que las aguas se encaucen en futuras ediciones y rebajar el grado de crispación entre los vecinos. Durante su homilía, según explicó al día siguiente, buscaba trasladar un mensaje de «paz, convivencia y concordia» tras unos acontecimientos por los que se mostró «dolido».

Etxabe apeló a la «convivencia» entre vecinos en una eucaristía al día siguiente del Alarde

Algunos feligreses se molestaron por sus palabras y una llegó a coger el micrófono en el altar

Etxabe, que el sábado había asistido al desfile de ambos Alardes, se preguntó ante sus feligreses si «queremos seguir así durante los próximos 20 años y dejar a las futuras generaciones este problema». Y reflexionó sobre «cómo es posible» que un pueblo que durante «el año convive en paz» se encare de esa manera durante sus fiestas. «Hondarribia no se merece esto», dijo al tiempo que abogó por «explorar nuevas vías de trabajo entre todos» para intentar buscar «una fórmula para solucionar esto».

Rifirrafe en el altar

Entre esas herramientas que propuso aludió al uso de la «palabra» como «clave» para intentar alcanzar un entendimiento, y ofreció la iglesia de Hondarribia como posible escenario para buscar ese encuentro entre partidarios de uno y otro alarde. Sus palabras generaron sorpresa, recibieron la felicitación de algunos pero provocaron el enfado de otros muchos que no vieron oportuna su intervención. Hasta el punto de que una mujer, al parecer simpatizante del Alarde Tradicional, subió al final de la misa al altar y cogió el micrófono para intervenir. En ese momento, Etxabe le reprochó que no tenía «permiso» para hacerlo y, según le afeó otra feligresa, desconectó el aparato.

A esas palabras en favor de la distensión y la convivencia se remitió ayer Etxabe al ser preguntado por si las razones de su decisión, tomada en estos últimos días, estaban exclusivamente vinculadas con la desagradable situación vivida. El párroco, nacido en Itziar, llegó a la parroquia de Hondarribia hace cuatro años procedente de Legazpi. Allí, comenzó su labor pastoral y la desarrolló durante una década. Llegó en julio de 2004 como diácono y le ordenaron sacerdote en diciembre de ese año, dos años después fue designado párroco y ofició su primera misa en la localidad del Alto Urola.

En 2014 se despidió de los legazpiarras, con los que se había sentido «como en familia», para iniciar una nueva etapa en la parroquia de Hondarribia. En próximas fechas, tras la conversación que hoy mantendrá con el obispo, se conocerá su nuevo destino. En septiembre, se limitan a informar desde el Obispado, suele haber movimientos entre las parroquias.

 

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